Fatiga crónica: cuando las enfermedades se hacen invisibles

No es durante el día ni tampoco por la noche. Esta patología que refieren muchos pacientes que se sienten invisibles ante la sociedad, acusa una fatiga intensa que dura al menos seis meses de forma continuada, y en algunos momentos puntuales de la jornada, les impide llevar a cabo las tareas cotidianas con normalidad.

El síndrome de fatiga crónica y todas las patologías que se engloban dentro del síndrome de sensibilización central, son un conjunto de enfermedades que, aunque tiene un factor neuropsiquiátrico potente, son reales y no son imaginarias ni invisibles como se ha descrito hace años.

Estas pueden producir incluso cambios en las estructuras de las astas posteriores en la médula espinal y producen en las personas que lo padecen, grandes molestias tales como fatiga, dolor generalizado, dificultad para concentrarse, dificultad para recordar las cosas, debilidad, tristeza, ansiedad y depresión, por lo que pueden provocar dificultades para realizar actividades diarias, sociales, educativas, y también, pueden afectar de forma importante en su desenvolvimiento en la sociedad.

El comienzo puede ser brusco y/o en algunos casos de forma paulatina se padece un cansancio inaudito, indescriptible, que mantiene al paciente en un estado del todo desconocido para él. Al describir estos síntomas, normalmente se engloban dentro de los cuadros asociados a fibromialgia, al síndrome del colon irritable, el de piernas inquietas, cefalea tensional, dismenorrea primaria, cistitis intersicial, síndrome por dolor miofascial, dolor de la articulación temporomandibular, etc. con lo cual, las características clínicas, la evolución y la respuesta a agentes serotoninérgicos o noradrenérgicos concluyen en una forma hipotética de disfunción neuroendocrina inmune.

Ante este cuadro se sospecha de igual forma que existe una sensibilidad química múltiple y por tanto una hiperexcitación anormal del sistema nervioso central que puede corroborarse en algunos estudios de neuroimagen y también con marcadores bioquímicos. En muchos pacientes de igual forma, suceden al mismo tiempo situaciones traumáticas, secuelas infecciosas o una desregulación del sistema inmune que conlleva un estrés emocional anteriormente descrito como alteración o síndrome vasovagal que acompaña de los síntomas que normalmente se describen.

Las mujeres suelen ser las más afectadas y el comienzo de esta enfermedad suele estar en torno a los 55 años. Ellas refieren un dolor inespecífico en varias zonas del cuerpo; insomnio, cansancio y un estado hiperemocional que les lleva a sentirse deprimidas y sin fuerzas. Durante varios años estas pacientes han sido ignoradas y no se han considerado este síndrome de fatiga crónica dado que se ha enmarcado en la salud mental como un cuadro depresivo o ansiosodepresivo, según apuntan algunos médicos. En otras pacientes se encontraron en los estudios marcadores reumatológicos asociados al síndrome y en otras una disfunción del eje adrenal con hipocortisolemia basal y vespertina así como la dehidroepiandrosterona (DHEA) algo disminuida. Así mismo se vieron hallazgos de anticuerpos IgG como indicadores de infecciones víricas anteriores y un estado debilitante continuado.

Actualmente este síndrome se trata principalmente para aliviar los síntomas concomitantes de la enfermedad en sí pero no la curación de la misma dado que la etiología es difusa y el objetivo del médico es paliar las molestias del paciente para que mejore su calidad de vida. Es importante el ejercicio físico, sobre todo caminar al aire libre y realizar estiramientos para aliviar los síntomas musculares y de igual forma, realizar psicoterapia para describir y ser apoyado en los momentos de crisis.

Respecto a los fármacos que se emplean, al no tener un tratamiento específico se atenúa la intensidad del dolor con antiinflamatorios, antidepresivos, ansiolíticos y agentes tricíciclos en dosis reducidas. Normalmente, al bajar los síntomas del dolor, el resto del cuadro baja en intensidad y el paciente refiere que mejora notablemente.

Desde el punto de vista de la medicina legal, es necesario conocer todos los datos acerca de este síndrome ya que, en dependencia de de la magnitud de los síntomas, puede provocar dificultades en los pacientes que lo padecen para realizar sus actividades laborales e incluso las actividades de la vida diaria, por lo que hay que tomarlo en cuenta al momento de realizar valoraciones médico-legales en solicitudes de pensión por invalidez o pensiones alimentarias.

Las unidades del dolor y las unidades específicas de reumatología de los grandes hospitales abordan estos casos de síndromes múltiples y normalmente dan con la diana terapéutica que evita que vaya a más y hace que el paciente recupere su calidad de vida y la confianza en sí mismo.

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PhD, Doctora C.C. Información / Periodista / Editora Adjunta de Periodistas en Español / Divulgadora Científica / Profesora Universitaria / Fotógrafo / Comprometida con la Discapacidad, los Derechos Humanos, la Infancia y la Tercera Edad / Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor / Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios / Miembro de The International Media Conferences on Human Rights (United Nations, Switzerland) / Presidenta de D.O.C.E .- (Discapacitados otros Ciegos de España) - www.asociaciondoce.com / Coautora del libro EL CEREBRO RELIGIOSO junto a la Profesora López-Ibor. Editorial El País Neurociencia https://colecciones.elpais.com/literatura/62-neurociencia-psicologia.html / Autora del Libro Fotografía Social.- Editorial Anaya / Consultora de Comunicación Médica. www.consultoriadecomunicacion.com Contacto Periodistas en Español: [email protected]

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