Llega a Madrid la muestra más completa de Alvin Langdon Coburn

El movimiento fotográfico conocido con el nombre de pictorialismo consiguió que se considerase a la fotografía como un arte: como la pintura, el grabado o la escultura, de las que estos fotógrafos tomaban sus temas y géneros como modelo.

Alvin Langdon Coburn en 1905
Alvin Langdon Coburn en 1905

Querían emular el arte de los pintores, pero al mismo tiempo, sin proponérselo, influyeron en ese mismo arte al liberarle de la obsesión realista y obligarlo a nuevas experiencias estéticas. Gracias a la aparición de la fotografía el arte de la pintura inició nuevos caminos de búsqueda, con hallazgos revolucionarios, del cubismo a la abstracción.

La fotografía, pues, permitió liberar las manos del artista de las imposiciones que exigía el proceso de reproducción realista de imágenes. Más adelante la fotografía también intentaría crear universos paralelos a la pintura con expresiones cubistas y abstractas.

Del pictorialismo a la abstracción

Algunos fotógrafos comenzaron muy pronto a experimentar con nuevas formas artísticas cercanas a la abstracción, para demostrar que la fotografía estaba también a la altura de la pintura en la búsqueda de nuevas expresiones. Eward Steichen, Erwin Quedenfeldt, Herbert List, William A. Garnett y sobre todo Alvin Langdon Coburn consiguieron obras excepcionales en este sentido.

Nacido en el seno de una rica familia de Boston, Alvin Langdon Coburn (1882-1966) practicó la fotografía desde que a los nueve años uno de sus tíos, el fotógrafo Fred Holland Day, le regaló su primera cámara, una Kodak 4×5.

Huérfano de padre, Holland Day le acompañó en su primer viaje a Londres y a París en 1900, donde conoció a Edward J. Steichen. A su regreso a América tomó lecciones de Gertrude Käsebier en Nueva York y se estableció como retratista en esta ciudad. Fue Käsebeier quien le introdujo en Photo Secession, un movimiento fundado por Alfred Stieglitz, inspirado en el movimiento secesionista de los pintores de Munich, que buscaba una fotografía alejada del ideal academicista del primer pictorialismo. Promovía la difusión de la ciudad industrial, las grandes urbes norteamericanas y el concepto modernista de progreso, dando lugar a la denominada «fotografía pura» (straight photography), un intento de captar la realidad libre de elementos esteticistas artificiosos. Tenía sus propios órganos de expresión (la revista “Camera Work”) y su propia galería de exposiciones, Gallery 251, en este número de la Quinta Avenida de Nueva York.

Le Penseur
George Bernard Shaw como “El pensador” de Rodin

En la estética de Photo Secession, Alvin Langdon Coburn inició una carrera que lo convirtió en uno de los fotógrafos más conocidos en América y Europa, a donde viajó con frecuencia y donde se quedó definitivamente a partir de 1912. En 1903 celebró su primera exposición individual en Nueva York y Boston, que luego llevó a la Royal Photographic Society de Londres en 1906.

Fue amigo de muchos escritores y artistas, a los que retrató con frecuencia para la revista “Metropolitan Magazine” (Rodin, George Bernard Shaw, Chesterton, Yeats, Henry James, H.G. Wells, Mark Twain, Matisse, Gertrude Stein), retratos que reunió en sus libros “Men of Mark” y “More Men of Mark”. Aficionado a la música (tocaba la pianola), se relacionó con Sibelius, Stravinsky y Rubinstein, a los que también retrató.

Recorrió Londres para fotografiar sus calles y sus puentes, que reunió en “London: a Book of Aspects”, con textos del poeta y ensayista Arthur William Simons, de factura similar a “Nueva York” y “La puerta en la pared”, que publicó con textos de H.G. Wells. Sus fotografías ilustraron también la obra de Maeterlinck “La inteligencia de las flores”, y “The Cloud”, el largo poema de P.B. Shelley.

Langdon-Coburn_El-Pulpo-NYDe regreso nuevamente a los Estados Unidos realizó una de sus series más conocidas, las cataratas del Niágara congeladas en febrero de 1909. Ese mismo año tomó la fotografía que le llevó a la primera línea de la fama internacional, “El pulpo. La sombra gigante sobre Madison Square”, una imagen calificada de extraña y fantástica, que revolucionó el arte fotográfico al identificarlo con la pintura abstracta. Fue tomada desde el último piso de un rascacielos de Nueva York, el Metropolitan Tower, mientras su amigo, el artista Max Weber, realizaba una de sus pinturas desde el mismo lugar. “El pulpo” constituye la génesis de la fotografía abstracta, creada desde puntos de vista inusuales.

Coburn fue también un excelente paisajista, como lo demuestran sus fotografías de California, de las cimas de Yosemite y del Gran Cañón, tomadas en 1910, y en las que introdujo un toque místico influido por la grandeza, el poder y la perdurabilidad de estos lugares. Una de sus fotografías más bellas es la del puerto de Cádiz, tomada en 1906. En los años 50 volvería al paisaje, esta vez de las islas Madeira, donde pasaba parte de sus vacaciones.

En 1912 llegó a Europa recién casado con Edith Wightman Clement, la mujer que sustituyó en su vida a su dominante madre Fannie Eliza, y en 1916 conoció aquí al escritor Ezra Pound, quien iba a influir decisivamente en su obra fotográfica. Con Wyndham Lewis y Edward Wadsworth, Pound había creado el vorticismo, un movimiento artístico que pretendía colocar la literatura y la fotografía en la órbita del cubismo, el futurismo y la abstracción, y Coburn se unió entusiasmado a este movimiento: “¿Por qué la cámara no habría de romper las cadenas de la representación convencional y probar algo fresco y nunca antes intentado?”, escribe en su obra “The Future of Pictorial Photography”.

VortographEl vorticismo se definía como arte geométrico y semiabstracto y se basaba en el maquinismo y la arquitectura moderna. Coburn construyó un artilugio al que llamó vortoscopio, una máquina con espejos que convertía las fotografías en imágenes cubistas. En 1919 realizó sus últimas fotografías vorticistas durante la construcción de la catedral anglicana de Liverpool. El vorticismo recibió fuertes descalificaciones de la crítica del momento, que no entendió sus objetivos rupturistas. Con el tiempo, se han reconocido sus valores artísticos (en 2014 se pagaron 605.000 dólares por una fotografía vorticista de Coburn en una subasta de Sotheby’s).

Después de un intento fallido durante la Gran Guerra, Coburn no volvió a los Estados Unidos. Se instaló en una casa de campo en Harlech, en Gales del Norte, y se dedicó a la práctica de sus creencias místicas y religiosas, que iban desde la masonería, el druidismo y la astrología, al rosacrucismo y las asociaciones teosóficas, desde que conociera y retratara a Arthur Edward Waite, creador de la Orden Universal, a la que Coburn se entregó en cuerpo y alma.

Desde entonces, sus apariciones y sus obras fueron esporádicas y desconcertantes. A partir de los años cincuenta desaparece de la vida pública, retirado a un convento, hasta el punto de que se creía que había muerto. En 1964, tras ceder a la George Eastman House de Rochester (Nueva York) y al National Museum de Bradford (Gran Bretaña) la colección de sus 18.000 negativos, junto a libros, documentos, cartas, cámaras fotográficas y colecciones de estampas, se dedicó a escribir su autobiografía, que se publicó 12 días antes de su muerte.

  • TÍTULO. Alvin Langdon Coburn
    LUGAR. Fundación Mapfre. Bárbara de Braganza, 13. Madrid
    FECHA. Hasta el 8 de Febrero de 2015

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