Estreno en Francia: El botón de nácar

La memoria del agua contra la impunidad

Boton de nacar, poster de la película de Patricio Guzmán“El botón de nácar”, película documental del cineasta chileno Patricio Guzmán,  coproducción chileno franco española, llega esta semana por fin a las pantallas de Francia, tras su éxito en la última edición del festival de Berlín, en donde  fue galardonada con el Oso de plata al mejor guión, y tras su paso por numerosos festivales internacionales. 

“El botón de nácar” forma parte de una trilogía iniciada  en 2010 con ”Nostalgia de la luz”, y que debería proseguir en los próximos años en un nuevo capitulo dedicado a “La cordillera de los Andes”, con la que Guzmán continua su empecinada búsqueda de la memoria olvidada de su país, desde ángulos diversos y con guiones siempre sorprendentes y poéticos.

Si en “Nostalgia de la luz” su cámara nos llevaba al desierto de Atacama, en el norte de Chile, al cosmos observado por gigantescos telescopios, para servirnos una poética metáfora sobre la relación entre la astronomía, la arqueología y la búsqueda de los desaparecidos durante la dictadura de Pinochet, cuyos restos son todavía buscados por sus familiares, en “El botón de nácar” cinco años después, Guzmán viaja ahora al sur del país y se interesa esta vez por el océano, por el agua como elemento clave de la vida terrestre y como conductor también de la memoria histórica del pueblo chileno.

Patricio Guzmán filma Botón de nácar

Puesta de Sol filmada por Patricio Guzmán en Botón de nácar
Puesta de Sol filmada por Patricio Guzmán en Botón de nácar

“Mirando las estrellas me atrajo la importancia del agua…” relata en primera persona la cálida voz en off de Patricio Guzmán para llevar al espectador al interior de esta película documental que, como siempre en su cine, se estructura en torno a una serie de entrañables personajes. Un guión que establece paso a paso el nexo de unión entre elementos aparentemente dispares, pero profundamente relacionados entre si.

“Todos somos arroyos de una sola agua”; Esta frase del gran poeta chileno Raúl Zurita, precede a las magníficas imágenes de un cuarzo que tiene 3000 años de antigüedad y contiene en su interior una gota de agua, con el que penetramos en ese mundo acuático observado por científicos y astrónomos a través del universo.

“Dicen que el agua tiene memoria, pero yo creo que también tiene voz”, afirma Guzmán para hacernos comprender que ese alargado país chileno, de difícil representación cartográfica, ha tenido desde siempre una extraña relación con el océano que baña sus costas a lo largo de miles de kilómetros. Guzmán busca en sus recuerdos personales y familiares los elementos de su reflexión, que nos conduce a continuación al escrupuloso análisis documental e histórico del genocidio perpetrado por los colonos blancos que exterminaron a los pueblos indígenas, los primeros habitantes de la Patagonia.

Hace ya diez mil años esos indígenas vivían en armonía con la naturaleza, eran nómadas del agua y vivían gracias al océano. De magníficos paisajes helados a las fotografías de esos indígenas hoy prácticamente desaparecidos, Guzmán despliega con mucho ingenio sus imágenes, envueltas por la música y una excelente banda sonora  para hacernos escuchar esa voz del agua, reconstituyendo poco a poco su memoria, como testigo de la Historia y de esta historia.

Burla burlando, en un guión perfectamente construido como  metáfora poética en torno a la inmensidad de los océanos y a la absoluta necesidad del agua como elemento esencial de la vida en el cosmos, Guzmán nos va presentando sus personajes de carne y hueso.

Gabriela Paterito reside en Puerto Edén, ultima descendiente de la etnia kawesqar que recuerda como vivían sus antepasados y subraya  con una nota de humor en esta trágica historia como en su lengua natal no existían las palabras dios, o policía…

Christina Calderón es la única superviviente de la etnia Yagán y vive en Villa Ukika, la ciudad más austral del mundo. Martín C Calderón es el sobrino de Cristina y mantiene la tradición en la fabricación de canoas. Gabriel Salazar es profesor de filosofía y de derecho en la universidad de Santiago y fue torturado en las mazmorras de Pinochet.

Raúl Zurita gran poeta chileno, premio nacional de literatura 2000, quien con letras gigantescas escribió en el desierto de Atacama: “Ni pena, ni miedo”, fue así mismo preso y torturado por la dictadura. Claudio Mercado, arqueólogo y autor de música experimental ilustra personalmente la tradición de los cantos tradicionales indígenas.

Ora testigos y supervivientes de los hechos relatados, ora científicos, poetas, fotógrafos, artistas o periodistas a los que recurre Guzmán para  construir su relato documental con una ingeniosa puesta en escena, proponiendo sugestivas imágenes ahí en donde solo dispone de algunas fotografías de archivo, reconstituyendo el macabro asesinato y desaparición en el mar de los desaparecidos durante la dictadura militar, o con la sorprendente imagen del mapa de Chile fabricado para la ocasión por la artista chilena Emma Malig.

 

La isla de Dawson se utilizó para encerrar indígenas y con el tiempo para torturar y asesinar a opositores a Pinochet

La isla de Dawson se utilizó para encerrar indígenas y con el tiempo para torturar y asesinar a opositores a Pinochet
La isla de Dawson se utilizó para encerrar indígenas y con el tiempo para torturar y asesinar a opositores a Pinochet

Las historias de unos y otros van encontrando un nexo de unión, la isla de Dawson en donde murieron cientos de indígenas en las misiones católicas, fue utilizada como campo de concentración para los ministros de Allende y campo de tortura de los militantes de izquierdas detenidos; el brutal y odioso asesinato de las etnias indígenas en Patagonia por los colonos blancos suena como un lejano antepasado de la brutal y sanguinaria violencia de los militares chilenos en el poder en 1973.

Indígenas chilenos

Botón de nácar que da título al documental de Patricio GuzmánLa historia de Jimmy Button, indígena de la etnia yagán vendido a los ingleses a cambio de un simple botón de  nácar, sirve de eco a ese botón encontrado en el fondo del mar, ultimo resto y prueba del genocidio pinochetista, pegado a una de las vigas que sirvieron para arrojar al mar a los “desaparecidos”.

Todos los supervivientes de la isla de Dawson posan también en una foto colectiva, con esa nota de sobria dignidad que tienen siempre las películas de Guzmán al evocar el horror de un pasado reciente. Toda la obra cinematográfica de Patricio Guzmán  nos lleva obstinadamente al mismo punto de partida: Ni olvido, ni perdón para los crímenes de la dictadura chilena, cuyo golpe de estado contra el régimen electo del presidente Salvador Allende, con el apoyo activo de la CIA y de los Estados Unidos, fue el preludio del neoliberalismo financiero impuesto hoy por las multinacionales a través del planeta.

La obra de Patricio Guzmán tiene la fuerza y la coherencia de esa empecinada voz y memoria del agua, en lucha contra la impunidad, buscando recuperar y hacer vivir el recuerdo que los torturadores creyeron enterrar en el desierto o en los océanos,  pero que sigue  vivo en los corazones de los que en el mundo hoy seguimos anhelando un mundo mejor.

Su obra se extiende desde sus cortos y medio metrajes a partir de 1965, hasta los años setenta con la célebre trilogía sobre “La batalla de Chile” 1975-1979,  “Chile la memoria obstinada” 1997,  “El caso Pinochet” 2001, o “Salvador Allende” en 2004, por citar las más importantes.

Con “Nostalgia de la luz” 2010  y ahora con “El botón de nácar” 2015, la obra  de  Guzmán, que siempre fue muy personal, critica y rebelde, ha alcanzado un nuevo nivel de madurez, poesía y serenidad, de observación y reflexión filosófica y política.

Hermoso homenaje a los desaparecidos, que como los kawesqar o los yagán asesinados en otra época, se transformaron en estrellas del firmamento, en memoria viva,  tal como lo anunciaba la tradición de los pueblos indígenas: “Me gusta  imaginar -afirma Patricio Guzmán- que los pueblos del agua no hubieran desaparecido”.

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Periodista profesional en Francia desde 1976. He trabajado durante 35 años como periodista (Responsable de edición y critico de cine) en el servicio en castellano de Radio Francia Internacional. Pero también como corresponsal en Paris de diversos diarios y semanarios españoles y critico en Cine Classics (canal plus). Jubilado desde el 2013, escribo ahora en Periodistas en español y en Aquí Madrid. Miembro del Sindicato Francés de la critica de cine y de Fipresci, he cubierto numerosos festivales de cine internacionales, muy especialmente Cannes y San Sebastián. Militante antifranquista en los años sesenta, resido en Francia desde 1974, fecha en que me acordaron el asilo político. Hoy en día tengo la doble nacionalidad hispano francesa.

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