Claude Monet y Eugène Boudin, obras paralelas

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Se expone en Madrid una muestra con los cuadros de ambos artistas, que recogen la influencia del maestro en su discípulo

En el siglo XIX, la modernidad comenzaba a asomarse en las costumbres de la sociedad burguesa a través de nuevos rituales, como el veraneo en las playas, transformadas en escenarios de la vida social, y los pintores de la época comenzaron a sacar al aire libre sus caballetes para recoger en sus lienzos el bullicioso ambiente del  momento en aquellos nuevos paisajes de moda.

Uno de los primeros artistas en descubrir para el arte la iconografía de la vida moderna fue Eugène Boudin (1824-1898), quien trasladó su estudio a los acantilados de las costas de Bretaña y Normandía y a las playas de Trouville, donde se daban cita los primeros veraneantes del siglo. En esa época, Boudin hacía las compras de óleos y materiales de pintura en la papelería Gravier, en el puerto de El Havre, y fue allí donde coincidió en la primavera de 1856 con un joven artista llamado Claude Monet (1840-1926), que se dedicaba a dibujar caricaturas de personajes populares. Boudin lo felicitó por su trabajo y lo animó a abordar otro tipo de pintura, para lo que se ofreció a ejercer como maestro.

Esta propuesta de convertirse en discípulo de Boudin cambió la vida de Monet, quien desde ese momento inició una carrera que lo llevaría a convertirse en una de las grandes figuras del arte del siglo XX. “Si me he dedicado a la pintura, se lo debo a Eugène Boudin”, diría Monet en 1911 a Georges Jean-Aubry, biógrafo de su maestro. El paralelismo entre la obra de Boudin y la del joven Claude Monet puede apreciarse ahora en la exposición “Monet / Boudin” que estos días se puede ver en el Museo Thyssen de Madrid.

Monet El Havre

Boudin El Havre

Paisajes, marinas, escenas de playa

La primera obra que Monet se atrevió a exponer en su nuevo estilo fue una escena bucólica  en la que sobre un cielo azul se recorta la silueta de unos chopos y la de un pescador de camisa azul sentado a la orilla del río. Es “Vista de los alrededores de Rouelles”, claramente  inspirada en las obras que Boudin había dedicado a las proximidades de El Havre, concretamente en “Paisaje normando”. En paralelo a las costumbres, la nueva sociedad comenzaba a solicitar pinturas con temas relacionados con los motivos a los que Boudin y Monet habían dedicado algunos de sus cuadros. Uno de los géneros más demandados fue el de las marinas, que Boudin, hijo de un marinero, había practicado desde la infancia. Paisajes con barcas, escenas de pescadores, actividades pesqueras… fueron frecuentes durante esta etapa en la obra de ambos pintores.

A pesar de haberse instalado en París desde 1859, Monet no dejó de relacionarse con Boudin a través de una correspondencia nutrida y de frecuentes viajes a El Havre para ser testigo de la evolución de su maestro. En 1862 ambos coincidieron con el holandés Johan Barthold Jongkind, del que admiraban un estilo que iba a desembocar en el impresionismo. Monet estaba interesado en las marinas de Courbet y de Manet, que inspiraron su monumental “La playa de Sainte-Adresse”, y Boudin volvía cada verano a Trouville para pintar a los veraneantes en sus playas y a los pescadores en sus muelles, mientras seguía con sus marinas, mejor pagadas en el mercado del arte. Monet continuó la estela de Boudin en el verano de 1870 y se instaló con su familia en Trouville, donde retrató a su esposa en “Camille en la playa de Trouville” y a la de Boudin en “La playa de Trouville”.

MONET Playa Trouville

Los paisajes de Boudin y Monet fueron evolucionando con la utilización de estudios de cielos al pastel en los que mostraban, con variaciones de luz y color, las diferentes condiciones atmosféricas de las distintas estaciones del año y las diferentes horas del día. En 1890 Monet daría un giro a su obra basándose en la captación de esas diferentes condiciones ambientales y lumínicas latentes ya en Boudin. “Brazo del Sena cerca de Vétheuil”, “La inundación” y los diecisiete óleos que dedicó al deshielo del Sena se encuadran en esta etapa del pintor impresionista. Fue con estos últimos cuando, en una carta al marchante Durand-Ruel, Monet  utilizó por primera vez la palabra “serie” para referirse a un conjunto de cuadros de temática similar, un término que hizo fortuna en el mundo del arte. Boudin también dedicaba series a los muelles de Trouville y a los paisajes del río Touques pintados en diferentes horas del día. A partir de 1880, en los cuadros de Monet las figuras humanas ceden protagonismo al paisaje y a la naturaleza (“La aguja de Étretat, marea baja”, “Rocas en Belle-Île-en-Mer”), mientras Boudin, alcanzada su consagración definitiva, iniciaba una última etapa más personal con obras como “Marea baja”.

El encuentro con la luminosidad del Mediterráneo fue un verdadero descubrimiento para ambos artistas. Monet viajó en 1884 por la Costa Azul y la Riviera italiana junto a Renoir. Por su parte, Boudin hizo suya esta misma luz mediterránea a raíz de su visita a Antibes y Banlieu en 1892.

BOUDIN Acantilado

Monet aguja

A pesar de que a partir de 1894 las relaciones entre Boudin y Monet se enfriaron por cuestiones personales, ambos se admiraban mutuamente y seguían interesados cada uno en la obra del otro. Cuando se celebró la primera exposición del impresionismo en 1894, Monet, quien exponía allí varias obras que homenajeaban a Boudin, invitó a su maestro a participar con varios lienzos, acuarelas y pasteles. Y a la muerte de Boudin, Monet fue de los más esforzados colaboradores en la exposición póstuma dedicada a su maestro y adquirió para su colección particular la acuarela “Miriñaques en la playa” y el óleo “Honfleur, el campanario de Sainte-Catherine”.

  • TÍTULO. Monet/Boudin
  • LUGAR. Museo Thyssen Bornemisza. Madrid
  • FECHAS. Hasta el 30 de septiembre de 2018

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