Sano y tranquilo 2023

Al estar redactando este primer artículo del año, recordé que cuando hace más de cinco décadas me inicié como periodista, en estas festividades hacíamos «notas de color» sobre santaclauses, reyes magos y costumbres navideñas porque, fuera de incendios en fábricas de cohetes que nunca faltaban, no pasaba nada y había que llenar cuartillas.

Hoy las noticias se acumulan, pero para no perder la tradición de empezar el año con algo agradable, decidí escribir sobre animales suertudos en diferentes países; algunos datos son del portal Travel Trivia.

Pensar que algunos animales traen fortuna, es compartido por varias culturas y las raíces de esta creencia datan de centurias.

En México los de la suerte son los colibríes que por su belleza y aleteo formando ochos, signo del infinito, se consideran mensajeros celestiales que llevan pensamientos y suspiros a las personas amadas que, si ya murieron, encarnan en colibríes para visitarnos.

Y los grillos, que son también símbolo de la suerte en España, porque el rítmico cri-cri-cri que producen al frotar sus alas para marcar territorio cuando están en celo, anuncia lluvia y buenas cosechas.

Me encanta oírlos, pero ojalá fueran más espirituales para que no se comieran mis plantas más rápido que las hormigas.

En Chile para todo se nombra a los animales; a los niños se les dice cabros, pollas a las niñas, a los muchachos gallos, a personas atrayentes choros, a los acosadores de mujeres picados de la araña, de los presumidos que andan con la pluma parada, y cientos de etcéteras más, pero no supe de algún animal especial para la fortuna.

En Inglaterra y Estados Unidos hay quienes el primer día de cada mes despiertan murmurando «conejo, conejo, conejo», confiando que diciéndolo tendrán suerte el mes entero; idea que los historiadores aseguran, viene de los Celtas.

Y Franklin D. Roosevelt durante su campaña para la elección presidencial de 1932, llevaba en su bolsillo una pata de conejo.

En Alemania, se anhelaba una vaca por su leche o un caballo para transportarse; sin embargo, ser dueño de cerdos significaba prosperidad y seguridad para la mesa familiar; de ahí la frase schwein gehabt «tengo puerco», aun usada para mostrar bonanza.

Si usted quiere desear feliz año a un amigo alemán, mándele un cerdito de mazapán.

En Moscú son de suerte las catarinitas que asoman entre la nieve y brotecitos de pasto, alrededor del 10 de mayo que empieza a terminar el crudo invierno.

Los chinos tienen un animal de suerte para cada año y para 2023 es el conejo; ya lo fue en 1927, 1939, 1951, 1963, 1975, 1987, y 1999.

Y otros más, reales o mitológicos como los dragones; pero gana el tigre de Bengala; la letra para tigre es parecida a la de rey, los dijes con tigres son muy apreciados y a los recién nacidos les ponen zapatitos con tigres pintados o bordados, para que empiecen la vida con fortuna.

En el sur de Asia no hay nada mejor que un elefante, y ser bueno en vida se recompensa con reencarnar en este animal.

Se dice que la madre de Buda soñó con un elefante blanco antes de darlo a luz y por eso son especialmente apreciados en países budistas como Tailandia, que lo tiene como símbolo nacional.

Varios dioses de la India están relacionados con elefantes: Ganesh, a quien se reza por sabiduría y éxito, tiene cuerpo humano y cabeza de elefante; Indra monta el elefante blanco Airavata y elefantes acompañan a Lakshmi, diosa de la abundancia. 

En el Perú, los de suerte son los toros; siendo muy populares los Toritos de Pucará, figuritas de cerámica que toman su nombre de la ciudad ubicada cerca del lago Titicaca, donde se fabrican.

Estos dos toritos colocados frente a frente y que datan de la época colonial, representan la idea andina de dualidad y equilibrio: el sol y la luna, madre y padre, noche y día.

En Japón los gatos y más si son negros; las vitrinas de tiendas y restaurantes se adornan con manekineko, gatos que hacen señas que recuerdan la leyenda de un noble que en plena tormenta eléctrica permanecía sentado bajo un árbol y al ver a uno llamándolo, caminó a encontrarlo y salvó la vida.

En todo el país hay templos dedicados a los gatos, que dan nombre a la isla Tashirojima; dedicada a la producción de gusanos de seda que devoraban ratones, se llevaron gatos para combatirlos y se han reproducido tanto, que ya son más que los humanos.

En Suecia, son los caballos; si va, seguro regresará con un caballito Dala pintado de brillante color rojo con ornamentos blancos, que es símbolo del país.

Un enorme Dala adornó el Pabellón Sueco de la Feria Mundial Internacional de Nueva York en 1939 y otro Dala fue el obsequio del primer ministro Göran Persson, al presidente Clinton en su visita a EEUU en 1996.

La tradición viene de los vikingos, que enterraban caballos de madera en tumbas de sus guerreros para que los trasladaron a la otra vida; ahora se ponen como talismanes, en las ventanas.

En Egipto, son los escarabajos; en mi juventud estaba de moda traerlos vivos en prendedores colgando de una cadenita, para que esos pobres animalitos algo pudieran caminar.

Representan a Khepri, dios del sol mañanero y la renovación de la vida; se han encontrado en tumbas de faraones y los colores con los que se pintan son simbólicos: rojo por el sol, amarillo del desierto y azul por el río Nilo.

Si visita Egipto y compra algo, es casi seguro que encontrará en la bolsa un escarabajo, forma de agradecerle y desearle buena suerte.

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