Cine iraní: los niños del Sol

El cineasta Majid Majidi nos regala un film testimonio de la infancia en Medio oriente, el film: The Sun o Los niños del Sol, título simbólico, ya que Sol se llama la escuela para niños de la calle donde van a estudiar y buscar un nuevo camino para sus vidas. El film fue presentado en el Festival de Cine de Miami y ha provocado diversas reacciones.

Majid Majidi
Majid Majidi

«Quise alertar que hay millones de niños que trabajan en la clandestinidad, explotados y sin provenir». Nos comentó Majidi en una entrevista online con el director del festival Jaie Laplante.

También nos dijo que deseaba crear un film para mostrar lo que vive la niñez abusada, discriminada y volcada a las calles, la infancia marginada. Aunque la historia sucede en Teherán, puede situarse en Latinoamérica, India, África, China u otros países asiáticos. Son los niños marginados del mundo.

Majidi confesó la influencia que tuvo el cine neorrealista italiano, como impactó en su concepción cinematográfica, algo que es evidente, aunque su estilo es más estructurado que los filmes italianos más sentimentales.

El realizador es consciente de su labor y de la importancia de la creación de relatos que revelen los problemas sociales actuales. Está considerado dentro de la generación de directores comprometidos, pero con un estilo propio. Asimismo, Majidi, apoya los festivales de cine de su país que impulsan la industria fílmica en Irán, cada vez más relevante, junto con Turquía.

El cine iraní o persa tiene su inicio en los comienzos del siglo veinte, cuando se celebró la Exposición Universal de París y el Sha de Irán, invitado al evento, vio la extraña máquina que llamaban «cinematógrafo». Con tropiezos y dudas se fue desenvolviendo el interés por el cine abriéndose salas que familiarizaron al público con el séptimo arte.

Es a partir de los años cincuenta que el cine iraní comienza a ser reconocido, se crea el festival de cine de Irán, surgen escuelas de cine, archivos y se postulan diversos temas orientados a una visión comercial, surge el llamado «motefavet» y paralelamente la nueva ola de cine iraní llamada «Super 8», con realizadores independientes.

Con la Revolución islámica el cine iraní estuvo sujeto a censura. Muchos directores durante los años ochenta buscaron las ventanas internacionales para expresar sus contenidos. La década de los años noventa mostró el resurgimiento de talentos del cine iraní y el reconocimiento a través de festivales internacionales donde los filmes iraníes obtuvieron varios premios.

Majidi es un director reconocido a nivel mundial, por su cine de denuncia y profesional; por eso, su larga trayectoria es merecedora de premios. La niñez tiene preponderancia en su temática fílmica, como se ve en Niños del cielo, de 1997, la primer película iraní nominada al Oscar, como mejor película extranjera. El color del paraíso de 1999 donde cuenta la vida de un niño ciego, mereció Premio a la mejor película en el Festival de Montreal. 

En 2005, estrena Las cenizas de la luz o El sauce llorón, luego filma El canto de los gorriones y en el 2015, estrena Mahoma, un film controversial y una de las producciones más caras de la historia del cine en Medio oriente.

Los niños del Sol fotograma
Los niños del Sol, fotograma

Con Los niños del sol vuelve a obtener premios y retoma el tema de la infancia y el trabajo infantil. Cabe destacar que es una producción propia y que Majidi es guionista de sus filmes, lo cual le permite una visión integral y personal en la factura del film. 

Se evidencia como director que maneja bien a infantes, el actor Rouhallan Zamani obtuvo el galardón Marcelo Mastroianni por su actuación, en el Festival de Venezia. El adolescente lleva el peso del film, imprime ansiedad y deseo, propio de su edad, ante la posibilidad de descubrir un tesoro, escavando en la escuela el Sol. El verdadero «Tesoro» esta en la enseñanza y el aprendizaje, sin embargo, el «Tesoro» de la educación o las monedas de oro que persigue el muchacho se deshacen frente a la triste realidad, explotado por mafiosos y contrabandistas.

Con una cámara ágil, a pesar de las dificultades de filmar en los túneles, una dirección de menores encomiable y una producción cuidadosa, el film logra su objetivo, mantiene el ritmo y nos contagia la inocencia, el esfuerzo, la decepción, y esperanza de los niños. 

Para Majidi hay esperanza si somos capaces de ser responsables como sociedad frente al problema de la infancia marginada. Decir esas verdades, denunciarlas es parte de su filosofía cinematográfica. Sin duda, el film critica a los políticos que no solucionan los problemas, pero también a la sociedad por no ser más participativa y demandante para mejorar la situación d e los menores marginados.

El problema de la infancia y el trabajo infantil no es nuevo; cuando yo filmé La niña del gato (1953), el film fue precursor de ese tema en Latinoamérica, ya que interpretaba a una niña de la calle, marginada y ladrona, y, en ese entonces UNICEF ya había alertado de los problemas de los menores a nivel mundial.

Haciendo historia: en 1924, la Sociedad de Naciones aprueba la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, donde se reconoce el derecho del niño a su desarrollo y protección frente a la explotación.

En 1946, la Asamblea General de las Naciones Unidas crea el Fondo Internacional de Emergencia para la Infancia, UNICEF, centrado en los menores del mundo. En 1959, la misma Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Declaración de los Derechos del Niño, derecho a la educación, salud, juego y un entorno que lo apoye. 

Los programas de ayuda de ambos organismos continuan, en 1965, UNICEF recibió el Premio Nobel. Según datos de Naciones Unidas, actualmente trabaja con 190 países para ayudar a la infancia, declarando que uno de cada cinco menores viven en extrema carencia, 149 millones de niños sufrieron retraso en el crecimiento y 175 millones no están matriculados en educación escolar. A esto se suman los niños desplazados por conflictos bélicos y la violencia contra ellos.

Aunque se han logrado avances con los países involucrados sobre la mortandad infantil y el abuso, queda mucho por hacer, porque la burocracia es muy lenta y el drama esta latente. 

Majidi tiene razón en traerlo a la pantalla y alertarnos que todos somos culpables y cómplices si no presionamos a gobiernos e instituciones y si no participamos más activamente en el mejoramiento de las condiciones de nuestra población infantil. 

El sol puede salir, como en el cine, si una luz ilumina el escenario y todos los actores trabajamos para un fin común. 

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