Cannes 2013: Buena cosecha y buen año para el cine francés

Se acaba de terminar el maratón cinamatográfico de Cannes, doce días de cine a tope, a razón de tres a cuatro películas por día, o a veces cinco, si te organizas para comer y cenar debidamente. Una carrera de fondo para cineadictos del mundo entero. Cuatro mil ochocientos periodistas y miles de espectadores han llenado las salas del mas importante festival de cine del mundo.

Steven Spielberg © 2013 DW II Foto por Art Streiber
Steven Spielberg © 2013 DW II Foto por Art Streiber

El propio Steven Spielberg ha rendido homenaje a esa “excepción cultural francesa” que permite hoy seguir produciendo en el mundo el denominado cine de autor. Ese cine de calidad capaz de expresar las culturas mas diversas, a través de los cuatro continentes. Un presidente y un jurado que han coincidido en su Palmarés en esta ocasión –no siempre es el caso- con la opinión mayoritaria que se ha desprendido en el seno de la crítica internacional a lo largo de estos días de festival. Una buena Palma de Oro contra la intolerancia y el oscurantismo: La vida de Adela.

En estos doce días he podido ver la totalidad de la competición oficial, el conjunto de las películas latinoamericanas en las diversas secciones del festival y algunas cosas más como “L’image manquante” del cineasta camboyano afincado en Francia Rithy Panh. A falta de imágenes existentes sobre el genocidio camboyano, el cineasta reconstruye esa realidad con figuritas de tierra, que se animan con la magia del cine y del montaje.

Una emocionante voz en off relata lo sucedido en ese país y la propia experiencia del director, escapado de los campos de la muerte de Pol Pot, mientras algunas y escasas imágenes de archivo se articulan con el relato de ese original dibujo animado. Autor en 2002 del documental “S21, la maquina de la muerte de los kmeres rojos”, Rithy Panh se interroga sobre la necesidad del cineasta de fabricar sus propias imágenes cuando no quedan huellas fotográficas de ese terrible y trágico pasado reciente.

De relieve también en “Un certain regard”: “Los manuscritos no arden” del director iraní Mohamad Rasoulof, que ha presentado un interesante thriller político, en el que se denuncia la represión y torturas de que son victimas los intelectuales en Irán. El oscurantismo religioso ha triturado a los que años atrás participaron en esa misma revolución contra el Shah de Irán.

El totalitarismo religioso, como todos los fascismos, intenta impedir la libertad de expresión, y organiza el espionaje y la brutal represión contra toda tentativa de expresión cultural. A partir de los personajes de dos asesinos a sueldo de los servicios secretos iranies, Rasoulof muestra con una ficción bien construida la resistencia de esos intelectuales, víctimas de amenazas, torturas y asesinatos y los mecanismos del terrorismo de estado.

De la selección oficial, como lo he dicho en crónicas pasadas, tenía tres preferidas: “La vie d’Adèle (La vida de Adela)” que ha sido la gran sorpresa de este festival. Una de esas películas que cuando la ves, te dices que tiene todas las cualidades requeridas para una Palma de Oro. La que se destaca del pelotón por varias cabezas, tanto por su tema y tratamiento original, como por su ambiciosa realización y dirección de actores. Ese conjunto de cosas que te llevan a afirmar: esta va de Palma de oro. Spielberg y su jurado han dado de hecho la Palma de Oro a la película y a sus tres artistas: el director y sus dos actrices.

Así es la magia del cine, la hasta ayer desconocida Adèle Exarchopoulos, joven actriz de 19 años de origen griego ha saltado a la fama internacional junto con su compañera de reparto Lea Seydoux gracias al efecto multiplicador del festival de Cannes. Un festival que ha traido temas variopintos que reflejan las preocupaciones de las diferentes cinematografías. Historias de amor, de homosexuales o heteroxesuales, de familia, relaciones padres hijos, cine de género, histórico, cine social y político, fantástico, de vampiros, violencia y a veces también hiperviolencia mal justificada, cine comercial y cine de autor, y a veces claves de comedia, pocas. En fin cine para todos los gustos. Un día me decía Mario Camus, citando a Jean Renoir “cine es todo lo que se proyecta en una pantalla”, hemos visto aquí muchos tipos de cine, de tratamientos, de puesta en escena o de montajes. La mirada de cada cual se acapara luego de la obra y la juzga. Así es el arte en general y este denominado séptimo arte en particular.

La china “A touch of sin” era también una de mis preferidas en competición, pues al muy buen cine social, valiente y de tono documental de Jian Zanghke, autor entre otras de “Stille life”, se añadia en esta ocasión un tratamiento nuevo y original en el cine chino contemporáneo. La violencia de esa sociedad china que explota brutalmente a hombres y mujeres, y que reúne lo peor del maoismo estalinista con lo peor del ultraliberalismo capitalista, es filmada por Zanghke con autenticidad, talento e ironía, y por vez primera de forma explicita, como advirtiendo que la violencia genera la violencia. Una llama de esperanza en un futuro que vea a los chinos despertarse de verdad.

En la competición oficial, “Elli” del mexicano Amat Escalante, me pareció también una obra de brillante factura con la que se cierra una trilogía sobre la violencia de este prometedor director que se dio a conocer en Cannes con “Sangre”en 2005.

Su paso al comienzo del festival, hizo que no figuraba entre las favoritas de la crítica internacional, pero el jurado presidido por Spielberg ha sabido reconocer sus cualidades. Lo celebro pues este premio en Cannes va a lanzar de nuevo la carrera de tan prometedor cineasta mexicano.

Aunque ausentes del Palmarés me gustaron mucho las de Ozon “Joven y bonita” y la de Polansky “La venus de las pieles”, que muestran la buena salud del cine francés y su diversidad. De muy buen nivel además de las que figuran en el palmarés, fueron también “Detrás del candelabro”, o “Only lovers left alive”.

Del cine latinoamericano que hemos visto en Cannes este año “Elli” es sin duda lo mejor, junto con “La jaula de oro” también mexicana del director español Diego Quemada Diez, y la chilena “El verano de los peces voladores” de Marcela Said, seleccionada en la Quincena de realizadores.

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