Kapuscinski: reedición de Cristo con un fusil al hombro

Cualquier libro de Ryszard Kapuscinski da para un curso de periodismo completo.

Maquetación 1Sus obras deberían ser obligatorias en todas las escuelas y facultades. También ésta, Cristo con un fusil al hombro*, publicada nada menos que en 1975 en su Polonia natal aunque al resto de países europeos no llegó hasta 2010 (y ahora reedita Anagrama), cuando ya habíamos leído trabajos posteriores mucho más sólidos como Sha, Ebano Los cínicos no sirven para este oficio… y así hasta más de una docena, todas ellas tratados del mejor periodismo, el que es independiente y honesto.

Fallecido en 2007, con casi 75 años, Ryszard Kapuscinski pertenece a la categoría de grandes reporteros, los que con su trabajo consiguen ganarse el reconocimiento unánime no solo de los lectores sino también de sus colegas. Era alguien muy singular en esa hermandad internacional de los grandes reporteros, que se cruzan en todas las guerras y situaciones extremas: “En primer lugar porque trabajaba para un medio de comunicación pobre (la agencia estatal PAP, de la que fue el único corresponsal durante muchos años)  de un país que no era menos pobre (Polonia). Después porque desde muy pronto definió sus opciones, sin desprecio ni condescendencia con los demás…”. Militó en el partido comunista polaco (Partido Obrero Unificado Polaco) hasta 1981.

Periodista, en su caso, no es solo una profesión, es una forma de vida.   A lo largo de toda una carrera, iniciada como reportero de la agencia estatal polaca, el medio de comunicación más influyente de un país destrozado por una guerra en la que –entre unas cosas y otras; o sea, las trincheras y la población de origen judío aniquilada en los campos nazis- había perdido a la mayoría de sus intelectuales. De aquellos primeros años de reportero enviado a las guerras, especialmente en Africa, provocadas por los abusos de occidente y que acabarían en la descolonización, Kapuscinski arrastró hasta su muerte una malaria contraída por culpa de las penosas condiciones en que estaba obligado a cubrir los acontecimientos: sin medios económicos apenas, malcomía y maldormía a salto de mata, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Nunca formó parte de la legión de enviados especiales que pernoctan en hoteles de cinco estrellas y se mueven por las guerras en automóvil con chófer y con una visa oro del periódico, o el canal de televisión, en el bolsillo. Porque aquellos eran otros tiempos y porque no lo hubiera soportado. Historiador de formación (Universidad de Varsovia), escritor y poeta también, se sentía especialmente atraído por la “historia inmediata y lo que este nómada prefería definir como la historia que se mueve”.

Kapuscinski fue un reportero fuera de la media, extraordinario: viajero, periodista, escritor, formaba parte de todas las categorías y se negaba a que le encasillaran en ninguna. A lo largo de toda su carrera dijo siempre lo que pensaba del oficio de reportero, su ética, su misión, y también sobre la ineludible independencia de la prensa, la objetividad del periodista, el poder de la televisión, los efectos perversos de la carrera para conseguir la información. Hizo de su oficio un trabajo que consistía en ir a buscar a la gente, allá donde estuviera, intentar conocerla y sobre todo dar la palabra a quienes no la tienen jamás, en lugares a los que no acuden los colegas que buscan sobre todo la “primicia” y viven angustiado por la neurosis del scoop.

Cristo con un fusil al hombro está escrito así, en el lugar de los hechos y en un cara acara con los protagonistas de la historia: de Oriente Medio a Africa, pasando por América Latina (de donde procede la imagen del Cristo guerrillero, del sacerdote colombiano Camilo Torres, pionero de la Teología de la Liberación y miembro del Ejército de Liberación Nacional, abatido el 15 de febrero de 1966 con un arma en la mano). Kapuscinski “paseó sus maletas entre los fedayines palestinos, los guerrilleros de Bolivia o los combatientes de Mozambique, donde los guerrilleros combatían descalzos contra el ejército portugués, para no dejar rastros. Esa locura del poder que aparece en las crónicas de Kapuscinski tiene como consecuencia la precariedad en que viven algunos pueblos, enfrentados a la miseria, la injusticia social y a veces la hambruna…”. El viaje, decía, no puede ser nunca de ocio sino un medio para entender la marcha del mundo y sus mutaciones.

En las historias contadas en Cristo con un fusil al hombro el periodista, como siempre a lo largo de su vida, se fija en una existencia concreta para dibujar a partir de ella un marco político general en el que siempre aparece el compromiso del autor: “El mundo que pinta es absurdo, cínico, la violencia está omnipresente, la democracia es un biombo con ruedas, la hipocresía favorece la existencia de esclavitud, represión, crímen…”. Kapuscinski explicaba muy bien la íntima relación existente entre silencio y dictadura, Si n embargo, y como él decía (Y acabamos de ver en Ucrania, aunque lo que ocurra después sea un misterio), “Una dictadura se desploma siempre de un golpe. Parece fuerte hasta que llega el final”.

*El título hace referencia a un cuadro del pintor argentino Carlos Alonso que representaba a Cristo alzado en armas: pintado justo después del asesinato de Che Guevara en Bolivia (aunque el rostro corresponde a Camilo Torres), el cuadro fue reproducido infinitas veces y buscado por al policía en toda América Latina, dominada aquellos años por regímenes dictatoriales.

  • Anagrama, coleccion Compactos
  • Traduccion Agata Orzeszek
  • Barceloan, 2014
  • ISBN: 9788433977441
  • 208 págs., 7,90 €

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Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

1 Comentario

  1. Quisiera coincidir en casi todo con la autora aunque matizando una cosa, Camilo Torres no murió con ningún fusil, murió en su primer combate con la guerrilla porque no había fusiles para todos y tenían que coger los que caían de los miembros del ejército. La canción de Victor Jara, Camilo Torres, lo define muy bien, ..”lo mataron cuando iba por su fusil, Camilo Torres muere para vivir”.

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