El best-seller: teoría y práctica

El escritor colombiano Rubén Humberto Moreno Durán contó un día a Nelson Almirante el método que un profesor de un taller literario enseñaba a sus alumnos para escribir una novela con garantías de que se convirtiera en best-seller. Tenía que cumplir unas ciertas características: nobleza en sus personajes, un trasfondo religioso (como en “El código Da Vinci” o “El nombre de la rosa”), un poco de sexo (o mucho, como en “Las sombras de Grey”) y un cierto misterio, que al final el escritor puede resolver o dejar a la imaginación del lector (véase “Millennium”).

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Xulio Formoso: Best-Seller

Todos estos elementos, bien combinados literariamente, habrían de estar encabezados por una frase que los contuviera a todos, al modo de “¡Ay, Dios mío -dijo la marquesa- estoy embarazada y no sé de quién!”.

El escritor y agente literario Al Zuckerman desarrolló en “Cómo escribir un best seller” (Grijalbo), ya en serio, las técnicas para conseguirlo, algunas no muy distintas a las de la anécdota que encabeza estas líneas.

Un término polémico

El calificativo de best seller se aplica a aquellas obras literarias que venden grandes cantidades de ejemplares en tiradas y ediciones sucesivas. Se trata de éxitos efímeros que se olvidan una vez pasada la temporada y cuyos autores previsiblemente nunca formarán parte de los cánones de la historia universal de la literatura. Se aplica siempre con un cierto tono peyorativo porque se considera que para llegar a una gran masa de lectores la calidad ha de rendirse a los valores más comerciales de la industria del consumo.

Sin embargo, este único criterio no puede aplicarse al concepto de best seller que venimos manejando porque también grandes obras de la literatura venden o han vendido millones de ejemplares. El ejemplo más común es el de “Cien años de soledad”, de García Márquez, que desde el momento de su aparición fue un best seller y que aún continúa vendiendo un número nada desdeñable de ejemplares. Por no hablar de grandes clásicos de la literatura como El Quijote o las obras de Shakespeare (y de la Biblia, el libro más vendido de la historia). Para este tipo de libros cuya venta se extiende en el tiempo se ha buscado otra denominación, la de long-sellers, dejando entonces para los best seller otra condición: la de que las ventas se produzcan en un corto periodo de tiempo.

Vila-Sanjuan-codigo-best-sellerEl fenómeno best seller ha sido estudiado desde múltiples ópticas. Dos de los ensayos recientes más recomendables son “Código best seller”, del crítico Sergio Vila-Sanjuán, que acaba de ser reeditado en bolsillo por Alianza, y “El enigma best seller” (Ariel), del profesor David Viñas Piquer.

Las razones del éxito de un best seller son enigmáticas. Decía el escritor Joseph Conrad que sólo hay dos tipos de libros que se venden bien: los muy buenos y los muy malos. Y Baltasar Porcel afirmaba que cuando una novela se vende, se vende por algo que no es la novela. En efecto, el hecho de que el autor sea un protagonista mediático, de que la trama o la publicación estén rodeadas de un cierto escándalo, que la edición obedezca a una gran operación de marketing, que haya sido adaptada al cine o a la televisión o que algún político o un personaje relevante lo cite como una de sus lecturas, ha contribuido al éxito de no pocos best-sellers.

Algunos de los estudios más serios identifican las razones de la venta masiva de un libro con sensibilidades latentes en un momento determinado en el inconsciente colectivo de una sociedad, a un momento cultural específico. Vila-Sanjuán cita el fenómeno de “El libro de la vida sexual” de López Ibor, en España, en un momento en el que en el país se iniciaba el proceso de liberalización de costumbres. Más anecdóticos, aunque también más ilustrativos, el de “El otoño del patriarca” de García Márquez, y sobre todo “Esta noche la libertad”, de Dominique Lapierre y Larry Collins, cuyo lanzamiento coincidió con la agonía de Franco, a pesar de que el contenido del primero se refería a un dictador latinoamericano y el último al proceso de descolonización de la India.

Vila-Sanjuán hace un recorrido por la historia de los best seller desde la Edad Media hasta la actualidad, pasando por la aparición de la imprenta, el Renacimiento, los siglos XVIII y XIX, en los que comenzó a mostrarse como fenómeno emergente, hasta llegar al siglo XX, en el que se consolidó en paralelo al desarrollo de la cultura de masas y a la aparición de las listas de ventas y los premios literarios. En la actualidad el afianzamiento de las megalibrerías, la venta de libros y ebooks por internet y el fenómeno de la globalización han convulsionado el mundo editorial, aportando una nueva variante, la del megaseller, libros que venden millones de ejemplares en un tiempo record.

Descifrando un enigma

portada-El-enigma-best-sellerDavid Viñas Piquer intenta desentrañar el enigma que rodea a un éxito literario a través de un exhaustivo análisis de algunas de las novelas que han alcanzado un elevado índice de ventas en los últimos años. Para el profesor Viñas los best seller son obras literarias marcadas por dos prejuicios: el de estar pensadas para el puro entretenimiento, para ser rápidamente consumidas y olvidadas, y el de ser de baja calidad. Se acusa al best seller de difundir productos de nivel ínfimo o de banalizar la calidad convirtiéndola en un objeto de consumo; de aprovecharse de lo que otros ya habían aportado a lo largo de arduas exploraciones y esforzados procesos; de estar llenos de trampas para cazar lectores que carecen de intereses culturales. Su estética se identifica con lo kitsch y su contenido está plagado de historias de pasiones básicas arropadas por tramas artificiosas. Se trata de seducir a través de las historias que se cuentan y no del estilo literario en el que están escritas. Además evitan todo lo que exija un esfuerzo de concentración o lleve a una reflexión en profundidad sobre el tema tratado.

Tomando como modelo el análisis que Vladimir Propp utiliza en “Morfología del cuento”, un estudio comparatista de los cuentos populares que demuestra la existencia de esquemas fijos transmitidos de generación en generación, David Viñas aplica esta misma fórmula a los best seller, pero esta vez tomando como modelo los géneros literarios clásicos de los que se alimentan. Así, el best seller es enfrentado a las novelas de aventuras, de las que extrae la figura del héroe como fuente de inspiración; a las novela de formación, de las que se aprovecha para extraer lecciones de vida a través de procedimientos de autoayuda; a la literatura fantástica, de la que se deriva la novela gótica; a la novela policíaca, de la que adopta sus métodos para mantener la atención en la resolución de los enigmas y, sobre todo, de la novela histórica.

Pero lo que llama la atención en el análisis que lleva a cabo el profesor Viñas es la mezcla de casi todos estos géneros en la mayor parte de los grandes best seller. Así, por ejemplo, se puede considerar a “El nombre de la rosa”, de Umberto Eco, como una novela histórica en la que se desarrolla una trama policiaca que se escenifica en un ámbito gótico y que contiene elementos de las novelas de formación, escenas de erotismo y componentes aventureros. Similares conclusiones se derivan de los análisis de obras como “Los pilares de la tierra” de Ken Follett, “La catedral del mar” de Ildefonso Falcones, “El médico” de Noah Gordon, “Soldados de Salamina” de Javier Cercas, o “El Código Da Vinci” de Dan Brown.

El fenómeno Paulo Coelho

El brasileño Paulo Coelho es uno de los mejores ejemplos de escritores de best seller. Su obra “El alquimista” ya había vendido en 1988 unos cien millones de ejemplares (más de 300.000 en España). Su última novela, “Adulterio” (Planeta), se colocó en el número uno de las listas de ventas de nuestro país desde la primera semana de su lanzamiento.

“Adulterio” contiene todos los tópicos propios de un best seller, según los análisis del profesor David Viñas: aventura, sexo, religión, autoayuda… todo ello envuelto en un texto de construcciones sintácticas muy simples en el que no hay ni una sola palabra para cuya comprensión haya que echar mano de un diccionario. Aquí, un matrimonio en la treintena, de clase alta y de economía saneada, que vive una existencia rutinaria en la ciudad suiza de Ginebra, pasa por una crisis de convivencia a causa de la inestabilidad emocional y sicológica por la que atraviesa la mujer, Linda, una periodista de éxito casada con un financiero dispuesto a resguardar contra todas las adversidades el amor que siente por su esposa. El reencuentro con un ligue de juventud desata en la mujer un deseo sexual irrefrenable que termina en el adulterio que da título a la novela.

El hilo conductor es aquí, por lo tanto, la aventura (¿no se dice de una relación extramatrimonial que es una aventura?), con un objetivo prefijado (la conquista de un hombre), reafirmado por la propia protagonista (“Ya he conseguido lo que quería, aventura”. P.199. “Aventura. Mi único deseo era a-ven-tu-ra”. P.258). También la acción que, en una sucesión de avatares regidos por principios divulgados en los libros de autoayuda, se desarrolla aquí en presencia de un trasfondo religioso, desde la introducción (dos citas bíblicas) hasta el desenlace, en el que la sensación de eternidad experimentada por la protagonista durante un salto en parapente se convierte en la Revelación que le hizo salir del agujero negro en el que estaba: “Sólo el Amor Verdadero puede competir con cualquier amor de este mundo”, “Me estaba muriendo y el Amor me resucitó” (obsérvese la utilización de mayúsculas). Incluso antes que las soluciones médico-científicas de sicólogos y siquiatras, se aceptan las de los chamanes consultados por la protagonista, por ser más cercanas a las explicaciones religiosas. ¿Por qué se produce el adulterio?, pregunta Linda a uno de ellos: “Porque nos alejamos de Dios”, es su respuesta.

Así que sólo falta la moraleja final: su matrimonio se salva gracias a la experiencia del adulterio de Linda.

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1 Comentario

  1. Sorprendente como se publican libros para hacer best sellers que seguramente serán también best sellers ellos mismos. Muy ilustrativo el artículo del profesor Pastoriza y hasta divertido dentro de lo impecable y correcto de su estilo académico. El dibujo, excepcional como siempre, cargado de símbolos y significados. Hoy hemos tenido la suerte de ver simultaneamente dos dibujos de Xulio, circunstancia que no se da muy a menudo. En lo particular este me hubiera deslumbrado de no haber visto primero el de Bob Dylan.

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