Dolor crónico, un derecho humano

El dolor es una sensación desencadenada por el sistema nervioso y hoy en día se considera una enfermedad y su tratamiento por tanto, es un derecho humano. La consideración de un dolor crónico se valora a partir de los 90 días si bien el dolor postoperatorio agudo y crónico puede persistir al menos tres meses después de la cirugía sin haber existido hasta entonces.

Hasta ahora, cuando se hablaba de dolor, este se consideraba que debía soportarse, sin embargo, gracias a las unidades del dolor actualmente la calidad de vida y la recuperación de las personas es notable. El manejo del mismo es un grave problema de salud pública en todo el mundo y por ello, no es un asunto baladí.

Ni el dolor agudo ni el crónico, sobre todo este último, suelen recibir el tratamiento adecuado en la mayor parte de las consultas.

En muchos casos, las principales causas que generan que se ofrezca una terapia poco eficaz se atribuyen a un conocimiento deficiente sobre el manejo del dolor y sobre todo al temor a que el paciente desarrolle una adicción a ciertos fármacos conocidos como opioides y la preocupación por los efectos secundarios.

El dolor intenso no controlado tiene graves efectos adversos en el estado físico, psicológico, emocional, social y espiritual de los pacientes que repercuten en las actividades de la vida diaria y condiciona pérdidas económicas, laborales y sociales con una trascendencia en una proporción significativa de la población. Para todos, la incapacidad funcional ocasiona un dolor que es un importante sufrimiento para los pacientes pero también para sus familias y otras personas cercanas de su entorno.

En algunas investigaciones los pacientes con dolor crónico presenta un tipo de limitación física que sugiere una merma en la actividad diaria; tareas de la casa; calidad del suelo; trabajar fuera de casa; caminar deprisa; energía y vitalidad mermadas, etc. El diclofenaco es el analgésico que más se prescribe para el manejo del dolor y los pacientes en muchos casos se automedican lo que hace que tengan problemas asociados a los analgésicos porque la ingesta es diaria y acaba por dañar el hígado o el riñón. El paracetamol, el celecoxib, el piroxicam, el naproxeno y el tramadol son los siguientes más utilizados.

En relación a la presencia, intensidad y manejo del dolor, la artritis reumatoide es la principal patología que causa dolor crónico; cerca del 59,6 % de la población y la media de tiempo de evolución de esa patología es de 10 a 15 años. En este sentido, el dolor presenta causas de incapacidad laboral asociada a los cuadros que padece el paciente.

En torno a la fibromialgia, hay divesos autores que sugieren que la base psicológica y la atención psíquica se deja de lado cuando el proceso del dolor está asociado en estos pacientes a un manejo incorrecto de los trastornos mentales. La también llamada fatiga crónica la medicina aún ha tardada de definirlas aunque hoy sí se consideran enfermedades emergentes. En ocasiones, los estudios y analíticas no presentan clínica aunque el paciente refiere dolor y sensación de agotamiento físico.

La mejor estrategia en el tratamiento del dolor agudo es la que consiga mayor bienestar con mínimos efectos adversos. La propuesta debe tener en cuenta la valoración del dolor, también el perfil de riesgo y la comorbilidad. Dentro de la automedicación que nunca se debe contemplar, es mejor tomar paracetamol para el dolor leve, seguido de opiodes más eficaces y comentarle a su médico que el escalonamiento progresivo analgésico no modera el sufrimiento con lo cual debe ver siempre la causa.

El tratamiento del dolor se aborda en la unidad del dolor y se coordinan varios servicios; traumatología, neurología, neurocirugía, reumatología, rehabilitación y oncología para aliviar el dolor de la persona en su conjunto de modo que pueda disfrutar de una mejor calidad de vida. Existen actualmente tratamientos que pueden ofrecerle para manejar el dolor como pueden ser los bloqueos epidurales lumbares, dorsales o cervicales; articulaciones facetarias cervicales o lumbares; radiculares y transforaminales; símpático-cervical; plexo hipogástrico; lidocaína intravenosa; ozonoterapia; estimulación eléctrica transcraneal, etc.

Estas técnicas pueden basarse en bloqueos nerviosos, radiofrecuencia, fármacos etc. Además, los tratamientos del dolor se apoyan en indicaciones de estilos de vida, cuidados y mantenimiento de la salud física y psíquica, según cada caso.

 

 

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PhD, Doctora C.C. Información / Periodista / Editora Adjunta de Periodistas en Español / Divulgadora Científica / Profesora Universitaria / Fotógrafo / Comprometida con la Discapacidad, los Derechos Humanos, la Infancia y la Tercera Edad / Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor / Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios / Miembro de The International Media Conferences on Human Rights (United Nations, Switzerland) / Presidenta de D.O.C.E .- (Discapacitados otros Ciegos de España) - www.asociaciondoce.com / Coautora del libro EL CEREBRO RELIGIOSO junto a la Profesora López-Ibor. Editorial El País Neurociencia https://colecciones.elpais.com/literatura/62-neurociencia-psicologia.html / Autora del Libro Fotografía Social.- Editorial Anaya / Consultora de Comunicación Médica. www.consultoriadecomunicacion.comContacto Periodistas en Español: [email protected]

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