Cuba impulsa sus planes de desarrollo con el reto de las tendencias demográficas de envejecimiento

El envejecimiento demográfico, las bajas tasas de fecundidad y la emigración de personas jóvenes, calificadas y en edad laboral debido al desfavorable contexto económico, plantean desafíos a las metas de desarrollo de Cuba, cuya población tiene la característica anómala de decrecer, informa Luis Brizuela (IPS) desde La Habana.

Jóvenes y adolescentes transitan por el Paseo del Prado en La Habana © Jorge Luis Baños / IPS
Jóvenes y adolescentes transitan por el Paseo del Prado en La Habana © Jorge Luis Baños / IPS

«El recurso más importante de un país es su gente. La población en un determinado momento no es mucha ni poca. Lo que hay que buscar es la adaptación de todos los planes económicos y sociales con las disponibilidades reales de personas«, sostuvo al dialogar con IPS Juan Carlos Alfonso, vicedirector de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei)

En 2016 vivían en Cuba 11.239.224 personas, al parecer la cota máxima que alcanzará la población de este país insular caribeño.

Residían en la isla en marzo de este año 11.082.964 habitantes, señalan cifras preliminares de la Onei.

Para 2025 Cuba tendrá una población inferior a once millones de ciudadanos, diecisiete años después debe bajar de los diez millones y serán menos de nueve millones en 2055, según las proyecciones de la entidad.

«Es un asunto a seguir muy de cerca. Habrá menos trabajadores para la construcción o la agricultura, y los profesionales deberán aprovecharse mejor, estar más capacitados y pagarles más. Es un proceso complejo. En eso se está trabajando», sostuvo el demógrafo.

El gobierno elevó la atención al tema desde 2006 y mantiene una comisión para atender la dinámica demográfica y el envejecimiento, encabezada por el primer ministro.

El año pasado, por segundo año consecutivo en casi seis décadas, se registraron menos de cien mil nacimientos (95.403) y la segunda mayor cifra de fallecimientos (120.098), solo antecedida por los 167.645 de 2021, en el contexto de la pandemia.

El índice global de fecundidad (hijos por mujer) descendió aún más, a 1,14. Desde 1978 el país no alcanza los 2,1 nacimientos promedio, la cifra clave para garantizar el reemplazo generacional.

La baja tasa de fecundidad responde, en parte, a los servicios de educación universal y gratuita que elevaron la instrucción social, políticas públicas favorables al empoderamiento y empleo femenino, y estrategias de planificación familiar que llevan a las mujeres a posponer la maternidad hasta completar sus proyectos profesionales.

Incide asimismo el derecho al aborto voluntario y gratuito en instituciones del sistema de salud pública, junto con el acceso a métodos anticonceptivos.

Factor económico

La persistente crisis económica desde hace tres décadas y la incapacidad del modelo socioeconómico cubano para producir bienes y servicios con los cuales satisfacer plenamente necesidades básicas, incluida la alimentación o acceso a una vivienda, influyen en el comportamiento de algunas variables demográficas, consideraron expertos consultados por IPS.

El fortalecimiento del embargo estadounidense, la covid, inflación y dolarización parcial deterioraron aún más la economía doméstica en el último lustro, golpeada además por la descapitalización de la mayoría de las industrias y baja productividad.

A ello se suman errores en la aplicación de políticas y dilaciones de necesarias reformas económicas.

Persiste el desabastecimiento de medicinas y productos esenciales, mientras que la capacidad de ahorro de un número significativo de familias se encuentra inmovilizada.

El salario medio mensual equivale a veintitrés dólares y las pensiones mínimas no sobrepasan los nueve dólares, teniendo en cuenta la tasa del mercado informal.

El economista Omar Everleny Pérez Villanueva calcula en unos 267 dólares mensuales el costo de la vida de una persona en Cuba, e incluso para que una familia de dos miembros enfrente gastos elementales.

Para sustentar los planes de desarrollo la isla requiere un aumento anual sostenido de al menos seis por ciento de su producto interno bruto (PIB).

Pero los últimos años estuvieron marcados por bajos ritmos de crecimiento e incluso contracción del PIB, y siguen sin alcanzarse las deseadas metas de inversión extranjera directa, de al menos 2500 millones de dólares anuales.

«La vida está muy dura. Los alimentos están cada vez más caros. Faltan medicinas, hay problemas con el transporte, los salarios no alcanzan. Muchos jóvenes se sienten estancados y prefieren irse a otro país a probar suerte», comentó a IPS la contadora Idania Reyes, de 38 años residente en La Habana.

Reyes apuntó que «muchas mujeres no quieren parir porque no tienen recursos para enfrentar un embarazo y luego la crianza».

Ella misma, reconoció, postergó la maternidad «porque después de graduarme vivo con mi esposo y los suegros. Tenemos poco espacio. Nuestro hijo nació hace cuatro años. Me hubiera gustado tener otro, pero en estas condiciones es imposible».

Cuba posee un déficit de 863.000 viviendas, además de escasa oferta de materiales de construcción y elevados precios. Tal situación obliga a personas de distintas generaciones, con sus parejas y descendientes, a convivir bajo un mismo techo ante la imposibilidad de comprar o reparar una casa o apartamento con sus salarios.

De acuerdo con la Onei, 22,3 por ciento de la población cubana tiene sesenta años y más, y al concluir este año la cifra será un punto porcentual superior.

Para 2025 uno de cada cuatro residentes en la isla será un adulto mayor. Una década después este grupo poblacional representará un tercio del total y aumentará las presiones sobre la población económicamente activa, que a su vez disminuirá.

Tales pronósticos, además de exigir un sistema integral de cuidados en el cual confluyan entidades estatales y privadas y un aumento de hogares de ancianos, demandará la formación de más personal de enfermería, de la medicina y asistentes especializados en geriatría para afrontar los retos de la demencia y discapacidades, además de la atención de salud y psicológica para la calidad de vida.

Emigración

El aumento de la emigración se aceleró en 2022. Solo a Estados Unidos, donde se asienta la mayor comunidad de migrantes cubanos, estimada en 1,5 millones de personas, arribaron de forma irregular el año pasado unas 250.000 personas, dos por ciento de la población en la isla.

Entre enero y el 30 de abril han sido beneficiados con un parole humanitario (autorización de permanencia) más de 24.000 cubanos de los cuales ingresaron a Estados Unidos unos 22.000, mientras los demás están en proceso de hacerlo.

De hecho, más de 380.000 solicitudes esperan por ser procesadas como parte del programa establecido por la administración del presidente Joe Biden, informó el lunes 22 la cadena CBS a partir de documentos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

Sin cifras disponibles sobre las llegadas de cubanos a otras naciones para residenciarse en ellas, el éxodo total desde 2022 podría equivaler a cinco por ciento de los 4,7 millones de personas que conforman la población económicamente activa.

Economistas se han referido al impacto que pudieran tener los cubanos residentes en el exterior en los planes de modernización de la economía nacional, para lo cual harían falta nuevos estímulos y decisiones más audaces que, por ahora, mantienen en pausa ese aporte.

A esa dirección parecen dirigirse recientes regulaciones migratorias como la extensión a diez años de la validez del pasaporte cubano para ciudadanos mayores de dieciséis años, desde el 1 de julio.

Asimismo se eliminará el actual requisito de prorrogar el documento cada dos años, y disminuirá el costo de tramitación en los consulados, anunció el 16 de mayo Ernesto Soberón, director general de Asuntos Consulares y Atención a los Cubanos Residentes en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores.

«Me parecen medidas positivas. Teníamos que pagar muy caro por un pasaporte que duraba apenas seis años. Era injusto con todos los que como yo, nos fuimos buscando una mejor vida, pero seguimos siendo cubanos», comentó a IPS la migrante Karen Sánchez, residente desde hace una década en la ciudad estadounidense de Nueva Jersey.

A juicio de Alfonso, «son medidas beneficiosas que facilitan las relaciones, pero es temprano aún para evaluar los efectos».

El propio Alfonso recordó que desde la reforma migratoria, en vigor desde enero de 2013, se contabilizan seis millones de viajes al exterior de cubanas y cubanos.

La ley permite a las personas estar fuera de la isla por veinticuatro meses sin perder la residencia.

Se mantiene vigente la prórroga de estancia ininterrumpida en el exterior, más allá de los dos años, automática y sin costo; anunciada en marzo del 2020, a partir del cierre de fronteras por la covid.

En enero de 2019 la Encuesta Nacional de Migraciones mostró que 75 por ciento de las personas que fijaban residencia temporal en el exterior tenían de 15 a 49 años, y 88 % de quienes lo hacían permanentemente.

La pesquisa reveló que 85 por ciento de las personas menores de cuarenta años y 80 por ciento de aquellas con cuarenta años o más poseían nivel educacional medio o superior, mientras que casi dos tercios (64 por ciento) tenía empleo antes de viajar.

Antonio Aja, director del Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universidad de La Habana, ha argumentado que el gobierno debe resolver la contradicción de disponer de un capital humano altamente desarrollado, y la falta de condiciones para absorberlo a plenitud y satisfacer las necesidades y expectativas de esos sectores profesionales, como consecuencia del nivel de desarrollo en el país.

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