Marcel Proust y la literatura

A los 100 años de la muerte de Marcel Proust, «En busca del tiempo perdido» es una obra de referencia en la literatura universal

Si se preguntase a los escritores contemporáneos con quién quisieran ser comparados para la posteridad, muchos contestarían con un solo nombre: Marcel Proust.

Marcel Proust

En efecto, Proust, de quien el 18 de noviembre se cumple un siglo de su muerte, es el ejemplo más destacado de escritor a quien todo el mundo conoce a pesar de que muchos no han leído ni una sola línea de su obra. Aunque no es escritor de un solo título, el que todo el mundo cita es «En busca del tiempo perdido», un trabajo monumental de siete volúmenes (entre tres mil y cinco mil páginas según la edición) publicados entre 1912 y 1927, que ha quedado como ejemplo de lo que es una obra maestra de la literatura.

En Francia, su país de origen, pero me atrevería a decir que prácticamente en todo el mundo, es la obra más comentada de la literatura universal y a la que se ha dedicado un mayor número de trabajos de investigación y de análisis desde las ópticas más diversas.

Y, ni la colección de relatos recogida en «Los placeres y los días», ni su novela «Jean Santeuil» ni el ensayo literario «Contra Saint-Beuve» se citan casi nunca cuando se habla de Proust. Y menos sus excelentes traducciones de Ruskin, un autor que tanto influyó en su literatura.

En 2019 se publicó «El remitente misterioso y otros relatos inéditos» y este mismo año «Los setenta y cinco folios y otros manuscritos inéditos».

El hombre y su circunstancia

Marcel Proust había nacido en 1871 en una familia de la alta burguesía culta de París, de padre médico y madre judía. De carácter reservado, salud precaria y sensibilidad exasperada, su inseguridad ante la vida, agravada por una sobreprotección maternal, le inclinó a dedicarse a la lectura y la escritura, para lo que estaba especialmente dotado.

Infancia feliz repartida entre Illiers, Anteuil, Cabourg y París, comenzó a escribir lo que veía en sus paseos y observaba en los ambientes sociales de su época, en la Revue Lilas del instituto, Le Mensuel (con seudónimos) y Le Banquet, fundada por él mismo. Escribe también algunos artículos para Le Figaro.

Su vida transcurre monótona entre las amistades y los salones de la alta sociedad de su época, donde conoce a escritores y artistas, y participa en los debates sobre el caso Dreyfus y la Primera Guerra Mundial. Viaja poco y pronto decide que su futuro es ser escritor. Concibe una obra de dimensiones monumentales, a publicar durante los próximos años, sobre el tiempo y la memoria.

Murió en 1922 antes de ver publicados los últimos volúmenes de «En busca del tiempo perdido» y poco después de haber puesto la palabra Fin en la última página. A su precaria salud y el voluntario abandono de su estado se había unido una pulmonía mal tratada.

Una obra para la eternidad

Como ocurrió con muchos autores, el manuscrito de «Por el camino de Swann», el primer volumen de «En busca del tiempo perdido», fue rechazado por la Nouvelle Revue Française, (su editor André Gide nunca se perdonó este «peor error» de su vida) y Proust tuvo que publicarlo en Bernard Grasset a sus expensas. La buena acogida de la crítica hizo que el segundo, «A la sombra de las muchachas en flor», ya fuera publicado por la revista que lo había rechazado. El Premio Goncourt impulsó el éxito de la obra y facilitó su publicación en todo el mundo.

«En busca del tiempo perdido» es la obra literaria que marca el fin de la literatura decimonónica y anuncia el nacimiento de una nueva manera de escribir, con nuevas técnicas narrativas, nuevas estructuras y nuevas formas experimentales de contar los acontecimientos y describir los personajes.

No es tan revolucionaria como «Ulises» de Joyce pero marca una nueva etapa en la evolución del discurso narrativo. Es un texto en el que se mezclan la pasión, el amor y los celos, con la amistad, la sicología, el erotismo, el sexo, la muerte y la crítica social a la alta burguesía y a la aristocracia, ambientes mundanos en los que se mueven los protagonistas, incluido el autor, que utiliza una mezcla de lenguajes novelesco, ensayístico y poético.

Aquí están los personajes reales que Proust conoció y las clases sociales con las que se relacionaba, desde barones, duquesas, marquesas, gentes de la cultura y burgueses ricos y snobs, a criadas, plebeyos, soldados y subalternos. La compleja y minuciosa arquitectura de «En busca del tiempo perdido», la estructura milimétrica de su composición, se explican en un episodio memorable: cuando el crítico Francis Jammes le sugirió a Proust que suprimiese un párrafo del primer volumen, que encontraba escandaloso, Proust se negó porque ese párrafo, dijo, contenía la explicación de los celos del protagonista en los volúmenes cuarto y quinto, es decir, unas dos mil páginas más adelante.

Proust dijo en varias ocasiones que el último capítulo del último volumen lo escribió inmediatamente después del primer capítulo del primero, así que todo lo demás estaba condicionado por ese principio y ese final.

«En busca del tiempo perdido» es un texto literario en el que Proust cuenta su vida desde la infancia a los últimos años, así como su formación como escritor, con una técnica que alterna la narración omnisciente y subjetiva (sólo cita su nombre, Marcel, un par de veces y no siempre lo que ocurre obedece a una estricta biografía).

Los dos ejes que conforman la obra giran alrededor de la personalidad del individuo y la reconstrucción del pasado a través de la memoria, que muchas veces se despierta con los sentidos: el tacto, el olfato, los sabores (la famosa magdalena mojada en té). A través de estos dos elementos el autor busca la explicación a la existencia del ser humano en la sociedad de su época y la utilización que ese ser humano hace con su tiempo, ese tiempo que, en una continua metamorfosis hacia la decadencia, transforma a las personas en despojos dispuestos para la muerte.

Únase a más de 1100 personas que apoyan nuestro periódico

Podrás comentar, enviar sugerencias y además podrás acceder de forma gratuita a eBooks, póster y contenidos exclusivos de nuestros colaboradores.

Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

1 COMENTARIO

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.