Niños representados a brochazos

Según su forma el espacio compone una serie infinita de puntos mientras una figura contenida en el espacio está delimitada por sus propios puntos. La figura es una representación perceptible. Los pintores ‘impresionistas’ componían formas instantáneas, delimitadas por la espontaneidad al ser captadas, mientras la técnica de pintura japonesa sumi-e componía representaciones y trazos interiorizados. El pintor sumi-e libera sus sentidos durante el metsuke para centrar y focalizar su mente. En cambio, el impresionista queda arrebatado en el instante de sus sentidos.

Estas dos maneras de representar contraponen una espontaneidad vívida, fiel al instante, y otra espontaneidad íntima que precisa de interpretar la experiencia al velar su realidad. Ambos movimientos artísticos o técnicas interpretativas confluyen sobre otro conjunto de matices de toda representación: color, textura y tono. Una figura antropomórfica de un niño no varía en número de elementos y forma de otra figura antropomórfica de un adulto si se proyectara su silueta. Depende de la distancia a la que se encuentra el foco que apunta para formar esta silueta. Aunque el gesto también es textura pues en la dinámica de las cosas interpretamos para suponer reproducir veracidad en el que imagina. Debe de ser como poder decir durante este acto performativo de siluetas y formas. Y el mensaje sea: mi gesto y mi silueta es exactamente lo que debes pensar y finalmente piensas.

La representación social no deja de ser un juego de luces y sombras. Así el emisor de su forma se amolda a lo que quiere el observador piense de su figura. Valga de ejemplo el suceso del lunes 20 de abril de 2015 en el ‘Instituto Joan Fuster’ de Barcelona. Nuestra representación ideal de la infancia elude imaginar (sobre cualquier escenario posible) la silueta de un niño empuñando un arma: ballesta o cuchillo, pues en nuestra esquiva representación de la infancia a esa sombra la denominamos adulto y no niño,  para querer juzgarla en la proporción de su mayor sombra.

Nuestra adulta representación infantil debería equilibrar identidad y representación. Y debería sumar dar voz a su propia representación infantil (la de los niños, niñas y adolescentes), para permitirles a éstos y éstas saberse conducir en su identidad. Pues esta depende, a su vez, de los modelos a los cuales se acercan los niños y niñas de manera recíproca, al ser observadores participantes de este juego de luces y sombras con sus adultos.

El biólogo Richard Dawkins en su libro “El gen egoísta: las bases biológicas de nuestra conducta” define el concepto Meme. La estabilidad de este ‘gen cultural’ se debe por replicación de copias fidedignas de cerebro en cerebro, penetrando en el sistema cultural por imitación. Tal y como señala Susan Blackmore, «[…] si un observador recibe un trato amable por parte de otros, es posible que se sienta obligado a corresponder al modelo […] Este efecto se podría desprender de la combinación de la “regla de reciprocidad” que se deriva del altruismo recíproco y de la norma benéfica de Allison, ser amable con los que nos imitan” (Susan Blackmore, “Las Máquinas de los Memes”). En correspondencia con el ‘altruismo recíproco’ la profusa y rápida evolución de las TIC ha hecho de la Red de internet un contenedor global de memes.

Según afirma Albert Bandura en su teoría del ‘aprendizaje vicario’, éste (el aprendizaje) se da mediante procesos imitativo-cognitivos a través de un modelo, aprendiendo durante la intervención y en la interacción en las acciones y actividades. Este paradigma excluye la necesidad del refuerzo, cualquiera de éstos, durante el aprendizaje; formando, a su vez, la identidad de manera mimética.

La correspondencia entre el modelo de aprendizaje vicario que preconiza Albert Bandura con el ecosistema ‘memético’ que se compone en internet, construye una red cultural donde los niños y las niñas coparticipan al imitar y reproducir fenómenos de entropía al variar los memes en un entorno performativo online y offline.

El proceso que abre la memética queda vinculado a la propia capacitación identitaria con base kinética del niño y de la niña. Así, deberíamos aprender a recoger y registrar, también, todos los gestos posibles e imposibles que los niños y niñas proyectan. Y éstos no son trazos de ‘brocha gorda’.

Finalizo definiendo ‘MEME’ como:

ALTRUISMO MIMÉTICO EN LA TRANSMISIÓN CULTURAL Y UNIDAD MÍNIMA INFORMATIVA QUE MANTIENE LA FIDELIDAD DE LA COPIA SOBRE UNA RED DE INTERNET COMO CONTENEDOR GLOBAL.

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NETólogo, Especializado en Derechos de Infancia. Experto en “Gestión estratégica y liderazgo social”, por el Programa del Departamento de Gestión Pública del IESE. Actualmente (desde enero de 2014 hasta la actualidad en relación a infancia y adolescencia): ➣ Codirector del libro coeditado por UNED, Ministerio de Justicia y Thomson Reuters­Aranzadi "Menores e Internet". ➣ Coordinador del “Diccionario de Política e Intervención Social sobre Infancia y Adolescencia” coeditado por FAPMI (Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil), SENAME (Servicio Nacional de Menores de Chile) y Thomson Reuters­Aranzadi. ➣ Miembro del “Grupo de Trabajo Público­Privado de Menores e Internet” de Red.es para la Agenda Digital española. ➣ Evaluador del II PENIA (Plan Estratégico Nacional de Infancia y Adolescencia). ➣ Vocal Asesor de la Cátedra Santander Derecho y Menores de la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) ➣ Miembro de OCTA (Observatorio de Contenidos Televisivos y Audiovisuales)

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