Cannes 2019: La cordillera de los sueños de Patricio Guzmán, emocionante y necesaria

Emoción, soledad, nostalgia y esperanza son las palabras que mejor resumen este estupendo y necesario documental

En selección oficial, sesión especial fuera de concurso, se ha proyectado en Cannes en estreno mundial “La cordillera de los sueños”, brillante película documental del director chileno afincado en Francia Patricio Guzmán.

Cartel de la película La cordillera de los AndesCompleta así el cineasta chileno una trilogía metafórica sobre Chile iniciada en 2010 con “Nostalgia de la luz” presentada en Cannes, y con “El botón de nácar” que obtuvo en 2005 el Oso de plata al mejor director en el festival de Berlín. Un premio que tuvo mucha repercusión en su país, provocando un mayor interés del público y de las instituciones chilenas por su cinematografía.

Los documentales de Guzmán desde “La batalla de Chile”, a “La memoria obstinada”, “El caso Pinochet” o “Salvador Allende”, con su empecinada y coherente reivindicación de la memoria histórica, siempre habían provocado polémica en el Chile de la post dictadura, pues la mayoría de la gente prefería pasar página, olvidar ese pasado trágico y no oír hablar de los crímenes perpetrados por el régimen de Pinochet.

“Yo estaba convencido de que Chile era un país amnésico, sin memoria, pero la acogida que tuvo mi película ‘El botón de nácar’ proyectada en liceos y universidades por el Ministerio chileno de educación, me ha hecho comprender que las nuevas generaciones se interesan mucho por lo que sucedió, los presos, los fusilados, los exiliados. Me planteé entonces proseguir esa trilogía, pero evolucioné en mi relación con mi tierra natal, que llevo explorando en mi trabajo en el cine desde hace cuarenta años”.

Así nació “La cordillera de los sueños”, coproducción franco chilena, una poética y trágica metáfora sobre la Cordillera de los Andes, su fuerza y su misterio, el golpe de Estado, la resistencia interior durante la dictadura y el Chile actual, todo ello a través de una emocionante reflexión personal sobre su infancia, su carrera de cineasta en el exilio y su voluntad inquebrantable de comprender ese Chile ultraliberal, nacido del fascismo, “en el que hoy me siento como un extraterrestre -dice Guzmán- en un país triste, que ha perdido su alegría de antaño”.

La cordillera de los Andes con sus crestas nevadas entre las nubes, y una panorámica aérea sobre Santiago que da la espalda a la cordillera son las primeras y majestuosas imágenes que abren la película, mientras la voz pausada, serena, firme y nostálgica del narrador, Patricio Guzmán, evoca el Chile de su infancia y un fundido encadenado nos lleva poco después al Chile de hoy con sus gentes y su metro suburbano.

En busca de respuestas va Patricio Guzmán al encuentro de los personajes que pueblan su documental y que nos libran sus reflexiones, a lo largo de un esmerado montaje de imágenes aéreas de esa cordillera que ocupa 80 % del territorio chileno y cuya belleza trágica es evocada por unos y otros para mejor comprender el Chile de ayer y de hoy.

Javiera Parra cantante
Javiera Parra, cantante

Personajes unos con trayectorias ligadas al exilio, como Guillermo Muñoz Vera, pintor chileno afincado en España, quien en sus pinturas hiperrealistas busca captar el misterio de la Cordillera, y aporta su reflexión sobre el golpe y el exilio. Como también Javiera Parra, cantante chilena, nieta de Violeta Parra e hija de Ángel Parra, con sus recuerdos  cuando era niña del golpe de estado militar.

Pero los personajes principales son en esta ocasión chilenos del interior, de aquellos que se quedaron adentro como el escultor Francisco Gacitúa, quien trabaja la piedra y el metal para restituir esa belleza natural de las montañas que lo contienen todo, 20 000 años de huellas en sus glaciales, testigos del tiempo pasado, evocando ese aroma del raco, viento seco y cálido que viene del este de los Andes y sopla hacia los valles.

También escultor Vicente Gajardo se define como guardián de la belleza de su país, utilizando la piedra extraída de esas montañas como materia prima para su obra artística. Esas montañas que alcanzan en territorio chileno los 6000 metros de altitud aparecen como un misterio ignorado por el Chile de los valles. “Un país que ignora el 80 % de su territorio no es de fiar” asevera Gajardo. “Tengo la impresión, dice Guzmán, que el tiempo avanza mas despacio en Chile”.

El vulcanólogo Álvaro Amigo aporta su testimonio sobre esa capital Santiago que da la espalda a la cordillera, mientras que el escritor chileno Jorge Baradit propone una reflexión y análisis sobre la historia reciente del país, que ha desarrollado ampliamente en su obra literaria.

Pablo Salas en una foto de la Universidad de Chile
Pablo Salas en una foto de la Universidad de Chile

Sin embargo, de todos esos personajes hay uno en particular que es clave esencial del documental, pues representa en cierto modo la continuación del trabajo de Guzmán, pero no en el exilio, sino durante la dictadura en el interior. Se trata del reportero chileno Pablo Salas, quien estando acreditado por varios medios internacionales pudo filmar sin ser inquietado por la policía numerosas escenas de manifestaciones y de la brutal represión de los militares contra el pueblo chileno durante los años de la dictadura de 1982 a 1990.

Violencia policial, manifestaciones, amedrentamientos y allanamientos como el que tuvo lugar en La Victoria, donde fueron detenidas 20 000 personas y la totalidad de los hombres encerrados en campos de concentración, fueron filmados por Pablo Salas, sobre todo en la década de los ochenta. Imágenes de archivo que utiliza Guzmán para ilustrar la resistencia contra la dictadura que persistió en Chile hasta la derrota de Pinochet en 1988, y que sigue viva hoy en la lucha por la recuperación de la memoria histórica en Chile, contra la impunidad de que gozan los crímenes de la dictadura.

Hablando de Salas, dice Guzmán: “el fue de los que se quedaron, yo de los que se fueron”, como lamentando no haber podido seguir ese trabajo cinematográfico en Chile y no en el exilio. Cuando la vida se encuentra amenazada, el exilio se impone sin embargo como una evidente necesidad. Las imágenes del estadio en donde estuvo preso Guzmán junto a miles de chilenos, testimonian de ese horror que le condujo al exilio.

Salas precisa que solo pudo filmar 5 % de la represión que tuvo lugar en Chile en esos años, pero sus imágenes son una prueba irrefutable de esos horrores, que algunos pretenden hacer pasar por simples errores.

“En el Chile de los años noventa-cuentas Salas- Chile se cubrió de un manto de silencio”, hubo como un encantamiento fascista, que pretende minimizar e ignorar lo sucedido. No hubo nunca un mea culpa de los militares, y los que apoyaron la dictadura son los pilares hoy del Chile ultraliberal”.

Una situación, añadiría yo, que tiene un paralelismo evidente con el “pacto del silencio” concluido en España en 1978, para disculpar y amnistiar todos los crímenes de la dictadura franquista.

Guzman Cordillere Andes fotograma cimas nevadas

Guzman Cordillere Andes fotograma cimas
Guzman: fotogramas de La Cordillere de los Andes

Impresionantes imágenes documentales también las de un tren fantasma que atraviesa la Cordillera en la noche cargado de mineral de cobre, hoy en su inmensa mayoría explotado por multinacionales extranjeras. Imágenes que se mezclan con la poderosa serenidad  de esas montañas testigos de todo lo que ahí sucedió.

Un lucido análisis el de Guzmán sobre ese Chile moderno, copiado del modelo de Chicago, que fue la primera experiencia de “ultra liberalismo” contemporáneo surgido de un golpe fascista militar, preámbulo de los programas de las multinacionales, en la época de Thatcher y de Reagan, comienzo de la “mundialización” y de la masiva evasión fiscal.

“La dictadura vendió el país con las privatizaciones y el desarrollo económico se hizo machacando a las clases populares y provocando una creciente desigualdad social.  Un fenómeno que temo sea planetario” asevera Guzmán.

Guzman Cordillere Andes cerillasA través de sus reflexiones intimas sobre una cajita de fósforos, o sobre la casa en ruinas de su infancia, devorada por los rascacielos, sobre el Chile desaparecido de su juventud, Patricio Guzmán concluye con una doble metáfora sobre esa soledad que le acompaña desde 1973, como un alpinista solitario que se lanza a conquistar las crestas de los Andes, y sobre unos meteoritos encontrados en las montañas, expuestos hoy en un museo.

Su madre le decía que cuando uno de esos meteoritos cae, hay que pensar muy fuerte en un deseo. Las fotos de familia de su madre y de su abuela cierran el profundo deseo de Guzmán: ¡Que 46 años después Chile recupere un día su infancia y su alegría!

Emoción, soledad, nostalgia y esperanza son las palabras que mejor resumen este estupendo y necesario documental. Esperanza en esa juventud que lucha, en esos jóvenes cineastas que representan hoy en Chile la memoria del futuro, y que siguiendo los pasos de Guzmán se obstinan por obtener justicia y reparación, manteniendo viva la memoria.

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