Mordedura, picadura y gerundio

Es agradable saber que, pese a las múltiples impropiedades que a diario aparecen en los medios de comunicación y redes sociales, hay un marcado interés por minimizarlas. En ese sentido, muchas son las publicaciones en las que aparecen consejos sobre cómo mejorar el lenguaje oral y escrito, las cuales son muy útiles; pero en ocasiones esas recomendaciones están basadas en un purismo exagerado, ante lo cual hay que tener cuidado, pues el efecto pudiera ser igualmente provechoso que dañino.

También son frecuentes polémicas en las que los tertuliantes, con razón o sin ella, exponen sus puntos de vista, a veces equivocados o excesivamente puristas. En algunos casos ocurre que alguien, con la intención de imponer su criterio, apela a la ofensa, dejando en evidencia su falta de conocimiento y de educación. El purismo no es en sí malo, pero es una de las razones por las que algunas personas encuentran errores en donde no los hay, y eso le hace mucho daño a la compresión de los asuntos gramaticales y lingüísticos. ¿Por qué? ¡Porque las lenguas no son puras!

Hace pocos días alguien en varios de los grupos de WhatsApp de los que formo parte, una persona advertía sobre la necesidad urgente de suero antiofídico para alguien que había sido mordido por una serpiente, y la respuesta no se hizo esperar, no para aportar lo requerido, sino para señalar que las serpientes no muerden, sino pican. De manera indirecta, aunque el asunto no era conmigo, dije que los ofidios no tienen pico y por lo tanto no pican.

Al cabo de poco rato la polémica creció. La médica Érica Arteaga, directora de un centro asistencial de la capital de Portuguesa, también usó la palabra mordedura para referirse al caso; pero un ciudadano que dice ser gran conocedor de gramática y lingüística, intervino, y para dejar constancia de sus «grandes» conocimientos y sabiduría, reprendió a Érica, quien de manera humilde aceptó, no sin antes advertir que, aunque su fuerte no es lenguaje oral o escrito, está convencida de que debe ser mordedura y no picadura. Un común amigo de la médica y de quien esto escribe, me pidió opinión, y he aquí mi razonamiento.

Las serpientes tienen colmillos, es decir, dientes, y por lo tanto no es difícil colegir que muerden, no pican. ¿Por qué? Porque no tienen pico, sino boca. Ahora, que a boca y pico se les use algunas veces como sinónimos, eso es otra cosa. Pico tienen las aves, hocico otros animales, y boca los humanos, aunque en ocasiones, pico, hocico y boca pasan a ser sinónimos, cuando quien las emplea desea causar algún efecto: «Cierra el pico (hocico, jeta), por favor». Lo que produce un zancudo, un alacrán o una araña, no podrá ser una mordedura, pues tampoco tienen dientes. En todo caso será una picadura, en alusión al pico de las aves, solo que el zancudo extrae sangre, y el alacrán y la araña inoculan veneno.

Y ya que he mencionado aves, alguien, a quien no conozco, se le ocurrió escribir y publicar una lista de refranes criollos, muchos de ellos venezolanos; pero en una versión culta, como: «Ocúpate de la manutención de las aves córvidas, y estas te extirparán los globos que perciben las sensaciones visuales», que equivale a: «Cría cuervos y te sacarán los ojos».

Sobre el gerundio

Con relación al gerundio, tema del que he perdido la cuenta de las veces que lo comentado a lo largo de los años en los que me he dedicado a estos menesteres, es preciso señalar que es un tiempo verbal que expresa una acción en desarrollo, anterior o simultánea a la principal, aunque la Real Academia Española registra su uso con posteridad casi inmediata. Es incorrecto su empleo como participio de presente, esto es, como adjetivo en función de atributo: «un barril conteniendo cien litros de agua». La docta institución admite una excepción: agua hirviendo.

Es igualmente incorrecto su uso para indicar una acción posterior a la principal: «Viajó a Maracaibo en avión, asistiendo a un congreso de ginecología». Recuérdese que solo es admisible la posteridad casi inmediata: «Entró dando un portazo». En las acciones de entrar y dar el portazo hay una posteridad que casi no se nota, es decir, casi inmediata.

Es el mismo caso de: «Entró saludando de manera muy efusiva», pues inmediatamente al entrar, comenzó a saludar.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

3 Comentarios

  1. Estimado Ricardo Galindo, me tomo el atrevimiento de opinar sobre el asunto que usted ha planteado. La educación venezolana está pasando por una crisis, pero es claro –al menos para mí– que no es algo nuevo, podríamos decir que el problema tienes raíces previas a 1999, y se ha mantenido de forma sostenida sin resolución efectiva y más recientemente la diáspora ha acentuado la crisis. El problema educativo es multifactorial e innegablemente su solución pasa por la participación de toda la sociedad civil, y naturalmente en ese proceso el estado tiene un papel crucial. Así que, desde mi punto de vista y sin entrar en polarizaciones políticas, el fracaso de nuestra educación también ha sido el fracaso del estado. En consecuencia, un cambio drástico y positivo de nuestra educación implica una renovación sustancial del estado.

    El advenimiento de la Internet y las nuevas facilidades tecnológicas (computadoras, dispositivos móviles, redes, etc.) han fomentado nuevas generaciones que han crecido bajo la influencia de todos estos avances, lo que nos lleva a distinguir entre nativos digitales y extranjeros digitales. Con los nativos digitales no pueden usarse los métodos de enseñanza tradicionales. La nueva educación requiere adaptación a todas estas bondades tecnológicas modernas. No puede pretenderse que un muchacho aprenda a punta de pizarra y tiza cuando la Internet y las nuevas tecnologías plantean una gran cantidad de opciones más interesantes y eficaces: videos, conferencias, videojuegos, software, entre otros.

    La adquisición de habilidades lingüísticas (y todas las otras) debe echar mano de todas estas ventajas pero claro, antes o durante, hay que resolver problemas elementales de diversos tipos: financiamiento, infraestructura, salarios dignos, seguridad social del personal educativo y la formación de los docentes. Sobre esto último, opino que las facultades de educación y los pedagógicos deben dejar de ser el receptáculo de los estudiantes fracasados de otros estudios universitarios. Para ser profesor debe exigirse a los aspirantes a la carrera educativa los más altos índices, pero los mejores estudiantes no aspirarán a la docencia mientras esta profesión no goce ni del prestigio ni de los salarios adecuados, no podrá lograrse lo que otros países han alcanzado, docentes bien remunerados que pueden concentrarse en hacer bien su trabajo y no en como reunir dinero haciendo un trabajo paralelo para llegar a fin de mes.

    Saludos.

  2. Estimado David, sin ánimos de polemizar sino de mostrar los intríngulis del asunto, el DLE registra la siguiente acepción de picadura:

    «Mordedura o punzada de un ave, de un insecto o de ciertos reptiles»
    (Fuente: https://dle.rae.es/picadura?m=form)

    Ya que la culebra es un reptil, de acuerdo a esta definición, picadura y mordedura serían intercambiables. Es decir, que las aves y los insectos pueden producir tanto picaduras como mordeduras. Esta definición de picadura es reforzada por el Diccionario Clave (http://clave.smdiccionarios.com/app.php): «Mordedura de un ave, un insecto o un reptil»

    La palabra morder significa «clavar los dientes en algo» según el mismo DLE. Es de suponerse que por esta razón algunos sostienen que mordedura implica dientes. El DLE cuando define «mordedura» señala que es (1) Acción de morder y (2) Daño ocasionado por una mordedura. Como se notará, en ningún caso menciona la palabra diente, pero podríamos decir que ésta queda sobreentendida; no obstante el Diccionario Clave, a propósito de mordedura, indica que se trataría de “Aprisionamiento que se hace de algo clavándole los dientes”. Esta mención explícita de la palabra diente hace que esta acepción entre en conflicto con la del párrafo anterior del mismo diccionario, ya que aves e insectos carecen de dientes.

    A la luz de estos registros en prestigiosos diccionarios, concluyo que entre diccionarios hay cierta vacilación sobre mordedura y picadura, no me extrañaría entonces que entre usuarios “mortales” del idioma castellano también existiese confusión. Podría argumentarse que los diccionarios están dando testimonio de esta vacilación.

    Por cierto, las aves en algún momento tuvieron dientes, al parecer ancestros de las mismas debido a ciertas mutaciones los habrían perdido hace 116 millones de años. No existía el castellano para ese entonces, así que lo mismo daba sin un ave te mordía o te picaba, el resultado era el mismo: una parte del miembro por aquí y otra por allá. Para profundizar al respecto consúltese la siguiente fuente: https://www.muyinteresante.com.mx/medio-ambiente/explicacion-dientes-aves/

    Para cerrar la palabra picadura es polisémica, y más allá de la polémica que ha sido tratada en esta columna, también se refiere a los agujeros o grietas que ocasionan las caries de la dentadura o la presencia de las mismas en superficies metálicas debido a la corrosión. Inclusive picadura también significa tabaco desmenuzado en forma de hebras o partículas sin forma.

    Saludos.

  3. Saludos, David. Espero estés bien y en resistencia a esta suerte de apolipsis que vivimos. Hay un tema que si bien no trata directamente tu tema favorito de la ortografía y el buen decir, lo contiene. Es el referido al efecto de las tecnologías de la comunicación e informacion en esta época, pues si bien ellas representan una enorme ventaja para desarrollar al máximo el potencial intelectual y reivindicar la llamada Era del Conocimiento, han tenido, en línea general, un efecto casi nulo en muchos casos. Y hasta contraproducente en otros tantos. La mínima cultura general en nuestro medio se fue por la borda y parece chapalear en turbulentas aguas negras. Basta con hacer un sencillo sondeo de conocimientos básicos para constatar nuestra debacle. Estoy saciado de ver niños y jovencitos que cursando 3ro, 4to y hasta 5to grados no saben leer, y así han sido promovidos. Docentes y educadores, con los que me comunico con cierta frecuencia y tienen las santas «voluntades» de preguntar qué significa tal palabra que escribí (parece que de nada les sirve el mataburros de Google que tienen a un clic)…Parece confirmarse un adagio que dice «el exceso de comodidad genera incomodidad». Hay facilidad para adquirir conocimientos, pero las comodidades tecnológicas, reforzaron el monstruo de la Apatía y la Ignorancia deliberada. Posiblemente tú tengas más y mejores elementos para desarrollar, desde tu espacio, ese tema universal. (Ricardo)

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