Nazis y ajedrez

Han pasado más de 80 años del inició la Segunda Guerra Mundial, conflicto que asoló todo el mundo y que tuvo consecuencias en todos los terrenos, incluido el ajedrez.

Cartel nazi con el texto, ‘Guerrero de ajedrez en el mundo. Todos están de acuerdo con el Fuhrer’
Cartel nazi con el texto, ‘Guerrero de ajedrez en el mundo. Todos están de acuerdo con el Fuhrer’

Los nacionalsocialistas crearon una propia variante del juego con el nombre de ‘Ajedrez militar’ al pensar que el ajedrez tradicional era demasiado abstracto y no tenía nada que ver con la táctica moderna de la guerra.

Los nazis declararon el ajedrez como “el deporte de lucha de los alemanes” consideraban que era un medio que fortalecía al pueblo alemán así como un medio de reconciliación de las clases sociales.

Entre los torneos que organizaron los nazis durante el conflicto bélico se pueden citar el de Berlín y Cracovia-Varsovia en 1940; Múnich y de nuevo Cracovia-Varsovia, 1941; Múnich, Varsovia y Praga en 1942, Praga y Salzburgo 1943, siendo el último y más destacado el de Radom, en Polonia, en 1944.

Por supuesto hubo ajedrecistas que secundaron a los nazis participando en los citados torneos. El caso más claro es el del entonces campeón del mundo, Alexander Alekhine (1892-1946) (por cierto, su nombre correcto y el que figura en su tumba, -murió francés- recordar que la Fundéu recomienda escribir este nombre y no otros que se han puesto de moda).

El criminal de guerra nazi Hans Frank ante el tablero
El criminal de guerra nazi Hans Frank ante el tablero

Alekhine se ganó la vida con el dinero que le aportó el ajedrez entre los años 1941-1943 en la Alemania nazi, hasta que se trasladó a Madrid en 1943 y murió en Portugal en 1946.

Su colaboración pronazi, como la de otros miles de franceses, es evidente, escribió los infames artículos antijudíos titulados ‘El ajedrez ario y el ajedrez judío’, supuesto estudio psicológico denigrante contra los judíos, además de no hacer nada por los ajedrecistas a los que conocía, que profesaban esa religión, asesinados bajo el mandato del que definió como “amigo”, el criminal de guerra, Hans Frank (1900-1946).

En marzo de 1941 escribió esos seis artículos en Pariser Zeitung, editado por las fuerzas de ocupación nazi y reproducidos luego por Deutsche Zeitung in den Niederlanden y Deutsche Schachzeitung. En septiembre del mismo año habló a favor de esos artículos donde elogiaba “el ajedrez ario, valiente y decidido” dirigido “desde el principio a la victoria y el ataque frente a la falta de coraje y valor creativo de los judíos”, en 1956 aparecieron los originales de su puño y letra.

Su rival, el ajedrecista holandés Max Euwe (1901-1981), luego presidente de la federación internacional, FIDE, se negó a asistir a los torneos nazis, tanto a Munich en 1941, como a Salzburgo en 1942, en protesta por los artículos antisemitas de Alekhine que citaba la “camarilla judía” a su alrededor en el encuentro que ambos disputaron por la corona mundial en 1935.

Alekhine vivió en Cracovia y Praga, ciudades ocupadas por los nazis y jugó en los torneos que organizaron ganando en Munich, 1941; Cracovia-Varsovia, 1941 y 1942 y Praga y Salzburgo, 1942 y 1943. En Praga “designó” como su sucesor al joven nazi Klaus Junge (1924-1945).

Se trasladó a la España franquista en 1943. En nuestro país tuvo sus últimos triunfos en torneos celebrados en Gijón, en 1944, y Madrid, 1945. Por cierto, que en la prensa española se le entrevistó durante su estancia y se jactaba de que lo mejor que hizo Capablanca (1888-1942), fue quitarle el título al “judío Lasker”.

El también jugador judío Ossip Benstein (1901-1962), quien coincidió con Alekhine en España, en concreto en Barcelona, publicó en una revista especializada en noviembre de 1945 que se había negado a reunirse con él y que jamás volvería a jugar contra el entonces campeón del mundo, añadiendo un claro dato: haberlo visto en más de una ocasión haciendo el saludo nazi y diciendo ‘Heil Hitler’.

El gran maestro judío Samuel Reshevsky (1911-1992), afirmaba que distinguía “a un antisemita a distancia” corroborando ese antisemitismo. No es de extrañar que Alekhine no fuera invitado posteriormente a los torneos de ajedrez a causa de su connivencia e incluso se formó un comité para juzgarlo por su actitud pronazi y antisemita.

Para algunos que lo quieren justificar, era tan solo “un colaborador oportunista” y es que hay quien prefiere ignorar la complicidad nazi de Alekhine, otros la minimizan y hay, incluso, quien la justifica. Y es que los problemas de la memoria histórica no pasan solo en España.

Después de Alekhine otro destacado colaboracionista fue Efim Bogoljubov (1889-1952), Bogo como era conocido. En su carrera tuvo mucho apoyo del régimen nazi, adquirió la nacionalidad alemana en 1929 ya que había nacido en el entonces Imperio Ruso, -hoy Ucrania- renunciando a su nacionalidad de origen en 1926, mostrando su oposición al régimen soviético.

Exigió la esvástica en una partida en 1938, además se burlaba y era insensible con la situación de los ajedrecistas judíos. De los torneos organizados por los nazis durante la Guerra Mundial ganó en el primero y el último, Berlín 1940 y Radom 1944 y ex aequo con Anton Kohler (1907-1961) el de Cracovia-Varsovia en 1940.

Otros detalles, jugó y ganó en Munich en 1933 ante Siegbert Tarrasch (1862-1934) quien estaba muy enfermo. Posteriormente publicó su partida ganadora con los oportunos comentarios y, como Tarrasch falleció poco después, escribió con muy mal gusto lo siguiente: ‘La partida que mató al doctor Tarrasch’ (recordemos, por cierto, que era de origen judío)

También preguntó al campeón estadounidense Reuben Fine (1914-1993), de origen judío, si se alegraba de que el Zepelín alemán Hindenburg, volando bajo la bandera de la cruz gamada en 1937, se deshiciera en llamas en Nueva Jersey. En sus dos enfrentamientos Fine ganó uno en Nottingham e hizo tablas en el otro en Zandvoort, Holanda.

Curiosamente Bogo durante años no se hablaba con Alekhine debido a la polémica tras sus enfrentamientos en 1929 y 1934 por el Campeonato del Mundo.

Fruto de esa antipatía mutua se cuentan varias anécdotas, en una el entonces campeón del mundo pregunta dónde está el baño, a lo que le contestó: “vaya a la derecha, siempre adelante y donde vea una puerta con el letrero Gentleman es porque llegó al baño. Usted sabe mejor que yo que no es ningún caballero, pero no se asuste y entre tranquilamente”.

Tal vez para responder a esas críticas surgió otro chiste que se contaba que muere Alekhine y a la entrada del cielo, San Pedro le comunica que los ajedrecistas no pueden entrar y cierra la puerta. Pero antes, reconoce a Bogo rodeado de ángeles y le contesta “pero ese de allí es Bogoljubov” a lo que San Pedro responde: “no es un ajedrecista, es un mal jugador”.

Tuvo una buena relación con el gobernador de Varsovia y criminal de guerra Ludwig Fischer (1905-1947) conocido como doctor Fischer, creador del gueto de Varsovia.

Después de la guerra fue boicoteado por los jugadores soviéticos, no fue admitido al campeonato mundial y a varios torneos y no se le dio el título de gran maestro en 1950 pero sí en 1951. A pesar de todo, sufrió un período de aislamiento, por haber apoyado claramente durante la Segunda Guerra Mundial a la Alemania nazi.

Otros jugadores nazis

En cuanto a otros jugadores que participaron en torneos nazis se pueden citar entre los alemanes a Emil Joseph Diemer (1908-1990). Se afilió al Partido Nacionalsocialista (Nsdap) en 1931, citó el ajedrez como “juego de lucha” en todos los niveles de la población de acuerdo con los nazis. Fue el “reportero de ajedrez del Reich alemán” apareciendo sus artículos en publicaciones nazis donde incluso propuso la apertura ‘nacionalsocialista’.

Tras la guerra acusó al director ejecutivo de la federación de ajedrez alemana (DSB), Alfred Brinckmann (1891-1967) de ser el propagador del ajedrez nazi durante el conflicto mundial con su libro publicado en 1940 ‘Maestro de ajedrez en la lucha’, un panegírico nazi, pero curiosamente, sirvió para que fuera nombrado en la posguerra secretario de la federación desde 1950 a 1967 e incluso se le dio un reconocimiento federativo en 1966. Para rematar hizo una hagiografía del citado Bogoljubov.

Durante su mandato, en 1953, Diemer fue expulsado de la federación alemana de ajedrez y no se le readmitió hasta 1971. Era aficionado al esoterismo, la reencarnación, las profecías y el código secreto de Nostradamus, lo que le supuso acabar en una clínica psiquiátrica en Gengenbach –se creía el arcángel Gabriel- donde le prohibieron jugar al ajedrez.

Otro nazi destacado fue el joven Klaus Junge (1924-1945), nacido curiosamente en Santiago de Chile, donde se trasladó su familia que volvió a Alemania y se adhirió al partido nazi. Con el grado de teniente se negó a rendirse poco antes de acabar la guerra al grito de ‘Heil Hitler’. Lo curioso es que un año después, en 1946, se jugó un torneo como homenaje.

Por el contrario, fue el alemán Kurt Richter (1900-1969), quien jugó también en aquella época, quien menos simpatizara con los nazis, era conocido como ‘el verdugo de Berlín’, consiguió el título de maestro internacional en 1950 y escribió varios libros sobre ajedrez, varios traducidos al español.

También destacar que los cinco ajedrecistas del equipo de la Alemania nazi que disputaron la Olimpiada de Buenos Aires en 1939 se quedaron para siempre en Sudamérica. De los cinco dos eran austríacos que jugaban con Alemania tras el Anschluss. Se trataba de Erich Elikases (1913-1997) y Albert Becker (1896-1984). Los otros tres fueron Paul Michel (1905-1977), Ludwig Engels (1905-1967) y Heinrich Reinhardt (1903-1990).

Hay que citar a otros jugadores pronazis de otras nacionalidades, es el caso de Karlis Ozols (1912-2001) letón nacido en Riga, quien formó parte de un escuadrón de exterminio. Era teniente del Arajs Kommando, dirigió una compañía que mató a 12 000 judíos en Bielorrusia y personalmente disparó a numerosas víctimas.

Su compañía formaba parte, a su vez, de una unidad letona que asesinó en total a 30 000 judíos, gitanos y comunistas. A pesar de las investigaciones llevadas a cabo no se llegaron a tomar medidas legales contra él. En 1958 aparece en Australia donde se convierte en campeón de ajedrez.

Braslav Rabar (1919-1973) llegó a representar el estado ustacha fascista croata durante la Segunda Guerra Mundial, lo que no impidió luego reconvertirse y ser campeón de la Yugoslavia de Tito en 1951 y 1953.

El húngaro Géza Füster (1910-1990) tras servir a los nazis desertó al final de la guerra huyendo junto al recientemente fallecido Pal Benko (1928-2019) este último fue detenido y pasó casi tres años de prisión, mientras Fuster se trasladó a Canadá. Benko luego consiguió huir a Estados Unidos.

Karel Opocensky (1892-1975) cuando estalló la Segunda Guerra Mundial representaba a Checoslovaquia, entonces Bohemia y Moravia, en la Olimpiada de Buenos Aires eligió volver jugando para los nazis, mientras varios de sus compatriotas no lo hicieron como Jiri Pelikan (1906-1984) y Karel Skalicka (1896-1979).

La lista de los ajedrecistas judíos que, al contrario que otros muchos, se salvaron por estar jugando la Olimpiada en Buenos Aires es larga, tal vez destacar a Miguel Najdorf (1910-1997) quien posee el récord de ocho veces ganador del campeonato argentino, -aunque ni nació ni murió allí- así como a Moshe Czerniak (1910-1984).

Ajedrez militarista en el Museo de Bielefeld
Ajedrez militarista en el Museo de Bielefeld

Tableros nazis

Por otra parte, mencionar que en el Museo holandés de Ámsterdam (Rijksmuseum) se muestra un ajedrez nazi de 1940, se trata de un juego cuyas piezas en forma de armas glorifican las ambiciones territoriales de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, ya que le acompaña un texto con la lista de países que Alemania invadió entre 1939 y 1940. Se menciona que pudo ser un regalo de Heinrich Himmler (1900-1945) al líder del Movimiento Nacional Socialista de los Países Bajos (NSB), Anton Mussert (1894-1946).

Asimismo, en el Museo histórico de Bielefeld, en Alemania, se encuentra un juego de ajedrez militarista llamado ‘Tak-Tik’ de 1938 con piezas nazis azules y rojas que representan tanques, artillería, aviones y bombas. De hecho en la tapa hay una ametralladora, fue distribuido de forma limitada en el frente una vez iniciada la guerra.

Los tableros con figuras nazis están prohibidos en Rusia. Así, en 2015 las autoridades rusas confiscaron en Moscú un ajedrez nazi cuyas piezas eran soldados alemanes que presentaban esvásticas y uniformes de las SS, por lo que violaba las leyes sobre símbolos nazis y promoción del odio, y los propietarios de la tienda fueron multados. Desde 2014 una ley rusa prohíbe rehabilitar el nazismo bajo penas de multas de hasta 300 000 rublos (4275 euros) y tres años de cárcel

Por último citar a Simon Wiesenthal (1908-2005), conocido por haber pasado por el campo de concentración Mauthausen-Gusen y que se convirtió en un investigador cazanazis, fue arquitecto de profesión. Uno de sus últimos diseños fue para un café, denominado Café As en la ciudad polaca de Poznan, que incluía un juego de ajedrez. Nunca se construyó.

Estos dibujos se exponen ahora por primera vez en el Museo Judío de Viena. La proyectada sala de ajedrez es la que figura en el cartel y el catálogo de la exposición.

En el Museo judío ya se exhibió una muestra del austriaco Arik Brauer que incluía un ajedrez de porcelana muy lujoso. En 1996 también tuvo lugar el espectáculo ‘Ein Lied der Vernunft’ (Una canción de la razón) sobre la historia del ajedrez que estuvo acompañado por un torneo de grandes maestros.

La exposición Café As. Das uberleben des Simon Wiesenthal (Café As. La supervivencia de Simón Wiesenthal) se puede ver en el Museo judío de Viena hasta el 12 de enero de 2020.

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Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona, rama Periodismo con cursos de doctorado, estudios sobre Marruecos contemporáneo y árabe dariya. Más de 30 años de periodismo, la mayoría en prensa escrita, ha trabajado a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar, casi 13 años en el extinto diario El Faro Información, en Algeciras, donde empezó de redactor y del que fue su último director y en Tánger dos años en un diario digital, por lo que se considera un periodista del Estrecho. Además ha participado en la mayoría de los Congresos de Periodistas del Estrecho desde el inicial en 1993 hasta 2016. Ha impartido cursos de periodismo en la Universidad Abdelmalek Essadi de Tetuán y talleres de periodismo en Tánger. Autor del guión del video 'Cervantes cruzó el Estrecho' sobre el teatro Cervantes de Tánger. Gran aficionado al ajedrez y todo lo que le rodea. Ha publicado un libro, ‘Artículos periodísticos. Apuntes para la historia de la prensa de Algeciras’.

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