Algunos detalles del lenguaje de sucesos

En los dos artículos más recientes he hablado, directa e indirectamente de la pobreza del lenguaje periodístico de Venezuela, con alusión al de otros países de habla hispana, y en cada caso he sido enfático en resaltar que existen contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente. Esas personas que sobresalen del montón, han entendido la importancia de escribir bien y hablar de la mejor manera, en aras de educar, entretener e informar, como es su obligación moral.

Es placentero destacar que a la luz de las observaciones y recomendaciones  que de manera frecuente suelen hacer muchas personas que se dedican a escribir sobre estos temas, entre los que me cuento, ha habido una notable mejoría, lo cual evidencia que el trabajo no ha sido en vano. Pero aún quedan resabios sobre los que es necesario insistir, con la finalidad de que esos redactores que todavía están estancados, pongan a volar su creatividad y se persuadan de que para hablar o escribir de manera medianamente aceptable, no es necesario ser catedrático de la lengua.

Por lo general, los periodistas que cubren la fuente de sucesos, utilizan palabras cuyo significado difiere del que registran los diccionarios, amén de que en muchas ocasiones copian casi de manera textual los partes policiales, que en la mayoría de los casos, por lo menos en Venezuela, están plagados de impropiedades, pues casi siempre son elaborados por personas que no manejan muy bien el aspecto redaccional. Se han arraigado frases como «cayó abatido» y «…le fue encontrado un armamento». Abatir y armamento son palabras que, de buenas a primeras, cualquier lector descuidado no notaría lo inadecuado de su uso; pero si las detalla, podría saber que son empleadas de manera inadecuada.

Ahora, ¿qué tienen de inapropiadas las expresiones en cuestión? Bueno, en el caso de la primera, es menester advertir que abatir lleva implícita la noción de caer, por lo que al decir cayó abatido, se incurre en redundancia. No existe una reseña policial en la que el meollo informativo sea el enfrentamiento entre policías y delincuentes, que no señale que el o los antisociales cayeron abatidos. A ello se aúna el uso repetitivo, como si no existiera otra forma de describir el hecho.

El verbo abatir, entre otras cosas, significa poner o dejar en forma horizontal algo que estaba vertical. El uso de abatir en ese caso es de forma figurativa, dado que es lógico suponer que si el delincuente, al estar de pie (de forma vertical) recibe un proyectil, y si el impacto es fulminante, quedará en posición horizontal. Entonces, la forma adecuada sería decir, por ejemplo: «En la persecución se produjo un enfrentamiento, y cuatro individuos fueron abatidos».

El caso del vocablo armamento también es de uso repetitivo, toda vez que muchos redactores de sucesos no se han detenido a revisar un diccionario para entender que un arma no es un armamento. Es simplemente eso: un arma. A cada momento puede leerse en medios de gran prestigio, oraciones como: «Al dársele la voz de alto, el individuo desenfundó un armamento y enfrentó a la comisión».

Cabe acotar que un armamento es un grupo o «conjunto de armas al servicio del Ejército, de un cuerpo armado o de un individuo». En el caso de una crónica policial en la que la intención es relatar que una sola persona  enfrentó a las fuerzas del orden público con un revólver, pistola o fusil, el término armamento está mal utilizado, a menos que sea alguien que, para repeler el fugo y eludir la aprehensión, haga uso de varias armas de fuego. Eso solo se ve en las series de televisión y producciones cinematográficas de Hollywood, en las que una sola persona es capaz de repeler el ataque de un ejército, para lo cual utiliza varias armas. En ese caso sí sería apropiado hablar de armamento.

A lo anterior se suma el uso incorrecto del verbo en gerundio, del que he hablado en muchas ocasiones, y que se ha convertido en un vicio casi indesarraigable. De esto no voy a profundizar por ahora, pues es necesario dedicarle un espacio especial, con la finalidad de disipar las dudas. Por ahora solo quiero decir, sin temor a equivocarme, que la mayoría de los redactores de sucesos y de otras fuentes no tienen claro el uso adecuado de la referida forma verbal, a juzgar por lo frecuente que se ha hecho la frase «el delincuente huyó siendo detenido al día siguiente».

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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