El general Perón, presidente de Argentina y mis recuerdos

La primera vez que vi al general Juan Domingo Perón, tres veces presidente de los argentinos (1946- 1952/ 1952-1955/ 1973-75), fue cuando se inauguró, el 8 de marzo de 1954, el Festival Internacional de Cine, en Mar del Plata.

Me invitaron porque ya era una estrella infantil de cine reconocida y fui con mi mamá. La explanada frente al Hotel Provincial estaba preparada con un bello escenario, una platea y una enorme alfombra roja por la que desfilé, para asistir a la ceremonia de apertura.

Llegaron Zully Moreno y Amadori, Luis Sandrini y Malvina Pastorino, Gina Lollobrigida, Errol Flynn, un desfile de luminarias. Un gran aplauso acompañaba a cada figura. De pronto, hubo una ola de gritos: llegaba el general Perón con su uniforme de gala y su comitiva. Fue una gran entrada con sus ministros, el público aclamando y los reflectores que iluminaban por doquier.

Se presentaron cincuenta películas de dieciocho países y estaba toda la industria cinematográfica presente. Fue, sin duda, algo histórico para el cine argentino. Desde entonces y aunque haya sufrido avatares, es el único Festival de Cine reconocido en el continente americano por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos (FIAPF), Categoría A, junto con los festivales de Cannes, Berlín, Venecia y San Sebastián. Esa noche fue inolvidable!

También fui invitada a participar en el programa «Estrellas al Mediodía», que se trasmitía los domingos en cadena nacional y se realizaba desde los estudios de Radio El Mundo, en Buenos Aires. El Ministro de Telecomunicaciones, me recibió en su despacho con mis padres y me dijo que era una invitación especial del general Perón para que colaborara, ponían un auto para mi traslado, con mis padres. Actuaría haciendo una niña de campo que dialoga con su papá o «tatita». Mis padres estaban callados, solo me preguntaron si estaba contenta con actuar. Yo dije que sí, porque lo estaba. La idea de ir a misa temprano y después ir a la radio me gustaba y actuar de «campesina», con público en vivo, era emocionante. Además era una invitación del presidente de la nación. El programa fue todo un éxito, conocí muchas celebridades y recibía muchas cartas de admiradores.

En 1955, empezaba la escuela secundaria y me inscribí para Ejercicios Físicos y Deportes en la UES, Unión Estudiantil Secundaria, para ir los sábados y domingos, sin cortar mis actividades durante la semana. Las prácticas se hacían en la Quinta Presidencial de Olivos. El bus nos buscaba en la escuela y nos traía.

El primer domingo que comencé con las prácticas, me anoté en el equipo de hockey sobre césped. Después que terminamos, sonaron unas sirenas, hubo una gran movilización dentro de la Quinta. El general Perón llegaba.

Al poco tiempo, vino la preceptora de nuestro grupo a los vestuarios y me dijo:

– Adrianita, el general Perón quiere conocerte.

Entonces me llevaron ante él y me dijeron que siempre le dijera «Mi general» y que los domingo cuando él viniera, vendrían a buscarme para saludarlo. Así empezaron estos encuentros que yo, en mi mente infantil consideré «una amistad», puesto que él conocía mis películas y yo había estudiado su Plan Quinquenal, en la escuela. Cuando me vio, exclamó:

– Caramba, tengo el gusto de conocer a la gran Adrianita!

Y me abrazó con la alegría de un padre que encuentra a su hija. Yo estaba emocionada. Me preguntó si estaba contenta, si me gustaba la Quinta. Si todo estaba bien. Yo asentía sonriente.

– ¿Qué deporte vas a practicar? –me preguntó con su tono campechano.

Había nacido en Lobos, provincia de Buenos Aires, en el campo, me contó en otra ocasión, cerca de los poblados rurales. Era lógico que tuviera ese acento particular de hombre de campo. También me dijo lo mucho que le gustaba montar a caballo y el amor que sentía por el campo.

Le contesté que iba a practicar hockey, de wing izquierdo..

Y antes que terminara la frase me dijo:

– No, Adrianita, es un deporte muy brusco, vos sos actriz y si te lastiman con el palo…no… ademas sos…chiquita. Para vos lo mejor es la esgrima. A ver, che, buscá al profesor de esgrima, para que Adrianita lo vea.

Inmediatamente el edecán corrió y al rato apareció el profesor de esgrima, mientras Perón me explicaba que la esgrima era más elegante y menos peligrosa, que exigía concentración y había que tener temple y astucia para la estocada. Me dijo que había hecho estudios militares y que los militares hacían muchos deportes y que él había practicado esgrima y llegó a ser campeón, por eso pensaba que sería mucho mejor para mí. Me contagió su entusiasmo. Al domingo siguiente yo estaba con mi lindo traje blanco frente al profesor de esgrima que me enseñaba a tomar el florete, cómo usar el casco, la chaquetilla, la posición correcta de manos y pies y la estocada. Yo estudiaba danza y la postura corporal me resultaba fácil. Me enamoré de la esgrima.

Cuando volví a ver al general le dije que me encantaba la esgrima, que estaba feliz. Perón se reía, y hablaba de las maravillas del deporte. Puse tanto empeño, que aún siendo bajita participé en una rueda intercolegial y Perón vino a ver el Campeonato y me felicitó por la agilidad y mi estocada.

Un domingo muy frío pero con sol, llegó temprano, estaba hablando con el jardinero, le preguntaba por la operación de su mujer y por unas plantas un tanto mustias, yo lo acompañaba a su lado, junto con unas pocas personas. Tan cerca, le vi unas venas en el pómulo, en la cara, entonces le pregunté y me dijo riéndose:

– Caramba que sos curiosa, Adrianita!

Me contó que él, allá por el año 1939, había sido enviado a Italia, a los Alpes para hacer entrenamiento militar y capacitarse en varias materias.

En la montaña hacía mucho frío y tuvo esos pequeños derrames que nunca se le fueron.
Contaba de aquel tiempo en Italia con gran cariño y me dijo que le había hecho recordar una época muy feliz de su vida.

Perón invitó a mi madre, que fue un domingo, y nos mostró parte de la quinta y de la UES. Otro domingo, habló de la importancia de estudiar. Me preguntó qué tal alumna era. Le dije que me gustaba mucho estudiar y leer. Fue a raíz de mis buenas notas que decidió regalarme una moto, me dijo que merecía un premio por ser buena estudiante y por ser una actriz tan querida en Argentina. Al domingo siguiente me entregaron la motocicleta, me enseñaron a usarla y me dijeron que podía llevármela o andar por los jardines de la quinta, que ellos la guardarían.

Perón manuscrito Adriana Bianco

Perón me regaló la moto y además me dedicó un autógrafo en mi álbum:

«Querida Adrianita:
Nuestra gran familia de Olivos te cuenta con cariño y orgullo, entre nosotros. Tu prodigiosa personalidad infantil la vemos mejor en tu “Paperino”, suelta al aire y al sol de los jardines. Ese es nuestro privilegio y nuestra satisfacción. Un gran abrazo!»

Comenzó septiembre y yo sentía un ambiente de inquietud en mi casa, en la calle y en la escuela. Grupos del peronismo habían quemado y saqueado las Iglesias y eso me había puesto muy triste. No entendía lo que pasaba.

Fui como siempre a mis prácticas deportivas en la Quinta y me encontré nuevamente con Perón. Vestía a veces con guayabera cuando hacia calor, otras su campera deportiva como en esta ocasión; siempre tenía una conversación interesante, cuando no eran los estudios, era el deporte, otras veces hablaba de lo importante que era la responsabilidad, la puntualidad, la manera de vestirse, de comportarse correctamente, nos conocía a todos y estaba atento a todo lo que pasaba.

En eso, mientras daba una orden menor, movió la campera con el brazo, sacó el pañuelo de su bolsillo posterior y le vi un revolver. Puse tal cara de susto que él se dio cuenta y me dijo:

– No te asustés Adrianita, soy militar, y nosotros vamos armados…además andan por ahí unos muchachos alterados y hay que estar prevenido. No te asustés.

Esa fue la última vez que lo vi. Cuando escuché por la radio la noticia de que Perón había sido derrocado y se iba de la Argentina en una nave paraguaya, aquella niña que fui, se echó a llorar.

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1 Comentario

  1. Me encantó el relato sobre Domingo Perón y linda niña, ahora una prestigiosa periodista. Felicitaciones. Cómo periodista me siento orgullosa de leerla siempre.

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