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Día Mundial de la Salud: Hablemos de Depresión

350 millones de personas se ven afectadas en todo el mundo por la depresión. Por ello la OMS (Organización Mundial de la Salud), nos ofrece una oportunidad para movilizarnos por su campaña que habla de depresión y por ello dejar de estigmatizar la enfermedad. Bajo el lema, “Depresión, hablemos de ello”, la OMS promueve la psicoterapia para tratar esta enfermedad mental.


Las cifras son alarmantes y éstas han aumentado en la última década. Esta enfermedad junto con los trastornos de ansiedad, angustia, ataques de pánico, han aumentado un 18,4 % en la última década. La OMS nos recuerda que se puede curar y se puede salir, pero hay que dar el primer paso que no es otro que pedir ayuda a los profesionales que tratarán nuestra enfermedad.

Esa tristeza persistente, la pérdida de interés por la vida y la falta de expectativas llevan al paciente a entrar en un pozo sin fondo si no se trata adecuadamente. Un sufrimiento que no siempre es visible y está identificado.

Muestra de ello es la falta de confianza de estos pacientes con su entorno más cercano y con su médico de cabecera a quién oculta sistemáticamente los síntomas. El estigma de la salud mental sigue siendo un punto y aparte en las enfermedades cotidianas. La enfermedad afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales y los síntomas son, angustia mental, capacidad para llevar a cabo tareas cotidianas, incapacidad para trabajar, problemas familiares y de pareja, y en casos graves, puede provocar el suicidio por las pocas ganas de seguir luchando. Es importante señalar que es la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 30 años. Como cita la Profesora López-Ibor,

“Los síntomas de la depresión se clasifican en cuatro grandes grupos. Los síntomas emocionales son característicos de la depresión, e incluyen cambios de estado de ánimo con tristeza, pesimismo, falta de ilusión, desesperanza y llanto. Los cognitivos expresan ideas de minusvalía e inutilidad llegando a sentirse inferior. Con los volitivos aparecen sensaciones como apatía, falta de iniciativa y dificultad para llevar a cabo las tareas diarias.

Por último, los síntomas somáticos son múltiples, además de la falta de energía o impulso, la lentitud de movimientos, y la falta de sueño o apetito”, añade. Cuando un paciente enferma con depresión, “supone enfrentarse a un mundo desconocido que implica reacciones emocionales que el médico debe conocer para poder entender bien a los pacientes; una de ellas es la depresión que aparece ante vivencias de pérdida, incluyendo la perdida de salud”.

La depresión es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma importante a la carga mundial general de morbilidad. El suicidio representó el año pasado el 1.5 % de las muertes en el mundo entero; cerca de 800.000 personas y coincide con personas que viven en países de ingresos bajos o medianos. Este dato es significativo ya que al riesgo de padecer depresión se le suman los problemas derivados de la pobreza, el desempleo, etc. Es muy importante considerar que la depresión se cura. Se puede salir, se puede tratar, no se está medicado si no es necesario, pero si necesita, lo estará durante un tiempo. De el primer paso, el resto será salir adelante poco a poco. Es importante reconocerlo, pero es más importante, ayudar a salir a la persona que aún no reconoce que algo está pasando.

Por último, es necesario diferenciar entre tristeza y depresión. Como citó la Profesora Dra. María Inés López-Ibor en su discurso de ingreso de la Academia de Doctores de la Sección de Medicina,

“El sentimiento de tristeza es uno de los síntomas más característicos de la depresión, pero no es el único necesario para confirmar que alguien padece un cuadro depresivo. Un sentimiento como la tristeza se convierte en patológico cuando aparecen mecanismos que comprometen al sujeto y suponen una restricción de su libertad y una pérdida de posibilidades de autorrealización; desde el punto de vista psicopatológico la tristeza se ha asociado con la melancolía y esta con la depresión”, afirmó la académica

Esto supone que un estado de tristeza por un acontecimiento es normal mientras que ese mismo estado a lo largo del tiempo debe ser valorado y considerado. Es una enfermedad sin tratar mientras un psiquiatra no lo considere. Éste le derivará al psicólogo para que a través de terapia pueda acceder a la cura y volver a renacer como persona ya que el sufrimiento se tiene y muchas veces nos acompaña pero no se nota. De el primer paso. Camine hacia la cura. Hoy en día, tiene solución. Hagamos algo para ayudar a las personas que la sufren.

Sobre Ana María De Luis Otero

PhD, Doctora C.C. Información. Periodista. @anadeluis Divulgadora Científica. Profesora Universitaria. Fotógrafo. Consultora de Comunicación. -www.consultoriadecomunicacion.com Comprometida con la Discapacidad. Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor. Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios. Presidenta de D.O.C.E Discapacitados otros Ciegos de España @asociaciondoce www.asociaciondoce.com Autora del Libro Fotografía social, Editorial Anaya.

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