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Checoslovaquia: la primavera que fue invierno

Se cumplen 50 años de La Primavera de Praga, el intento de reformar el comunismo que terminó con la invasión de Checoslovaquia por los tanques del Pacto de Varsovia

La Primavera de Praga por Xulio Formoso
La Primavera de Praga por Xulio Formoso
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A finales de 1967 había un fuerte malestar  en la sociedad de Checoslovaquia, un rechazo a la autoridad y los métodos de Antonín Novotny, primer secretario del Partido Comunista y presidente del país, cuya lealtad servil a Moscú había desembocado en el reforzamiento de medidas dictatoriales contra la población.

Ante la creciente oposición popular contra Novotny, el Comité Central lo sustituyó por Alexander Dubcek en los primeros días de 1968. Dubceck, de 46 años, era un pacifista antiautoritario formado en la ortodoxia del marxismo soviético, con poca experiencia en la gestión política, pero tenía claro que el país necesitaba un cambio en profundidad.

Entre las iniciativas promovidas por el nuevo secretario general se produjo el levantamiento de la censura a los periódicos checoslovacos, que comenzaron a denunciar las corrupciones del régimen, en las que estaba envuelto Novotny.

Dubcek tenía que atender un doble frente: convencer al pueblo de que era un reformista y a la vieja guardia que podían confiar en su política, fiel al comunismo. Para ganarse su confianza no llevó a cabo ninguna purga entre los partidarios de Novotny en el Comité Central del partido, a pesar de que éstos trataron siempre de boicotear sus reformas mientras denunciaban ante el Kremlin la deriva democrática del nuevo mandatario.

Bajo la nueva política de Dubcek, en Praga fueron los jóvenes quienes comenzaron una rebelión pacífica. Se dejaban el  pelo largo, vestían vaqueros y minifaldas y acudían a clubes de estilo occidental en los que se escuchaba música norteamericana. También el movimiento estudiantil empezó a moverse en el mismo sentido que el de sus coetáneos occidentales de aquel 68. Se estrenaban obras de teatro prohibidas y en el festival de cine de Karlovy Vary se proyectaron películas como “Trenes rigurosamente vigilados”, del checo Jiri Menzel, que había conseguido el Oscar a la mejor película extranjera. El film era la adaptación de una novela del escritor Bohumil Hrabal, un autor censurado por el régimen. La prensa internacional se hacía eco de todo esto y la capital checoslovaca se convirtió en centro de atención para Occidente. Y, simultáneamente, en una preocupación para el mundo comunista.

Dubcek quería hacer reformas dentro del régimen;  pretendía un comunismo democrático para su país y pensaba que el mejor modo de conseguirlo era con reformas graduales que llevarían su tiempo. Pero el pueblo checoslovaco estaba impaciente, cada vez quería mayores libertades y exigía la legalización de partidos políticos al margen del comunismo. Comenzaron a oírse voces como las del dramaturgo Vaclav Havel y el filósofo Ivan Svitak que exigían una mayor apertura que la que proponía Dubcek, quien en abril publicó su Programa de Acción del Partido Comunista, donde se denunciaban abusos del pasado, se anunciaba un nuevo modelo de democracia socialista para el país y se promovía la igualdad de derechos entre checos y eslovacos.

El Kremlin comenzó a advertir sobre “elementos burgueses” que estaban socavando el socialismo en Checoslovaquia, que sería víctima de una “conjura imperialista”, mientras la prensa de Praga destapaba crímenes estalinistas cometidos en Checoslovaquia, en algunos de los cuales habrían participado el secretario general de la URSS Leonidas Brezhnev y su primer ministro Kosygin. En 1968 el desfile del Primero de Mayo en Praga se convirtió en una gran manifestación de libertad en la que los trabajadores se atrevieron a portar pancartas críticas contra el sistema comunista. Esa misma noche Dubcek fue llamado a Moscú para dar explicaciones.

La invasión

Ante la deriva democrática de la llamada Primavera de Praga, en el mes de julio los soviéticos se planteaban ya seriamente intervenir en Checoslovaquia. No querían que se repitiesen las críticas por la invasión de Hungría, de la que iban a cumplirse doce años, pero no estaban dispuestos a que otro país intentara alejarse de su órbita de influencia, sobre todo por temor a provocar reacciones de efecto dominó en otros territorios aliados. Los medios de comunicación soviéticos comenzaron a informar sobre supuestos crímenes contra el socialismo en Checoslovaquia y sugerían haber recibido una petición de auxilio de la población ante lo que llamaban un golpe de estado. Cuando fue llamado de nuevo a Moscú, Dubcek se negó a acudir para rendir cuentas sobre los últimos episodios de liberalización del régimen (fue la primera vez que un dirigente comunista se atrevió a desobedecer una orden de Moscú). La suerte estaba echada. Ese mismo mes un enorme contingente de tropas del Pacto de Varsovia, en su mayoría soviéticas, apoyado por numerosas divisiones acorazadas, rodeó Checoslovaquia desde Alemania del Este, Polonia, Ucrania y Hungría. Según Moscú sólo se trataba de maniobras militares. En efecto,  a finales del mes pareció que las tropas comenzaban a retirarse. Pero sólo era una táctica de distracción.

Nadie sabe muy bien qué decidió exactamente a los líderes soviéticos iniciar la invasión en esa fecha, pero la noche del 20 de agosto de 1968, 4600 tanques y 165 000 soldados de cinco países del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia a través de veinte pasos fronterizos desde Alemania del Este, Polonia y Hungría. Fue una operación militar contra un país cuyo ejército había recibido órdenes del propio Dubcek para no oponer resistencia. A las nueve de la mañana del día siguiente los paracaidistas irrumpieron en el despacho de Dubcek, lo arrestaron y lo trasladaron a Ucrania, donde fue confinado junto a otros líderes checoslovacos en barracones del KGB.

En las calles, la población, liderada por los estudiantes, comenzó a levantar barricadas que eran inmediatamente arrasadas por los tanques. Los checos se enfrentaban lanzando piedras y cócteles molotov al mismo tiempo que los invasores abrían fuego contra la multitud. Hubo 72 muertos y más de 700 heridos.

Entonces ocurrió algo con lo que no contaban los soviéticos: 45 minutos de imágenes sobre la invasión, grabadas además por la televisión checoslovaca, traspasaron clandestinamente las fronteras y se emitieron en los informativos de las televisiones occidentales, desmintiendo la versión soviética de estar sofocando un golpe de estado en Checoslovaquia. Aquellas imágenes frustraron los planes de Moscú de mostrar al mundo a un nuevo gobierno prosoviético saludando a las fuerzas “liberadoras”. En aquellas imágenes, entre el caos y la confusión, se veía a jóvenes checoslovacos con banderas ensangrentadas enfrentados a un ejército de cinco naciones fuertemente armado y a los tanques que ocupaban las calles. Imágenes ratificadas más tarde por las que el fotógrafo Josef Koudelka tomó en las calles de Praga y sacó de su país, también de forma clandestina, con la ayuda de la escritora Anna Fárová y el fotógrafo Elliott Erwitt.

Los partidos comunistas occidentales condenaron la iniciativa de la URSS y hasta Ceaucescu desde Rumanía y Tito desde Yugoslavia criticaron la invasión. Fuera de la Europa del Este sólo la respaldaron Fidel Castro y los partidos comunistas de Corea del Norte y Vietnam.

Fin de la primavera. de nuevo, el invierno

Mientras los tanques ocupaban Checoslovaquia, Dubcek y los líderes que habían compartido con él la Primavera de Praga fueron obligados a firmar el Protocolo de Moscú, por el que los soviéticos brindaban al partido checoslovaco “comprensión y apoyo” para perfeccionar los métodos de gobierno de la sociedad. Las tropas serían retiradas de su territorio en una fecha que dependería del progreso hacia “la normalización”. Normalización significaba regreso a la dictadura. En septiembre volvió de nuevo la censura de prensa. En octubre los soviéticos mantenían aún las tropas invasoras en Checoslovaquia, alegando que el  país era un hervidero de peligrosos contrarrevolucionarios. Los soviéticos devolvieron el poder a un Dubcek enfermo y debilitado, que apenas tenía fuerzas para sostenerse. El 21 de diciembre pronunció su último discurso ante el Comité Central y días después fue destituido y dado de baja en el partido. La Primavera de Praga había llegado a su fin.

Afirma Mark Kurlansky en su obra “1968. El año que conmocionó al mundo” que hay que decir en favor de Dubcek que nunca se dejó intimidar ni comprar  por el comunismo ni por el capitalismo, nunca jugó a la guerra fría, nunca rompió un tratado ni traicionó un acuerdo ni antes ni durante los 220 días que permaneció en el poder. Dubcek sólo había querido iniciar una senda reformista para el comunismo, lo mismo que años más tarde intentaría hacer Mijail Gorbachov. Moscú consiguió abortar las reformas del nuevo socialismo que Dubcek pretendió implantar durante aquella Primavera de Praga. Sin embargo, aunque la invasión de Checoslovaquia interrumpió aquel proceso, todos coinciden en afirmar que inició el principio del fin de la Unión Soviética, un derrumbe que aún tardaría veinte años en culminar, cuando cayó en 1989 el muro que dividía la ciudad de Berlín.

Para saber más

Las flores y los tanques de Luis Zaragoza cubiertaRecientemente se han publicado dos muy interesantes libros sobre la Primavera de Praga. “Las flores y los tanques. Un regreso a la Primavera de Praga”, de Luis Zaragoza (Ed. Cátedra) es un amplio y detallado trabajo sobre los hechos que configuraron el experimento de Alexander Dubcek, desde los orígenes históricos hasta la represión de la revolución por los tanques soviéticos. Se incluye una relación de los principales protagonistas de este corto periodo histórico y una amplia bibliografía.

Por su parte, “La destrucción de una esperanza. Manuel Sacristán y la Primavera de Praga: Lecciones de una derrota” (Akal), de Salvador López Arnal, recoge las reflexiones y los trabajos teóricos que el filósofo Manuel Sacristán (entonces miembro de la ejecutiva del clandestino Partido Socialista Unificado de Cataluña, PSUC) escribió sobre este acontecimiento que llevó al teórico comunista a plantear una nueva relación teórica y política en relación con el llamado socialismo real.

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Sobre Francisco R. Pastoriza

Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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