Walt Whitman, el viejo camarada de Long Island cumple años

Retrato de Walt Whitman y sus Hojas de Hierba
Walt Whitman, ilustración de Rodrigo L. Alonso

Admirado por otros grandes poetas y escritores como León Felipe o Borges, Whitman sigue siendo referencia obligada a los 200 años de su nacimiento.

Cuando se cumplen dos siglos de su nacimiento y aprovechando este aniversario, se publican nuevas ediciones, biografías, estudios, investigaciones y antologías de la obra de este singular poeta norteamericano y muy especialmente de su Hojas de Hierba (Leaves of Grass), poemario que fue puliendo, ampliando y reeditando a lo largo de toda su vida, como una obra expansiva, viva, mutable, que iba creciendo con él y con su entorno.

Aquellos primeros doce poemas agrupados bajo el nombre genérico de Hojas de Hierba, se publicaron por primera vez en 1955, y rompían con todos los convencionalismos leídos anteriormente, situándose en lo que hoy definiríamos como “experimental”.

El gran poeta norteamericano

Whitman, nacido en Long Island (1819-1892), de origen humilde, autodidacta, influido inicialmente por el Trascendentalismo y por Emerson, siempre se mostró como un radical defensor de la Democracia y de sus principios más profundos, ya ejerciera como carpintero, como impresor, como maestro, como periodista, como editor o como auxiliar en hospitales de campaña durante la Guerra de Secesión.

!Oh capitán, mi capitán!, versos escritos por Whitman y dedicados al presidente Abrahan Lincoln, fueron popularizados universalmente gracias a El club de los poetas muertos, película dirigida por Peter Weir y protagonizada por Robin Williams, que sin duda inspiró y acercó a millones de personas al universo de la poesía y a la figura del venerable barbudo.

Borges, traductor de Whitman

Whitman ha sido a lo largo de estos dos siglos modelo y guía para un buen número de poetas y escritores que mostraron su admiración y su influencia, como es el caso de Jorge Luis Borges, que dejó una excepcional traducción al castellano de Hojas de Hierba (Barcelona, Lumen, 1972).

Borges defendía al poeta norteamericano de algunos academicistas y sostenía que Hojas de Hierba es un experimento vivo y mudable, que se niega a que se le fije un sentido único, lleno de términos filosóficos y de palabras extranjeras, que de alguna manera ilustran su genio.

El escritor argentino calificaba a Whitman como místico del lenguaje que elige con cuidado las palabras, de forma consciente, aunque en algunos momento pudieran parecer incongruentes.

Sus poemas ciertamente contienen multitud de arcaísmos, neologismos, americanismos, palabras extranjeras y elementos heteróclitos. Pero estos descuidos e informalidades, poco debían importarle a Whitman cuando escribía:

“¿Me contradigo?

Muy bien, me contradigo. (Soy amplio, contengo multitudes)”

“Ya no recibirás de segunda o de tercera mano las cosas, ni mirarás por los ojos de los muertos, ni te alimentarás por los espectros de los libros. Tampoco mirarás por mis ojos, ni aceptarás lo que te digo”.

León Felipe y su paráfrasis de “Canto a mí mismo”

Song of Myself  (Canto a mi mismo) es el poema central y el corazón de Hojas de Hierba. Contiene la esencia de su concepción del mundo, de su poesía y de sí mismo.

Nada mejor para entender ese universo de Whitman que acercarnos a su más ferviente admirador, el poeta español Leon Felipe, que tradujo su obra del inglés al castellano y publicó su Paráfrasis de Canto a mi mismo.

En su particular homenaje, León Felipe presenta este extenso poema de Whitman como su momento más luminoso, donde están contenidos su doctrina y su mensaje, como “una sinfonía donde no falta ningún instrumento, ninguna voz, ningún paisaje”.

Quiero yo presentaros a este poeta

Se apellida Whitman

Pero Dios le llama Walt.

No tiene familia.

Es hijo de la tierra más que de la sangre, como todo norteamericano legítimo. Que en esto se diferencia del europeo. Y en esto se diferencia también el pionero del conquistador.

No tiene genealogía.

Le basta con saber que todos fueron hijos, como él, de la tierra y el viento, de esta tierra y de este viento de América.

Una vida, una obra

León Felipe, que nunca dejó de lado su propia condición de exiliado y de hombre con conciencia de su tiempo y fiel a sus ideas, vio en Whitman al “hijo de la tierra más que de la sangre”, al “viejo camarada de Long Island”. En cuanto al Canto a mi mismo, afirmaba, “no es más que una invitación al heroísmo que se le hace al average man, al hombre de la calle”.

En cierto modo, León Felipe, consideró a Whitman, además de un modelo literario inspirador, su alter ego en la asunción de un compromiso ético, social y político, pues, como señaló Luis Cernuda, para los dos “el poeta es un profeta y no un artista, un profeta no tanto en el sentido de vidente, sino de dirigente”.

También León Felipe adoptó como Walt Whitman esa actitud unificadora que consideraba su trabajo como una sola cosa, un libro, un conjunto de hojas que van modificándose con la vida y sus avatares: “Toda mi poesía -escribía León Felipe- no es más que un solo y único poema”.

“Hojas de hierba”, la obra de toda una vida. Hasta doce veces añadió, corrigió y reeditó Whitman a lo largo de varias décadas su poemario.

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1 Comentario

  1. Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
    he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
    ni tus hombros de pana gastados por la luna,
    (…)
    Ni un solo momento, hermosura viril (…)
    Ni un solo momento, Adán de sangre, macho,
    hombre solo en el mar, viejo, hermoso Walt Whitman (…)

    Oda a Walt Whitman
    Federico García Lorca

    (Hay que leer el poema completo, hay que leerlo. Es un poema tan rico. Desde el trigo “qué voz perfecta dirá las verdades del trigo? en la sexta estrofa hasta el final “y un niño negro anuncie a los blancos del oro la llegada del reino de la espiga. Desde el canto a la homosexualidad de Walt Whitman y de todos los demás contra los que no levanta la voz, hasta la condena a los maricas, faeries, pájaros, hitos, sarasas, apios, cancos, floras y adelaidas, maricas de todo el mundo, asesinos de palomas. (…) Hay que disfrutarlo una y otra vez.)

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