La larga agonía de los medios en Argelia 

En abril cayó un título significativo, Liberté, periódico francófono de Argelia que llegó a vender más de cien mil ejemplares impresos diarios. Su propietario, Issab Rebrab, quien figura en la lista Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo árabe, lo cerró sin dejar a los miembros de la redacción ninguna posibilidad de continuar publicando el periódico. ¿Qué sucedió entre Rebrab y las instancias del poder?  

Rebrab, considerado «el hombre más rico de Argelia» y hoy oficialmente retirado, tuvo varios choques con los gobiernos finales de la larga presidencia de Abdelaziz Bouteflika. En 2016, el multimillonario argelino, propietario del grupo industrial Cevital, no pudo adquirir el grupo de medios vinculado al diario en árabe El Khabar, tras la decisión de un tribunal que congeló la transacción comercial ya firmada.

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Primera página del diario El Khabar del 19 de diciembre de 2022.

«No se puede ganar un asunto de esta envergadura contra el Estado, pues nos encontramos ante un sistema judicial sometido al poder ejecutivo», declaró entonces Issab Rebrab.

Ese acto fallido tuvo su origen en las alegaciones en contra de la venta del diario a Rebrab, por parte del gobierno encabezado por Abdelmalek Sellal. Tiempo después, Rebrab fue acusado de irregularidades financieras. En 2019, fue encarcelado ocho meses.

Entre las bajas mediáticas, la lista de cierres anteriores a Liberté incluía tanto nombres de la prensa en árabe (Echouruk, por ejemplo) como en francés (Le MatinLa Tribune, etcétera). Varios medios digitales han sido censurados. Las deudas por la adquisición del papel para las imprentas, que controla una sociedad estatal, o a la seguridad social, están también entre las causas (administrativamente generadas) de la paulatina desaparición de los medios.

Alguien dice que los clanes de poder actuales están en el origen del acoso a los periodistas y a los medios para «neutralizar» a quienes apoyaron a la corte de beneficiarios que hubo durante los largos años de la presidencia de Abdelaziz Bouteflika. También plausible. 

argelia-periodistas-protestas-liberte-900x564 <strong>La larga agonía de los medios en Argelia </strong>
Argelia: protesta de periodistas ante la sede de Libertè
Argelia-última-portada-Liberté <strong>La larga agonía de los medios en Argelia </strong>
Última edición del diario Liberté (Argel, 14 de abril de 2022).

Bloqueos inesperados

Sin acta de defunción final, pero muerto a efectos prácticos, se encuentra El Watan. En algún momento, al intentar comprobarlo, sufrimos un bloqueo inesperado en la web del diario. Nos sucede con otros casos similares. En Middle East Eye, leemos que El Watan agoniza y que los propietarios siguen haciendo una versión (fantasmal, de pobre apariencia) de lo que fue ese prestigioso diario (también francófono). La última versión que se muestra en nuestra pantalla se configura únicamente como una serie de notas sueltas sacadas de las agencias APS (argelina) y AFP (francesa), además de algunos pocos textos firmados por viejos periodistas ahora propietarios del periódico.

Hace un mes, en un artículo publicado en Middle East Eye (15 de noviembre de 2022), el periodista Ali Boukhlef (Alí Bujlef), relató los despidos masivos en la cadena de televisión Ennahar TV, de expresión árabe y que había llegado a convertirse en punto de referencia para buena parte de los argelinos. En 2017, se citaba ya a quien era ministro de la Comunicación, Djamel Kaouane (Jamel Kauán): entonces, veintiséis diarios y unos treinta semanarios y revistas habían cerrado en tres años.

Para quienes recordamos la explosión de la prensa que vivió Argelia a finales del siglo veinte y el espectáculo de la gente acumulada leyendo titulares de decenas de publicaciones ante la puerta de la Grand Poste, elegante icono arquitectónico y símbolo de Argel, la actualidad de los periódicos y de los medios argelinos resulta hoy triste e inquietante. 

Aún siendo conscientes de los límites internos de la información, de determinadas zonas oscuras relacionadas con la propiedad, había un apreciable pluralismo. Para quienes aprendimos durante el franquismo el cursillo llamado leer-entre-líneas, resultaba más fácil traducirlo todo a la lógica de una sociedad con nubes de censura encubierta. 

Además, para los corresponsales y enviados especiales que cubrimos la guerra civil (o segunda guerra de Argelia, 1991-2003) el trabajo de nuestros colegas resultó imprescindible para que nosotros pudiéramos hacer el nuestro apoyándonos en el suyo. Los periodistas de Argelia pagaron –entonces  y después– el mayor precio, en forma de coacciones, inseguridad, muertes, amenazas y atentados. 

En conjunto, el periodismo argelino ha seguido siendo valioso y valeroso. A veces ha tenido que refugiarse en el exterior, eso sí. Imprescindible para su sociedad y para quienes –por motivos diversos– nos seguimos interesando por la historia traumática de ese país.

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Del nivel de la libertad de expresión que tuvo Argelia, da fe esta caricatura de Alí Dilem publicada en 1999 en el diario El Watan

Dificultades y acosos diversos

En todos los casos de cierres, se citan las dificultades financieras como causa mayor del declive de ese paisaje mediático. En El Watan, Ali Bahmane se refiere al uso de la publicidad institucional como vía para someter a los medios desobedientes: «El problema de la publicidad es el mayor escándalo de la prensa [argelina] de las últimas décadas. Ha quebrado muchos medios que fueron obligados a la sumisión o a la renuncia, favoreciendo la eclosión de una falsa prensa, sin lectores ni público, que ha abierto el camino hacia el intrusismo de falsos propietarios de prensa que se enriquecieron con la renta publicitaria. Los pocos periódicos, sitios digitales o emisoras de televisión, que se atreven a resistir van despareciendo uno a uno o se ven forzados a hacer concesiones, a menudo de gran calado, sobre su contenido editorial. Los lectores, a su vez, se sorprenden y quedan insatisfechos, de modo que se vuelcan en los medios extranjeros o en las redes sociales… »

Captura-de-pantalla-2022-12-21-a-las-11.38.49-2-e1671646718668 <strong>La larga agonía de los medios en Argelia </strong>

Pero el periodista Ali Bouklef señala otros aspectos, como precisas campañas de prensa o publicaciones en donde la información interesada de los propietarios de determinados medios, así como la extensión de la difamación y las querellas contra periodistas, activistas, políticos considerados marginales o disidentes o personajes públicos, fueron (o son) moneda corriente. 

Normalmente, ese tipo de guerra interna suele reflejar también las disputas entre clanes del poder. Así, surgieron titulares que contribuían a extender la idea popular –bien fundamentada– de que la corrupción y la hogra (humillación, desigualdad, corrupción) persisten en la cumbre. Con uno u otro clan del aparato de poder. El encarcelamiento y condena de numerosos miembros del caído clan Bouteflika es más de lo mismo. 

Constatamos que el movimiento de demandas democráticas conocido como Hirak parece haberse disuelto; no obstante, la amargura por todo lo anterior permanece instalada en muchos jóvenes en ese país. 

Sobre los medios, Boukhlef cita así el caso del grupo Ennahar TV:

– Aunque hoy se encuentre en declive, el grupo Ennahar tuvo éxito cuando empezó. Primero en la prensa, con un diario creado en 2007 por el argelino Anís Rahmani. Ese periódico (del mismo nombre) se impuso con rapidez como uno de los de mayor tirada del país. A principios de 2010, afirmaba sacar cada día de la imprenta más de 400.000 ejemplares. Pero pronto cayó en el sensacionalismo y se atrajo problemas diversos: personalidades políticas y artistas, pasando por otros periodistas y a veces responsables de colectividades locales, empezaron a denunciar los métodos de Ennahar. Así es como la (incombustible, histórica) secretaria general del Partido de los Trabajadores (PT), Louisa Hanoune, sufrió ese tipo de reportajes de los medios del mismo grupo que le atribuyeron ‘medios adquiridos de manera indebida’ y ‘una fortuna’ que ella negó. Planteó una denuncia judicial por difamación y terminó ganando.

El citado Anís Rahmani sufrió varias denuncias por las que está condenado a varios años de cárcel. Una de esas condenas (a diez años) tenía que ver con la grabación y difusión de una conversación con un coronel de los servicios secretos argelinos. 

Hay que recordar también que Hanoune fue detenida y condenada antes (2019) a una pena de quince años de cárcel y que estuvo encarcelada durante meses (entre 2020 y 2021) por «complot contra la autoridad del Estado» y «desobediencia a la autoridad militar», para ser finalmente absuelta.

Argelia-viñeta-Le-Hic-de-El-Watan <strong>La larga agonía de los medios en Argelia </strong>

Periodistas y blogueros distintos han sido arrestados, procesados y encarcelados cada cierto tiempo. Sobrevive una especie de regla represiva, al modo de lógica no escrita: a mayor contestación social en la calle, más medidas contra los trabajadores de la prensa.

Hace ocho meses, se produjo el cierre total del simbólico diario Liberté. Fue un aldabonazo contra el pluralismo, tras tres décadas de existencia. Un símbolo de muerte lenta de una prensa que lo había aguantado todo durante la guerra civil: decenas de periodistas asesinados y atentados de todo tipo. 

El más recordado, el que sufrió en 1996 la Casa de la Prensa de Argel, donde tenían su sede varios diarios. Hubo veinte muertos y un centenar de heridos. El conjunto de aquellos edificios protegidos por un muro, que había sido un cuartel, sufrió el impacto de un camión lleno de explosivos. Ese centro neurálgico del periodismo en Argel llevaba el nombre de Tahar Djaout, escritor y periodista, asesinado por los islamistas y autor de una frase brillante, directa y terrible que definió entonces a la profesión: «Si hablas, mueres. Si te callas, mueres. Entonces, habla y muere». Tahar Djaout había sido definido por publicaciones islamistas como un periodistas de izquierdas «que odia el islam».

Después, en las ocasiones en que los periodistas europeos enviados a Argelia podíamos acercarnos hasta la Casa de la Prensa, la presencia de guardaespaldas con kalashnikov era corriente en cualquier pasillo, a la entrada de los despachos de los periodistas más señalados. 

Ahora, la muerte de los medios es menos brutal. Es lenta y agónica. Cada cierto tiempo, como un ritual, hay algún periodista o persona próxima a los medios que sufre denuncias y condenas. Un nombre que se añade al goteo de una larga lista: Houam BelkacemKhaled DrareniSaid ChitourMerzoug TouatiRabah Karèche, etc, etc. 

En el caso de Echorouk, la empresa editora recibió un aviso para recordar que debían pagar de inmediato sus deudas relativas al suministro de papel de imprenta, tras publicar un artículo sobre pesticidas utilizados en la producción de los dátiles argelinos destinados a la exportación. El autor del texto, Houam Belkacem, fue condenado a un año de cárcel, mientras el periódico sufría una prohibición temporal. Belkacem fue condenado en virtud de una ley aprobada en 2021 –durante la explosión de la pandemia del Covid– que castiga «la difusión de noticias o informaciones falsas o calumniosas propagadas conscientemente entre el público para provocar perturbaciones en los mercados y una subida repentina y no justificada de los precios» (citado así por el diario Le Monde). 

En varios de los casos antes mencionados, los despidos de los empleados de los medios se han multiplicado. Las presiones políticas y la crisis financiera –atizada desde arriba– están provocando un cataclismo mediático a paso de tortuga. Cientos de periodistas no han cobrado sus salarios desde hace meses. Mientras, cierran algunos medios audiovisuales y cabeceras significativas de los diarios impresos son reducidas al silencio. Esto sucede en un país en el que la prensa fue un tiempo la más abierta de los países del Magreb. Una larga agonía.

Paco Audije
Periodista. Fue colaborador del diario Hoy (Extremadura, España) en 1975/76. Trabajó en el Departamento Extranjero del Banco Hispano Americano (1972-1980). Hasta 1984, colaboró en varias publicaciones de información general. En Televisión Española (1984-2008), siete años como corresponsal en Francia. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Doce años corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique" (2010-2022).

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