‘Memoria de la nieve’ de Julio Llamazares

La editorial Nórdica ha tenido el empeño por un “viejo deseo de su fundador y dueño” de reeditar de forma individual y con unas magníficas ilustraciones de Adolfo Serra, el segundo libro de poesía que escribiera en 1982 Julio Llamazares, titulado ‘Memoria de la nieve’ y que el autor dedica a sus padres.

Llamazares Memoria de la nieve

La poesía de Julio Llamazares está vinculada estrechamente a aquel paisaje perdido y reencontrado en su memoria. Aunque sus poemas son menos conocidos que el resto de su obra literaria, por supuesto, merece la pena la inmersión en estos treinta poemas que están acompañados de ilustraciones bucólicas de la naturaleza a diferentes horas.

El propio autor leonés explica en su nota previa a la presente edición que su obra poética se encuentra en la editorial Hiperión, que la publicó completa en 2009. En su prólogo escribía el mismo autor por qué no sigue escribiendo poesía: “A día de hoy, sigo sin tener muy clara la razón exacta, quizá porque no hay ninguna”. Confiemos sus lectores que algún día vuelva a regalarnos más poemas.

Como el propio autor señala en la contraportada: “Son símbolos de mi biografía: la nieve, los bueyes, las montañas, etcétera.”. Precisamente su primer libro de poesía fue otro símbolo citado, ‘La lentitud de los bueyes’ y tomo prestado sus propios versos para recordar, “Como si todo fuera igual, como si no hubieran pasado tantos años”.

El título de esta obra, “resume muy bien no solo la poesía sino toda mi obra. Creo, además, que es una redundancia: la memoria es como la nieve, escribes sobre ella, y mientras escribes se va derritiendo. Es como si siempre escribiera sobre la nieve, no sobre el papel”.

Citemos unos versos: “La nieve está en mi corazón como la hiedra de la muerte en las habitaciones donde nacimos” o los que cierran el libro “Solo estoy, en esta noche última, como un toro de nieve que brama a las estrellas”.

La nieve, como apunta, forma parte de su obra, pero no solo poética, citemos un par de artículos en los que aparece: ‘La nieve de octubre’ o ‘Bajo el infierno blanco’.

‘Memoria de la nieve’, en cierto modo, lo enlazo con su pequeño cuento ‘El valor del agua’ (2011), ilustrado por Antonio Santos. No hay que olvidar que la nieve es al fin y al cabo, agua. ‘Distintas formas de mirar el agua’ como el título de uno de sus libros. Por cierto, el pintor e ilustrador le acompaña también en su reedición del ensayo ‘El entierro del Genarín’ (1981, reeditado 2015), ahora que en León se va a volver a vivir tan curiosa procesión laica el Jueves Santo.

En la misma editorial, Nórdica, el autor publicó ‘Atlas de la España imaginaria’(2015), ilustrado por David de las Heras con fotos de Navia y donde el autor pasa por lugares como en Babia –título de uno de sus libros de artículos (1990), – Fuenteovejuna, Pinto y Valdemoro, Jauja, los cerros de Ubeda y las quijotescas Insula Barataria y Las Batuecas.

Julio Llamazares
Julio Llamazares

Llamazares ha sido pionero en la literatura española con dos novelas en dos temas, que posteriormente han sido y siguen siendo muy difundidos, ‘Luna de lobos’ (1985) –de la que se hizo una versión cinematográfica dos años después del libro- referida a los maquis, los guerrilleros antifranquistas una vez acabada la guerra civil, y el mundo rural con ‘La lluvia amarilla’ (1988) –que tuvo una versión teatral y en su veinticinco aniversario de edición incluía un DVD- y añadiría algo más, ahora que tanto se habla y escribe de la Laponia española, Llamazares ya pasó por allí, ver su artículo ‘El tren de Laponia’ escrito hace ya tres décadas.

También fue pionero en algo tan sencillo pero a la vez tan complicado como entrevistar a un sintecho en 1992, aunque él lo menciona como mendigo y vagabundo. Se titulaba el artículo ‘Bernardo Gonzalo, mendigo’ aunque anteriormente también escribió sobre él en el reportaje ‘Nuevas vidas ejemplares’ (1988). El término sintecho se popularizó después, lo que me recuerda otro de sus artículos, alusivo a este tema, ‘Las palabras’ (2007).

Permitan los lectores para terminar unas reflexiones estrictamente personales sobre el autor. Confieso ser un fiel lector y admirador de Julio Llamazares desde hace más de tres décadas, he crecido con sus lecturas desde la adolescencia a la edad madura. Recuerdo sus gestos solidarios y su aparición en antologías poéticas en favor del Sahara o Nicaragua, en los años ochenta, por ejemplo.

Entre sus numerosos reportajes y libros de viajes, recordar ‘Irak el país de las mil y una guerras’ (1990) antes de la primera Guerra del Golfo y posteriores. Los dedicados al país vecino ‘Balada de Portugal’ (1987), ‘Tres postales portuguesas’ (1993), ‘Tras-os-montes’ (1998) y el prólogo del libro bilingüe, ‘Por los caminos del reino materno’(2016). Además recorrió ‘El viaje de Don Quijote’ (2016) siguiendo los pasos del universal libro como hiciera Azorín un siglo antes.

Entre sus atinados artículos, no olvido, entre cientos, ‘La diagonal del loco’ y ‘Arte del silencio’ dedicados al ajedrez, ‘León, la bella desconocida’ –ciudad que forma parte de mis mejores vivencias-, ‘Casablanca’, ‘Anochecer en Nador’, ‘La catedral perdida’ antecedente de sus dos libros dedicados a las catedrales españolas….

Tras muchos intentos frustrados, él iba a ciudades, pregonaba ferias del libro, ofrecía conferencias, justo cuando yo iba de vuelta, jamás coincidimos en nuestro periplo viajero.

Amigos y familia me facilitaban en actos y ferias del libro su firma en los numerosos ejemplares que pueblan mi modesta biblioteca y de los que he disfrutado con su lectura.

Finalmente, por fin y con un gran lote de libros por firmar de su puño y letra, pude personalmente balbucear lo mucho que admiraba su labor literaria que, insisto, me ha acompañado en todas las etapas y ciudades de mi vida. Me miró con sincero asombro cuando tuve el atrevimiento de sugerirle un reportaje de viajes en una zona que conozco muy bien y que pocos han reflejado de manera literaria.

Pero lo más sorprendente para mí fue, al final, cuando me iba a ir y tras confesarle que no podía pagar su reciente libro ‘Las rosas del sur’ –donde le hablé de Algeciras y antes le cité Tánger- y que lo compraría en cuanto saliera la edición de bolsillo, en la cual tengo la primera parte de su periplo por las catedrales españolas ‘Las rosas de piedra’, cogió un ejemplar y me lo entregó.

Supongo que mi cara fue una mezcla de sorpresa y sincero agradecimiento. Ahora en mi biblioteca ambos ejemplares forman una extraña pareja, el gordo y voluminoso de tapa dura junto al pequeño de bolsillo y tapa blanda, pero ambos muestran la humanidad de un gran escritor.

  • Memoria de la nieve. Julio Llamazares.
    Ilustraciones: Adolfo Serra
    Nórdica Ediciones.
    Abril de 2019. 15,90 euros.
    84 páginas.

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Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona, rama Periodismo con cursos de doctorado, estudios sobre Marruecos contemporáneo y el Sáhara Occidental. Más de 30 años de periodismo, la mayoría en prensa escrita, ha trabajado a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar, casi 13 años en el extinto diario El Faro Información, en Algeciras, donde empezó de redactor y del que fue su último director y en Tánger dos años en un diario digital. Además ha participado en la mayoría de los Congresos de Periodistas del Estrecho desde el inicial en 1993 hasta el último en 2019. Gran aficionado al ajedrez y amante de Portugal. Ha publicado un libro, ‘Artículos periodísticos. Apuntes para la historia de la prensa de Algeciras’.

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