¿Por qué hacemos trampas cuando jugamos a videojuegos en línea?

Las trampas son un concepto tan viejo como el tiempo, algo que lleva con nosotros desde que el ser humano adquirió la capacidad de jugar. A pesar de ser un tema controvertido, mucha gente hace trampas igualmente. Y los videojuegos no son ninguna excepción.

videojuegos eSport trampas
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Desde los inicios de la PlayStation o la Xbox, existen códigos de trucos y atajos secretos, a menudo facilitados por los propios desarrolladores. Hoy en día, con los juegos multijugador en línea, la gente hace trampas de todas las maneras posibles, ya sea usando algún software especial o aprovechando algún fallo técnico.

Sin embargo, la pregunta es evidente: si no obtenemos ningún beneficio económico, ¿por qué lo hacemos? ¿Qué nos impulsa a hacer trampas?

Ejemplos de trampas

Los videojuegos modernos están muy expuestos a las trampas, hasta el punto de que los desarrolladores están intentando hacer lo posible por evitar estas prácticas deshonestas.

Juegos como Call of Duty o PUBG son tan extremadamente complejos que acostumbran a presentar alguno que otro fallo técnico, cosa que los tramposos no suelen desaprovechar.

Los videojuegos ofrecen un gran número de situaciones posibles en las que los jugadores pueden influir, algo que resulta imposible, por ejemplo, en una tragamonedas, gracias al uso de los generadores de números aleatorios, que garantizan un resultado justo.

Los jugadores se sirven de diferentes técnicas para obtener una ventaja ilícita sobre sus rivales, algunas de ellas tan sofisticadas que hace unos años hubieran sido impensables.

Por ejemplo, cada vez es más habitual el uso de bots. Un aimbot permite a los jugadores localizar automáticamente a los rivales y dispararles con una precisión milimétrica. Suele usarse junto a un triggerbot, que evita que tengan que pulsar siquiera el botón de disparo.

Otros hackers aprovechan cualquier fallo para obtener munición ilimitada o el nivel de armadura o arsenal máximo, lo que les otorga una ventaja totalmente injusta.

Un sistema más antiguo, tanto que ya no funciona en algunos juegos modernos, es el conocido como lag switching, mediante el cual un jugador puede manipular la conexión como anfitrión para obtener cierta ventaja: a la víctima se le congela la imagen en pantalla y recupera la normalidad cuando ya es demasiado tarde para evitar la derrota.

¿Por qué hacemos trampas?

Mucha gente puede pensar que hacer este tipo de trampas carece totalmente de sentido. Al fin y al cabo, no obtiene ningún beneficio económico. Y aunque lo obtuviera, los desarrolladores emplean sistemas avanzados antitrampas para evitar que los jugadores obtengan botines extra, e incluso hay equipos de vigilantes que dedican su tiempo a proteger el honor de los videojuegos más populares deshaciéndose de los tramposos.

Los motivos suelen ser más psicológicos que financieros. Los jugadores quieren adquirir «estatus» dentro del juego, ya sea logrando una mejor clasificación, obteniendo equipamientos especiales o simplemente presumiendo ante otros jugadores. Ser «el jefe» es motivo de orgullo, y cada vez lo será más en un mundo digital que no deja de crecer.

Por supuesto, estos símbolos de estatus van de la mano de la autoestima. De la misma manera que conducir un Porsche alimenta el ego de su propietario en la vida real, alcanzar el nivel más alto en un videojuego también aumenta el amor propio del jugador. Los juegos modernos son muy realistas e inmersivos, hasta el punto de que se entremezclan los mundos físico y virtual: muchos jugadores dan más valor a los logros en línea que a su éxito en la vida real.

Otro factor importante a tener en cuenta es la falta de consecuencias sociales que conlleva comportarse de forma inmoral en el mundo digital. Mientras que en la vida real podemos pasar vergüenza si nos pillan haciendo trampas al Monopoly, ¿qué importa lo que puedan pensar un puñado de extraños en internet? Al verlos como avatares y no como personas de carne y hueso, el sentimiento de culpabilidad que tenemos por aprovecharnos de ellos es mucho menor. Además, nadie nos va a multar por nuestro comportamiento en línea, como sí ocurriría si superásemos el límite de velocidad en una autopista de verdad.

Y, por supuesto, tenemos el motivo más simple de todos: el sabotaje. Muchos jugadores hacen trampas porque sí, para disfrutar del caos que crean y deleitarse viendo a sus rivales sufrir. Como decía Alfred en Batman: El caballero de la noche: «hay gente que solo quiere ver el mundo arder».

La reacción de los desarrolladores

Obviamente, a las compañías de videojuegos les conviene reducir las trampas en sus productos. No solo afectan a su reputación, sino que influyen directamente en sus ingresos: si corre la voz de que la gente hace trampas en un juego determinado, nadie va a querer comprarlo.

A pesar de que tomar medidas legales contra los tramposos es complicado y costoso, aunque Epic Games lo ha hecho ya varias veces, usar algoritmos de detección avanzados se está revelando como una opción muy efectiva. Por poner un ejemplo, la herramienta antitramposos de Epic Games cazó a más de 1200 cuentas en la Copa del Mundo de Fortnite de 2019. Dichas cuentas fueron eliminadas y a algunas de ellas se les retiraron los premios en metálico que habían recibido.

Además, la tecnología de aprendizaje automático promete apuntalar aún más los procesos de detección. Los algoritmos del aprendizaje automático analizan los patrones de uso de los jugadores y los cazan con las manos en la masa, en el momento justo en que hacen trampas. Pueden incluso predecir a posibles tramposos e identificar incidencias antes de que se produzcan.

Si tales métodos avanzados se adoptan en toda la industria de los videojuegos, en poco tiempo podríamos pasar de cuestionarnos por qué hacen trampas algunos jugadores a cómo podrían hacerlas.

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