El conocido como ‘tirano de FIDE’, el presidente de la federación internacional de ajedrez desde 2018, el ruso Arkady Dvorkovich, de 54 años, finalmente ha caído.
Un hombre sin ética, ni moral ninguna convertido en un títere al servicio del presidente ruso, Vladimir Putin, ha dejado el puesto después de figurar en la lista de los 48 sancionados en el 21 paquete de medidas adoptado por la Unión Europea contra Rusia por la invasión de Ucrania.
Esta vez no hubo un primer ministro húngaro Viktor Orbán o su ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, que salvara de las sanciones a quien su único mérito era ser un siervo de Putin (fue su viceprimer ministro de 2012 a 2018), y sus únicos méritos ajedrecísticos, el ser hijo de un árbitro.
Hay que recordar que Rusia siempre ha considerado la FIDE como una extensión de sus relaciones diplomáticas, y era una de las escasas federaciones deportivas internacionales que dirigía un ruso.
El presidente ruso pidió y consiguió del actual primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, su voto para Dvorkovich al frente de FIDE, en la asamblea de noviembre de 2018, cuando obtuvo su primer mandato, asegurando que saldría beneficiado si su federación lo apoyaba. Ambos dirigentes hoy, curiosamente, son declarados criminales de guerra por el Tribunal Penal Internacional de La Haya.

La pataleta final de Dvorkovich fue calificar la decisión de «ilegal e injusta» prometiendo luchar contra esta medida «por todos los medios posibles».
″He decidido suspender voluntariamente el ejercicio de mis poderes y funciones como presidente de la FIDE con efecto inmediato durante el tiempo que permanezca sujeto a sanciones bajo las leyes y normativas de la UE y de Suiza», sostuvo.
La FIDE, con sede en Lausana, Suiza (aunque abrió otra el pasado junio en Shenzhen, China) no permite que una persona sancionada controle una federación internacional en su suelo, por lo que suspendió sus poderes ejecutivos antes de dejar que las cuentas bancarias de la federación fueran congeladas.
Hay que mencionar que la Comisión de Ética de FIDE ya sancionó a Dvorkovich (que impugnó y eludió el castigo tras presionar a sus miembros) y a la Federación Rusa de Ajedrez (CFR), que finalmente fue sancionada por dos años por la resolución del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS).
Dvorkovich se había aferrado al cargo mintiendo sobre estar dos mandatos y aspirando a otro más con los que ya contaba al controlar las federaciones sobre todo de África y Asia, muchas pequeñas y que tienen el mismo voto que otros con mayor abolengo en el ajedrez mundial en un sistema viciado de votación.
El equipo con que se rodeaba para su reelección (contaba cien votos comprometidos) tenía muchas aristas, desde el empresario reconvertido en presidente de la federación de ajedrez de Kazajistan, Timor Turlov hasta el propio sucesor del cargo, el gran maestro, Viswanathan Anand, junto al presidente de la Federación de Azerbaiyán, Mahir Mammedov.
Además, la presidenta de la federación marroquí, Bouchra Kadiri (Dvorkovich apoyó a su corrupto antecesor) y el presidente de la minúscula (sólo 48 jugadores) y poco conocida federación de Aruba, Carol S. Williams Pesqueira. El ultimo aporte era alguien inesperado, el ambicioso presidente de la federación italiana, Luigi Maggi.
No se descarta que Turlov, un astuto empresario que cambió la nacionalidad rusa por la de Kazajistán para eludir sanciones tras la guerra de Ucrania y se hizo con la federación kazaja, que gestiona como una de sus empresas, opte al puesto. Además cuenta con Chessbase que adquirió y con la Fundación Internacional de Ajedrez Escolar que fundó en 2024 como instrumento de FIDE para controlar en todo el mundo, con distintos medios, el ajedrez en las escuelas.
El ávido heredero es Viswanathan Anand, de 56 años, excampeón del mundo, vicepresidente de la FIDE, y ahora, por mor del artículo 19.2, presidente interino del ajedrez mundial. Fiel escudero del tirano, es otra persona sin ética, ni moral ninguna, como demostró en el pasado al presionar a los miembros de la Comisión de Ética y apoyar a Rusia.
En su día le prometieron el cargo, ahora ya lo tiene, cuenta con la federación internacional, una guerra legal y una Olimpiada de ajedrez al fondo, además del respaldo de India.

En este panorama surge un fantasma oportunista, el expresidente de FIDE, de 1995 a 2018, el ruso Kirsan Ilyumzhinov, que también salió del cargo debido a las sanciones internacionales. Entre sus valedores, la primera, la Federación Rusa (que no podrá votar) ya ha confirmado su apoyo, pero él busca al más mediático, el presidente estadounidense, Donald Trump, además sobre todo de los 54 votos africanos que impulsó durante su pasada etapa.
Los candidatos ya postulados que quedan son dos, ambos alemanes. Wadim Rosenstein, un organizador que se postula como dirigente para la reforma y Jan Henric Buettner, cargo de la federación alemana, empresario que hizo su dinero construyendo AOL Europa, lo gastó en un complejo de castillos en el Báltico y luego cofundó Freestyle Chess con el excampeón mundial, el noruego Magnus Carlsen.
En su equipo el inglés, impulsor del ajedrez escolar y opositor a Dvorkovich en la última asamblea de FIDE en Budapest, Malcolm Pein.
La solución a este complejo entramado de intereses de todo tipo, donde el ajedrez es lo de menos, se resolverá los días 26 y 27 de septiembre en Samarcanda en la 91º Asamblea de FIDE.



