Bolivia: explotación del litio y derecho humano al agua

Dentro de cinco años, China ambiciona contar con 800.000 toneladas anuales de carbonato de litio para cubrir sus planes industriales de producción y la demanda de automóviles eléctricos. Y los mercados globales del llamado “oro blanco” parecen desaforados por esa previsión.

La analista Eva Borreguero se refiere (El País, 11 de septiembre) al caso de Groenlandia donde “la erosión de la capa de hielo continental la ha convertido en un actor emergente en la industria extractiva de recursos minerales y energéticos”. Borreguero subraya que “las compañías chinas que dominan la industria minera de los elementos raros, con propiedades esenciales para los productos de alta tecnología, no han perdido el tiempo y cuentan con grandes operaciones en la región, como el proyecto Kvaneljeld, en el sur de la isla”. Quizá la expresión de esas ambiciones de China ilustra mejor la reciente –y aparente- extravagancia de Donald Trump al pretender la compra de Groenlandia (territorio autónomo danés) a Dinamarca.

Pero por ahora, el objetivo de China se centra más bien en lo que se ha dado en llamar triángulo del litio en América del Sur. Según la Agencia France Presse (AFP), Bolivia está a punto de entrar en una nueva etapa de explotación de sus recursos minerales como parte decisiva de ese eje triangular de yacimientos de litio que se conforma entre Chile, Argentina y la propia Bolivia.

A 3.650 metros de altitud, en el salar de Uyuni, el mayor desierto salino del mundo (que ocupa unos 10.000 kilómetros cuadrados), “el baile de camiones en torno a los estanques de extracción es incesante”, dice la AFP. Se trata del mayor yacimiento de litio del mundo. Los países sudamericanos citados, junto a China y Australia, son los mayores productores del llamado “oro blanco” (litio).

El salar de Uyuni está formado por once capas de sal con espesores de hasta diez metros, donde -además del litio- hay otros componentes como el boro, el potasio, el sulfato de sodio y el magnesio.

Ambición minera

Hasta hoy, Bolivia era el único de los tres estados sudamericanos del triángulo que no producía carbonato de litio, utilizado sobre todo en la fabricación de baterías destinadas a aparatos y vehículos eléctricos, aunque también en otros usos como la fabricación de vidrio, elementos de cerámica y medicamentos.

Las autoridades bolivianas esperan que la fase industrial relacionada con el salar de Uyuni entre en funcionamiento el año que viene, junto los yacimientos de Coipasa y Pastos Grandes (situados en otras zonas del país), donde los expertos vinculados a las multinacionales mineras describen unas reservas de 21 millones de toneladas de litio. El ejército boliviano vigila la fábrica en fase experimental donde se producirán, según Marco Antonio Condoretty, jefe del proyecto 15.000 toneladas anuales de carbonato de litio.

El presidente Evo Morales espera convertir pronto a Bolivia, por medio de la empresa Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), en el cuarto productor mundial de ese mineral estratégico. Ante las críticas recibidas porque el salar de Uyuni atrae un turismo planetario, lo que le convierte en un recurso de otro tipo, las autoridades se justifican diciendo que sólo ocuparán un tres por ciento de aquel desierto salino  y que utilizarán “energías límpias” para la explotación. También que el proyecto beneficiará a todo el país.

El modelo de explotación es similar al sistema utilizado para la producción de hidrocarburos en Bolivia. Se trata de mantener el control nacional negociando con “socios estratégicos” para que aporten su tecnología y garanticen los resultados, afirma la empresa YLB.

Entre esos socios, la AFP cita ACI Systems (empresa alemana) que fabricará para el mercado europeo baterías marcadas made in Bolivia. Y por supuesto una gran empresa china que se ocupará de los yacimientos de Coipasa y Pastos Grandes, desde donde –diferencia señalada- la materia prima será enviada a Asia para su elaboración final.

Dominar el mercado de baterías eléctricas

China domina el mercado de las baterías eléctricas (63 por ciento del total mundial) muy por delante de Estados Unidos (23%). Otra empresa de China ha puesto su pie en el salar de Atacama, situado en Chile, comprando un 24 por ciento de la empresa chilena SQM.

En lo que se refiere a la extracción, en 2018, Australia fue el mayor productor planetario de litio (51.000 toneladas), por delante de Chile (16.000), China (8.000) y Argentina (6.200 toneladas).

El salar de Uyuni atrae cada año a unos 300.000 turistas que tienen la opción de ser acogidos en hoteles construidos con bloques de sal. En el período primaveral (otoño en Europa), varias especies de flamencos crían en aquellos lugares, donde crecen también cactus gigantescos. La duda ahora es si –de verdad- la explotación del litio será compatible con ese turismo mundial que viaja hacia aquella región de Bolivia (suroeste del país).

Se trata de un área en la que el déficit de lluvia y de los recursos hídricos es evidente. Existen acuíferos subterráneos muy antiguos, pero los expertos consideran que sus aguas tienen su origen en períodos geológicos muy alejados de nuestras actuales circunstancias geológicas y en el tiempo (quizá de hace miles de años). De modo que estamos ante recursos que distan de ser fácilmente renovables. Distintos expertos y defensores del medio ambiente previenen alarmados sobre las consecuencias de la explotación masiva de los salares andinos. Porque se trata de extraer enormes cantidades de aguas saladas para obtener el litio por la evaporación de las salmueras.

En una parte de la opinión de la zona implicada predomina la demanda de inversiones derivadas de los ingresos mineros. Otros advierten de que la actividad turística y la naturaleza sufrirán un impacto de consecuencias imprevisibles. Vivian Lagrava Flores, del Colectivo de Derechos Humanos Empodérate, de Potosí, denuncia que “la explotación del litio no es amable con el medioambiente, no es sustentable. Ninguna actividad de exploración, ni de explotación lo es”. Y apunta a un derecho básico: “Debemos velar por el derecho humano al agua potable. Lastimosamente es lo que menos vemos en esas actividades”.  Porque a medio y largo plazo, el impacto ambiental y el rebote incierto de aquellas actividades industriales y mineras podría resultar negativo para Bolivia.

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