Muhammad Alí: el mayor campeón y brillante poeta del boxeo

Muhammad Alí (Cassius M. Clay) nació un día frío, el 17 de enero de 1942, en un gueto negro de Louisville (Kentucky, Estados Unidos). No dejó indiferente a nadie y no sólo en el mundo del deporte y el boxeo. Tampoco en el terreno de la política, ni en la literatura. Su elegancia boxeando me fascinó. Y fue un hombre rápido con la mente, joven y lleno de una energía distinta. Indescriptible campeón, rapero y poeta espontáneo. Acaba de fallecer. Fue el más grande.

imagesLas frases que me llegaban de él, a través de los diarios y de aquella televisión monocorde, tiesa, franquista (en blanco y negro, claro) me permitieron entrever la libertad plena. Desde entonces, he sido fiel a aquella memoria y a Muhammad Ali, entonces Cassius Marcellus Clay. Una vez me puse nervioso porque estaba hablando con un tipo, estadounidense, wasp, un veterano sindicalista, y en la conversación me di cuenta de que era amigo de Muhammad Ali.

Era tan libre que no permitió que nadie pudiera cuestionar su decisión de cambiarse el nombre: “Cassius Clay es mi nombre. Clay significa sucio. No lo elegí yo y no lo quiero para mí. Soy Muhammad Ali, un nombre libre. Muhammad quiere decir ‘merecedor de alabanza’ y Ali significa ‘el más alto’. Así que insisto a la gente para que me llame así cuando hablan conmigo”.

Pero también hizo bromas con ese cambio de nombre: “Marcellus venció en Cartago. Cassius tumbó a Julio César. Y Clay puso en tierra a Doug Jones (*otro campeón de los pesos pesados), con un potente directo muscular. Así que cuando suena el gong y el árbitro canta lo de ‘El Vencedor’, Cassius Marcellus Clay se convierte en el más noble de todos los romanos”.

Hoy, el boxeo profesional es políticamente incorrecto en algunos ambientes; pero yo -ideológicamente- no he podido deslizarme hasta ahí. Sería infiel al recuerdo de Alí: fulgurante, 56 victorias en 61 combates, 37 antes del límite.

Sus presentaciones, pesajes y ruedas de prensa eran imprevisibles. Hasta al retar a sus rivales, lo hacía de modo que nadie podía contener la risa. Lo que entonces pareció exceso narcisista, aparece ahora como brillante actuación y discurso extraordinario. Irrepetible. Hacía muecas y provocaba. Llamó ‘El Gorila’ a Joe Frazier: “¡Es más feo que King Kong!”, le dijo en público. También llamó feo a Clark Gable. Fue uno de los personajes públicos que me convenció de aquel lema reivindicativo: «Black is beautiful!»

CkHLnt3XIAAdE-mRepresentaba la frescura, el desparpajo divertido. Algunos han escrito que no combatió al racismo. Al contrario, lo hizo de manera hermosa. Ridiculizaba el racismo mientras nos hacía reír o llorar con sus ocurrencias inteligentes y eléctricas: “I woke up this morning feeling good and black. I got out of my black bed, I put on my black robe, I played all my best black records, and drank some black coffee. Then I put on my black shoes and I walked out my black door… and, Oh Lord, white snow!

(“Me levanté temprano. Me sentía negro y bien. Salí de mi cama negra, me puse mi ropa negra. Puse mis mejores discos de música negra y me bebí un café muy negro. Después, me puse unos zapatos negros y salí por mi puerta, que es negra. Y, entonces, oh Dios mío, ¡empezó a caer la nieve blanca!”)

Después, quedó atrapado por el Parkinsson. Un día casi lloré al entrar en un bar de París, junto al mercado dominical de libros viejos del parque Georges Brassens, en donde la decoración y las fotos de las paredes sólo hablaban de Muhammed Alí. Tenían un poster enorme de Alí en pie y Sonny Liston en la lona, aquel mítico 25 de mayo de 1965.

Alí, el africano

imagesAlí, pese a ser heredero de una estirpe de esclavos, estaba muy orgulloso. Lo reconvertía en algo solidario, positivo: “I’m color-blind. I love people. Black, White, rich or poor”. Ciego ante el color de la piel. ¡Qué lección! Consiguió que varios de sus rivales míticos, lo engrandecieran, con sus victorias y sus escasas derrotas. Me vienen a la cabeza los nombres de Joe Frazier, Jimmy Ellis, Floyd Patterson o George Foreman. Fue muy feliz cuando combatió contra Foreman en Kinshasha (hoy de nuevo Congo, entonces Zaire). Aquel combate fue conocido como “Rumble in the jungle” (combate en la jungla). Alí recuperó su título entonces, en 1974, después de hacer su trote matinal durante semanas en las riberas del río Congo. El dictador Mobutu Sese Seko obtuvo el beneficio de la propaganda. La pelea tuvo lugar a las cuatro de la madrugada para que pudiera televisarse en directo a buena hora para los espectadores estadounidenses.

Haber recuperado su título de campeón de los pesos pesados en África, ante 100.000 espectadores, fue -según confesó más tarde- el momento más emocionante de su carrera.

imagesSe convirtió al Islam, también para ser fiel al pasado de sus ancestros esclavos. Estaba orgulloso de sus orígenes: “Africa is the home of the Original Man, the black man, and that Africa, where the slaves were stolen from, has all kinds of rich history”.

Cuando explicó en una rueda de prensa por qué se negaba a ir a la guerra de Vietnam, fue uno de sus mejores directos: “No Vietnamese ever called me Nigger!” Ningún vietnamita le había llamado ‘negro’ con desprecio. Jamás. Profundamente, siempre, para mí al menos, sigue siendo el más grande.

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Periodista. 1976, colaborador del diario "Hoy" (Extremadura, España). Hasta 1984, también de otras publicaciones de información general. Entre 1984 y 2008, estuvo en Televisión Española, siete años como corresponsal de TVE en Francia; varios más en la sección internacional. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como de varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y consejero del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Es corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique".

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