Benzodiazepinas y alcohol: una peligrosa combinación

El uso de benzodiacepinas pautadas por un médico es correcto siempre que no estén acompañadas de alcohol ya que necesariamente es una peligrosa combinación; no digamos si estas son ingeridas sin prescripción facultativa.

El uso de fármacos sin prescripción médica ha sido una práctica frecuente en todas las culturas aunque últimamente, desde que en atención primaria se pautan sin psicoterapia, muchas personas conviven con un problema psicológico sin resolver y se sienten amparadas porque están medicadas sine die.

Esta práctica que en un principio se estableció para aliviar las consultas de conflictos pequeños o depresiones menores, insomnio u otros problemas cotidianos se ha ido convirtiendo en una habilidad por parte de los pacientes para satisfacer sus propias necesidades de salud, sin resolver o poner de manifiesto que el problema sigue ahí.

Si a esto le añadimos el hecho de que esta prescripción pautada en la tarjeta sin fecha de caducidad, se utiliza para compartir con amigos u otros miembros de su familia, la situación toma un cariz peligros si hablamos de medicación, de cerebro y de una enfermedad sin valorar.

El “tómate un lexatín, o toma mi diazepam u orfidal para dormir” es moneda corriente.

El consumo ilegal de las benzodiacepinas constituye un riesgo para la salud dado que no solo enmascara un cuadro psíquico, sino que complica la recuperación del paciente porque no se aconseja, ni se trata a este. Estas medicinas que pertenecen al grupo de los tranquilizantes menores y por ello, son motivo de abuso cuando existe insomnio, una situación conflictiva o una depresión leve.

Como depresores del sistema nervioso central desarrollan cierta tolerancia en pocas semanas y el paciente manifiesta una sedación y somnolencia que le puede afectar a la hora de conducir vehículos o estar consciente al 100 %. Además producen disminución de la atención, de la capacidad de concentración, una amnesia anterograda y se emplean generalmente para trastornos fónicos, estrés post traumático, síndromes de abstinencia por alcohol y tabaco, crisis de insomnio y ansiedad generalizada.

La automedicación con benzodiacepinas es una práctica habitual en los países desarrollados sobre todo en jóvenes que no toleran la frustración y comienzan a medicarse o a automedicarse solamente porque se presentan a un examen que saben que van a suspender. Personas que tienen ansiedad, nerviosismo o cualquier situación compleja manejan las benzodiacepinas junto al alcohol para poder sostener el día a día sin saber que están entrando en las redes de la adicción y que su sistema nervioso central está siendo alterado por ambos.

Si a esto le sumamos el consumo ilimitado de alcohol como depresor natural para aumentar el efecto de las “benzos”,  como son llamadas por sus consumidores, vemos que se produce una disfunción aguda y crónica del cerebro y se entra ya en aspectos relativos a la perdida de memoria, alteraciones de las funciones intelectuales, cálculo, comprensión y aprendizaje así como alteraciones de la función cardíaca por el aumento de la presión entre el ventrículo izquierdo y el derecho entre otras.

Las propiedades sedantes del alcohol hacen que éste tenga sobre el organismo un efecto anestésico sobre algunas áreas del cerebro, disminuyendo su actividad; y como todo medicamento sedante-hipnótico, actúa para favorecer la inhibición sináptica, producida por el transmisor denominado ácido gamma-aminobutírico [GABA] (igual sucede con las anfetaminas y barbitúricos).

El alcohol ejerce su principal influencia sobre el sistema nervioso tanto la tolerancia como la dependencia que influyen en los efectos neuronales y su acción psicofisiológica y fármacodinámica, es depresiva, semejante a la que producen los anestésicos generales. Esto sumado a las benzodiacepinas, actúan y producen una adicción depresiva mediante a inhibición de la excitabilidad y las conducciones axonales. En todo caso, el peligro de tomar fármacos sin prescripción facultativa y sumarlos a la ingesta de alcohol es un coctel complejo que puede derivar en un estado de salud del que no podamos salir llegado el caso.

El consumo agudo de alcohol, produce la inhibición de las enzimas hepáticas involucradas en la biotransformación, y se observa en los pacientes un aumento de las concentraciones de algunos fármacos como benzodiacepinas, fenobarbital, fenitoína, clorpromacina, clometiazol y ciclosporina, pudiendo prologarse su actividad farmacológica así como una mayor incidencia de efectos adversos.

La ingesta aguda de alcohol con fármacos depresores del Sistema Nervioso Central como son los fármacos ansiolíticos, hipnóticos, opiodes, antihistamínicos, entre otros, produce una mayor alteración psicomotora porque además de la inhibición del metabolismo se potencia el efecto depresor del sistema nervioso central de cada uno de ellos. También puede aumentar el riesgo de lesiones de la mucosa gástrica además de prolongar el tiempo de hemorragias cuando se ingiere conjuntamente con antiinflamatorios no esteroideos (AINEs). El alcohol tampoco se debe ingerir con acetaminofén ya que se incrementa el potencial tóxico a nivel hepático de este analgésico-antipirético tan ampliamente utilizado tanto en la población pediátrica como en el adulto.

El mensaje que debe recordar es que nunca debe automedicarse, no debe beber para olvidar o sentirse mejor y si hace ambas cosas tiene que pedir ayuda cuanto antes. Esta situación puede convertirse en una forma de vida y lejos de ayudarse puede entrar en un túnel del que raramente se sale.

 

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PhD, Doctora C.C. Información / Periodista / Editora Adjunta de Periodistas en Español / Divulgadora Científica / Profesora Universitaria / Fotógrafo / Comprometida con la Discapacidad, los Derechos Humanos, la Infancia y la Tercera Edad / Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor / Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios / Miembro de The International Media Conferences on Human Rights (United Nations, Switzerland) / Presidenta de D.O.C.E .- (Discapacitados otros Ciegos de España) - www.asociaciondoce.com / Coautora del libro EL CEREBRO RELIGIOSO junto a la Profesora López-Ibor. Editorial El País Neurociencia https://colecciones.elpais.com/literatura/62-neurociencia-psicologia.html / Autora del Libro Fotografía Social.- Editorial Anaya / Consultora de Comunicación Médica. www.consultoriadecomunicacion.comContacto Periodistas en Español: [email protected]

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