Escribir a mano

Un recorrido apasionante por la historia de la escritura

Xulio Formoso

Pese a lo que pueda parecer, la invención de la imprenta en el siglo XV no supuso una disminución en la producción de los escritos a mano tal como venían haciéndose a lo largo de toda la Edad Media. Por el contrario, en los siglos XVI y XVII aumentaron las funciones de la escritura a mano, que alcanzó entonces su máxima popularidad y difusión.

El principal problema para la imprenta en sus primeros años no fue la competencia de los escritos a mano sino el de la escasez de papel para atender los numerosos pedidos. La materia prima esencial para la fabricación del papel era entonces la de los trapos de lino o cáñamo, que se utilizaban a menudo para confeccionar las prendas de ropa interior, de modo que cuando se estudian papeles antiguos es posible que se manejen viejas prendas medievales de ropa interior recicladas en papel. Hasta tal punto la escasez amenazaba la producción, que se prohibió enterrar a los muertos con ropa que sirviera para fabricar papel.

cubierta_historiadelaescritura-indd Escribir a manoAnécdotas como esta se encuentran a menudo a lo largo de la historia de la escritura y la grafología que Ewan Clayton incluye en “La Historia de la Escritura” (Siruela), un recorrido por los avatares que rodearon la evolución de la forma de escribir desde los primeros años de la civilización hasta los últimos avances en los medios digitales.

Los origenes y las copias

Clayton comienza su recorrido en los símbolos inscritos en la pirámide de Unas en Saqqara hacia el 2400 AC y en las inscripciones localizadas en el Alto Egipto en 1850 AC, primeros indicios de huellas grafológicas de seres humanos. A lo largo de esta investigación queda claro que desde los inicios de la escritura, tan importante como el mensaje que se quería trasladar era la estética de los signos con los que se confeccionaba ese mensaje, como demuestran esos primeros testimonios o las letras talladas y pintadas encontradas en las ruinas de Pompeya y Herculano, en cuya biblioteca se encontraron 1800 rollos de papiro.

La historia de la escritura es también la historia de las costumbres de las civilizaciones que dejaron para la posteridad sus testimonios escritos. En Roma eran los esclavos los que realizaban las labores de escribas porque en aquella sociedad el amor por la lectura se veía como una servidumbre, algo inadecuado para ciudadanos libres y adultos. En la Edad Media esta actividad pasó a manos de la Iglesia, que adoptó muchos aspectos del sistema romano de escritura y tomó a su cargo la labor de copiar las obras de la antigüedad, un trabajo que se desarrollaba en monasterios, a cargo de monjes que imprimían a su labor cualidades religiosas: la pluma era la divinidad y la tinta la sangre de Cristo, y cada letra tenía significados alegóricos relacionados con la religión cristiana. Entonces el libro era un símbolo teológico y por eso su escritura se ejecutaba en tinta de oro y plata y sus páginas se teñían de púrpura.

A medida que se iban valorando en todos los ámbitos las pruebas escritas antes que los testimonios orales, comenzaron a escribirse documentos no religiosos: textos legales, cédulas, mandamientos, registros. El incremento de la burocracia laica impulsó la creación de escuelas de amanuenses y la fundación de las universidades, en las que se cuestionaba la autoridad de algunos textos, que se contrastaban con opiniones diferentes. El libro glosado permitía anotar en sus márgenes, amplios, para que los lectores añadieran sus propios comentarios. Al ser insuficiente el número de libros disponibles, la industria editorial salió del ámbito monástico para instalarse en las ciudades. Libros de horas, salterios, misales y romances eran los más frecuentes, en paralelo al auge de la escritura de cartas que impulsada por el desarrollo de los servicios postales. La expansión de la correspondencia hizo que aparecieran las primeras guías para escribir cartas junto con los primeros cuadernos de caligrafía. Fue en este momento en el que nació la imprenta de Gutenberg.

La biblia como modelo

El primer libro impreso por el invento de Gutenberg fue la Biblia. Era el más conocido, por su lectura permanente en las iglesias y por su divulgación por el cristianismo. En la antigüedad Orígenes había confeccionado el Hexapla, un ejemplar de la Biblia escrito a seis columnas en griego y hebreo, y en Roma, cuando Constantino impuso el cristianismo como religión oficial, ordenó a Eusebio una copia fiable de la Biblia, el Codex Sinanticus. Carlomagno hizo escribir los Evangelios a Alcuino de York en páginas de vitela con iluminaciones (ilustraciones) de los cuatro evangelistas, que fue el mayor éxito de ventas de su tiempo. La abadía de San Martin de Tours, donde se hizo el trabajo, se convirtió en el mayor productor de unas Biblias (dos por año) que medían 50×80 y tenían 450 páginas.

La primera Biblia impresa fue todo un desafío para Gutenberg, ya que tenía más de 600 páginas y dos millones de letras. Gutenberg se arruinó a causa de los costes que supuso la preparación de la edición, por lo que tuvo que ceder su equipo a su financiero Johann Fust justo en el momento en que comenzaba por fin a imprimirse mientras Gutenberg se exiliaba en Mainz a causa de las deudas. Más tarde se reconocieron sus aportaciones y se le concedió una pensión anual en especie y un traje nuevo al año. Su financiero se enriqueció: en 1480 había ya imprentas en toda Europa.

El formato del libro sobre el que se basó Gutenberg tiene su origen en las tablillas de madera unidas con bisagras, que dieron paso a estructuras posteriores de hojas de vitela (códices) unidas por el lomo. Posteriormente se sustituyeron por el pergamino (que toma su nombre de la biblioteca de Pérgamo en la que se almacenaban miles), un soporte en el que podía escribirse por ambas caras. La imprenta provocó la rápida evolución de toda la cadena editorial. Los tipos de letras se multiplicaron y la producción se expandió gracias en gran parte a la demanda de las obras de Lutero y a la creciente población lectora. Para rebajar el precio de los libros comenzaron a imprimirse sólo en blanco y negro, a reducir el tamaño de las hojas y a eliminar ilustraciones. Aún tardarían en aparecer los derechos de autor de los escritores sobre sus propios textos, cuyo reconocimiento no llegaría hasta el siglo XVIII, el siglo de la Ilustración, en el que se introducen en los libros nuevos elementos estéticos y sensoriales de gran atractivo y aumenta el interés por el género novelesco con obras como “Tristram Shandy” y “Robinson Crusoe”, en cuya impresión se utilizaron nuevos tipos de letras, distintos para cada personaje o para enfatizar los diversos aspectos de la narración. La novela epistolar fue en este momento el género de mayor consumo, a raíz del éxito de “Pamela”, de Samuel Richardson, hasta el punto de que en 1770 el 70 por ciento de las novelas inglesas estaban escritas en este formato.

La escritura de la modernidad

La revolución industrial apenas tuvo impacto en la escritura. Curiosamente, disminuyó la población alfabetizada y no aumentaron por lo tanto los índices de lectura. Pero sí aparecieron nuevos inventos relacionados con la escritura. La pluma de acero sustituyó a las plumas de ave y en 1714 se patentó la primera máquina de escribir, aunque ni siquiera llegó a construirse. Fue el modelo presentado por Remington en 1872 y el teclado qwert los que revolucionaron la escritura de estos años. La publicidad de masas y la prensa dieron un gran impulso a la evolución y a la estética de los escritos impresos, mientras la escritura a mano recorría nuevos caminos relacionados con los coleccionistas de autógrafos y el examen de la personalidad a través de la escritura, que provocó el nacimiento de una nueva ciencia, la grafología.

Con el siglo XX el arte va a incorporar a sus obras letras y modelos relacionados con la escritura. El futurismo, el cubismo, el dadaísmo, el constructivismo y la Bauhaus insertan en sus cuadros letras de tipos diferentes para crear nuevas formas de lenguaje visual, nuevas maneras de combinar textos e imágenes incorporando elementos tipográficos en el espacio pictórico. En Alemania se consideró la caligrafía como un arte, teniendo como modelo las obras de rotulación de dos artistas, Rudolf von Larisch y Rudolf Koch, que establecieron un vínculo entre la caligrafía occidental y el expresionismo alemán.

Ewan Clayton cierra su recorrido histórico en la era actual, con la llegada de la escritura digital, que cambia el paradigma clásico de la escritura tradicional al presentar una nueva superficie sobre la que escribir, la pantalla, y todos los elementos incorporados al ordenador personal, desde internet y las redes sociales a los blogs y el correo electrónico. Es interesante su apreciación del surgimiento, paralelo a la revolución informática, de los grafitis, uno de los acontecimientos más innovadores en el diseño de nuevas formas de letras, ligado a una cultura juvenil alternativa: “En los grafitis la escritura vuelve en cierto modo al contacto con sus raíces, afirmando el poder de la presencia, la exhibición y la personalidad, y recuperando la excitación que suscita la actividad misma de escribir”, dice sobre este fenómeno.

Francisco R. Pastoriza
Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

1 COMENTARIO

  1. Recomiendo sobre el tema: «Escritos sobre escritura» de Germán Mariño. Editorial Dimensión Educativa, Bogotá. Las ilustraciones no son tan esplendorosas como las de Xul pero el texto vale la pena: I. Cultura oral y escrita; II. Escrituras no escritas; III. Escritura pictográfica; IV. Escrituras ideográficas; V. Escritura de los sonidos; VI. Escritura y mentalidad; VII. escritura y estética; VIII. Escritura y poder; IX. Sobre los contenidos de las cartillas de alfabetización liberadora; X. Psicogénesis y escritura; XI. Cultura eletrónica y escritura; XII. Futuro de la escritura. Creo que si alguien quiere teorizar sobre la escritura, debe leer esto de Clayton que recomienda Rodríguez Pastoriza pero si se quiere militar en la escritura, el de Mariño es su texto.

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