La corrupción es más generalizada en las dictaduras que en las democracias

Me sirvo para titular este artículo de una cita que es propiedad del historiador y catedrático español Francisco Comín.

corrupción política España cubierta

La frase (realmente dice La corrupción es más generalizada en los regímenes absolutos y en las dictaduras que en las democracias) está incluida en La corrupción política en la España contemporánea. Un enfoque interdisciplinar, un magnífico y necesario libro de Historia publicado el año pasado por Marcial Pons, dirigido por los historiadores Borja de Riquer, Joan Lluís Pérez Francesch, Gemma Rubí, Lluís Ferran Toledano y Oriol Luján.

Pertenece, en concreto, a su artículo ‘Presupuesto y corrupción de la España contemporánea (1808-2017): lecciones de Historia’, donde Comín (tal y como recogí en mi texto ‘La corrupción política en la España contemporánea’, publicado el 30 de diciembre de 2018 en Nueva Tribuna) llega a la conclusión de que lo que se ha producido en la España contemporánea es la captura del Estado por parte de los más poderosos grupos económicos: “los grandes contribuyentes, los suministradores y empleados del Estado y los tenedores de deuda pública”.

Para Comín, corrupción pública es “todo abuso de poder cometido por cargos públicos para obtener un beneficio privado, perjudicando el interés general, con independencia de que dichos actos corruptos sean legales o constituyan delitos”. 

Las escalas de la corrupción pública van de la “inexistencia de democracia (absolutismo, dictadura, autocracia)” a “las democracias avanzadas (captura del Estado o regulador”), pasando por “la democracia imperfecta (regímenes censitarios, fraude electoral)”. En esas tres escalas se comprende el recorrido histórico español de los últimos tiempos.

“El presupuesto público es la base de la corrupción y del clientelismo en la España contemporánea en las diferentes etapas”.

Esas etapas las cifra Comín en las cuatro siguientes:

  1. Los orígenes del caciquismo (1808-1874).
  2. La consolidación del caciquismo tradicional (1874-1923).
  3. El caciquismo autoritario o de partido único (1923-1930 y 1936-1975).
  4. El caciquismo de los partidos en las democracias (1931-1936 y 1977 en adelante).

Sorprende, sí, ese uso de la palabra caciquismo para referirse a las dos últimas, especialmente a la que aún estamos viviendo. Sigo.

Se ha creído habitualmente que los déficits públicos (presupuestarios) del siglo XIX están entre las causas no sólo del fracaso de la revolución industrial en España sino también de la nueva corrupción y el caciquismo, entendido este último como la sustitución de la dejadez estatal para intermediar entre el poder y la gente, manifestación del “legado absolutista” y “la inercia de los comportamientos políticos y sociales”. Y, a su vez, el déficit presupuestario (público) “fue el resultado del pacto político entre la nobleza y la burguesía para imponer la revolución burguesa entre 1833 y 1874”. Aunque cada vez el criterio historiográfico abunda más en que lo que tuvo lugar en aquel siglo fue el triunfo de la revolución liberal que sustituyó al Antiguo Régimen por el régimen liberal, Comín sigue hablando de revolución burguesa. Sigo.

Para Comín, en la Edad Contemporánea pervivieron, transformados, los comportamientos corruptos propios del predominio político de la aristocracia y la realeza. Y no fue hasta la Restauración (1875-1923) que no tuvo lugar el acuerdo “entre las distintas redes clientelares para repartirse el acceso al poder y el presupuesto”. La captura del Estado, hasta la aprobación en 1890 del sufragio universal masculino, se produjo directamente por parte de los profesionales y propietarios, los beneficiados del sistema electoral censitario. Pero el sufragio universal masculino, lejos de traer la democracia lo que hizo fue consolidar el caciquismo (se encareció la manipulación y se redujo a los más ricos) y ampliar la corrupción.

Comín deduce que no fue el caciquismo una de las consecuencias del déficit hacendístico español, sino su causa, pues beneficiaba a las redes clientelares al permitirles eludir la presión fiscal, obtener ganancias por medio de los contratos y concesiones públicos, así como controlar políticamente sus distritos electorales al haberle negado al Estado los fondos necesarios para hacerlo. Esa apropiación-captura del Estado por parte de los caciques dejó en nada la pretendida y reconocida separación de poderes liberal-constitucional.

Bajo la dictadura del general Francisco Franco, la corrupción regresó a los niveles mayestáticos de los tiempos del reinado absolutista de Fernando VII. Durante el franquismo, la corrupción “fue generalizada (sistémica) y estuvo institucionalizada (realizada en el seno de las instituciones públicas) y jerarquizada (la realizada en los organismos oficiales, el Ejército, la Iglesia y la Falange)”. Fue aquella una corrupción más visible y sufrida por la ciudadanía durante la dictadura y “más compleja y encubierta” en los años de la liberalización económica y la tímida apertura al exterior. La propia duración de la dictadura se debió a la hábil combinación franquista de corrupción y represión.

Para Comín, de aquella generalizada actuación pública corrupta aún no nos hemos recuperado los españoles y ha llegado hasta nosotros pese a la transformación que supusieron los años de la llamada Transición.

Las causas de que la corrupción campe aún a sus anchas por la realidad española son según Comín las siguientes:

“Los regímenes políticos nuevos no pueden hacer tabla rasa del pasado, la herencia histórica es un determinante decisivo de la corrupción […]. Como ocurrió en otros campos, el legado de prácticas y mentalidades corruptas que el franquismo dejó a la democracia no era ni renunciable ni a beneficio de inventario; al contrario, fue un factor fundamental para explicar la corrupción actual, dada la ausencia de depuración de funcionarios y políticos en la Transición”.

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Editor de material didáctico para diversos niveles educativos en Santillana Educación, historiador y escritor. Director de la revista digital de divulgación histórica Anatomía de la Historia, es autor de El franquismo, La Transición, ¿Qué eres, España? y La Historia: el relato del pasado (publicados los cuatro libros por Sílex ediciones), fue socio fundador de Punto de Vista Editores y escribe habitualmente relatos (algunos de los cuales han aparecido en el blog literario Narrativa Breve, dirigido por el escritor Francisco Rodríguez Criado) y artículos para distintos medios de comunicación, como la revista colombiana Al Poniente o las españolas Nueva Tribuna, Moon Magazine y Analytiks. Tiene escrita una novela y ha comenzado a escribir otras dos.

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