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Amores y altares

Teresa Gurza[1]

Con motivo de las celebraciones de Todos Santos y Muertos, a los mexicanos nos encanta poner en casas y panteones altares cubiertos con pétalos de Cempasúchil, y presididos por las fotografías de los seres queridos que queremos evocar.

De acuerdo a la tradición los niños o angelitos bajan la noche del 31 de octubre, a ver a sus mamás y padrinos; que los honran con arco de flores, de los que cuelgan animalitos de pan, dulces y naranjas.

Y la noche del uno de noviembre, está dedicada a la convivencia con los difuntos adultos; que llegan del más allá, a estar un rato con sus amores y parientes.

Es la fiesta anual de mayor sincretismo religioso en México; porque mezcla las antiguas creencias de los aztecas, con la fe católica impuesta por los conquistadores españoles.

Los altares deben tener cuando menos, dos pisos que representan el cielo y el infierno; y en el de arriba, se colocan las fotografías de aquellos a los que la ofrenda, está dedicada.

Generalmente los pétalos se dispersan sobre algún mantel puesto sobre la mesa que sirve de sostén al altar; y hay quienes agregan un petate, por si el difunto quiere descansar.

Se colocan calaveritas de azúcar con los nombres de los muertos, un vaso con agua para quitarles la sed del viaje y darles fuerza para el regreso al más allá, un platito con sal para impedir que sus almas se echen a perder en el camino y no puedan volver el año siguiente, panes de color rojo y adornos de papel picado, incienso y copal para ahuyentar a los malos espíritus, y las comidas y bebidas que les gustaban; como molitos, pulque y cervezas.

Pero lo que de ningún modo puede faltar, son veladoras y flores de Cempasúchil, nombre de origen Náhuatl que significa flor de los veinte pétalos, porque la luz de las velas y el olor intenso de las flores, guiarán a los difuntos evitando entren a una casa que no fue la suya.

colibríes y flores de Cempasúchil
colibríes y flores de Cempasúchil

De acuerdo con la leyenda, la flor de Cempasúchil es resultado del amor que dos jóvenes aztecas, la bella Xóchitl y el valiente Huitzilin, se tuvieron desde niños cuando jugaban a subir corriendo una montaña para llevarle flores a Tonatiuh, el dios sol.

En una de esas ocasiones, juraron ante él amarse hasta más allá de la muerte; desgraciadamente sus sueños fueron interrumpidos por la guerra; y los amantes debieron separarse, cuando Huitzilin fue a combatir.

Al poco tiempo se supo que había muerto a consecuencia de las heridas sufridas en una batalla; lo que rompió de dolor el corazón de Xóchitl quien, destrozada por la pena, subió a la montaña a pedirle a Tonatiuh la uniera para siempre a su Huitzilin.

Conmovido, el dios accedió y la convirtió en esa preciosa flor de rico y fuerte aroma y muy intensos colores naranja, que es el Cempasúchil; a la que minutos después, llegó a posarse Huitzilin en forma de colibrí y al sentirlo, Xóchitl se abrió en veinte pétalos.

Y así, por los siglos de los siglos y mientras existan colibríes y flores de Cempasúchil, los dos enamorados seguirán unidos.

El primer español en dar noticia de esta flor, cuyo nombre científico es Tagetes Erecta, fue Bernardino de Sahagún.

Se refiere a ella, en La Historia General de las Cosas de la Nueva España; y la describe “amarilla, de buen color, ancha y hermosa”; aclarando que nacen silvestres, pero también hay quien las siembra.

De esta flor se obtienen aceites esenciales, resina, colorantes amarillos, grasa y tanino, que los aztecas extraían para elaborar sus inciensos.

Se usa también, en las granjas avícolas del estado de Guanajuato para dar un tono ocre a los cascarones de los huevos y hacer más amarilla la yema, para venderlos a mayor precio que los blancos.

Esta celebración es también una buena fuente de ingresos para los campesinos en los estados de Puebla, Michoacán, de México y Morelos; y que este año con alrededor de siete mil toneladas de flor cosechadas, podrán reponerse de las pérdidas causadas por el mal tiempo, en las tres temporadas anteriores.

Y derrama cerca de 17 mil millones de pesos, a fabricantes del papel picado, veladoras, pan de muerto y calaveritas de azúcar.

  1. Teresa Gurza es una periodista mexicana multipremiada que distribuye actualmente sus artículos de forma independiente

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