Teoría y técnica de la novela histórica: entre la verdad y la imaginación

Recuerdo perfectamente el primer libro que leí cuando era un niño. Fue “Ivanhoe”, de Walter Scott, una novela histórica. No sé en qué medida influyen las primeras lecturas para crear afición, pero siempre he pensado que fue muy importante la fascinación que me transmitió aquella lectura para continuar con un hábito que me ha acompañado toda la vida.

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Xulio Formoso: personajes de novela histórica

Los expertos señalan precisamente a Walter Scott (1771-1832) como el creador de la novela histórica moderna, aunque hayan existido a lo largo de todas las épocas creaciones literarias muy próximas (memorias, crónicas, epopeyas, romances) y antecedentes que podríamos clasificar en este género, como las obras de Pedro de Corral (“Crónica sarracina”) en el siglo XV o las de Pedro de Montegón (“El Rodrigo”) y Jean-François Marmontel (“Los incas”) en el XVIII.

Fue en el siglo XIX cuando la novela histórica cobró su verdadera importancia como género literario, creado por el movimiento romántico para exaltar los valores nacionalistas, condenar las costumbres de la nueva sociedad y criticar a la clase burguesa que las protagonizaba. Aquellos relatos pretendían el enaltecimiento de las tradiciones que el progreso venía destruyendo, y a este fin estaban supeditados los contenidos de las novelas de R.L. Stevenson (“La flecha negra”) o James Fenimore Cooper (“El último mohicano”).

El género llegó a su punto culminante en Francia con las obras de Victor Hugo (“Nuestra Señora de París”), Alejandro Dumas (“Los tres mosqueteros”) y Flaubert (“Salambó”), en Italia con Alessandro Manzoni (“Los novios”) y en Rusia con Pushkin (“La hija del capitán”) y Tolstoi (“Guerra y paz”). Algunas de las novelas de Dickens (“Historia de dos ciudades”) podrían incluirse también en este apartado.

En España, más allá de pioneros como Manuel Fernández y González (“La muerte de Cisneros”), Luis Coloma (“Pequeñeces”) o Enrique Gil y Carrasco (“El señor de Bembibre”), los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós marcaron el comienzo de la novela histórica moderna, continuada por Pio Baroja (“Memorias de un hombre de acción”) y Valle-Inclán (“Las guerras carlistas”) y más tarde por José María Gironella.

En el siglo XX la novela histórica fue un género cultivado con frecuencia por grandes autores, como Mika Waltari (“Sinuhé el egipcio”), Robert Graves (“Yo, Claudio”), Marguerite Yourcenar (“Memorias de Adriano”), Alejo Carpentier (“El siglo de las luces”) o Umberto Eco (“El nombre de la rosa”), que consiguieron una gran difusión para sus obras. En la actualidad es uno de los más celebrados por los lectores, que convierten en best sellers las novelas históricas de Ken Follet, Noah Gordon, John Grisham o los españoles Arturo Pérez Reverte, Ildefonso Falcones y Juan Eslava Galán. Tal vez porque, como afirma Kurt Spang (“Apuntes para una definición de la novela histórica”), las novelas históricas son un poderoso estímulo para reflexionar sobre el pasado, sobre todo en épocas de crisis y de conmoción general.

Según Gyorgy Lukács (“La novela histórica”), la novela histórica contemporánea trata de reforzar el sistema actual de valores y creencias a través de episodios lejanos en el tiempo protagonizados por personajes que encarnan los vicios y las virtudes de la sociedad actual. La erudición y la investigación documental sobre estos hechos y personajes refuerzan la elaboración de un discurso ideológico a través de un género que los utiliza en la ficción (la novela histórica es un hiato entre ficción e historia, dice Gerhard Kebbel), respetando la cronología y la fidelidad a la realidad. Como novela utiliza todos los recursos narrativos de la ficción; como historia ha de atenerse a la verdad de los hechos en los que se mueven los protagonistas, tanto los reales como los inventados por el autor, para alcanzar ese objetivo que señalaba Ortega y Gasset en “Ideas sobre la novela”: que el lector sueñe la novela al mismo tiempo que reflexiona sobre la historia.

Xulio Formoso
Xulio Formoso: Jesús Maeso

Un paradigma de novela histórica: “La caja china”

Hace décadas que Jesús Maeso de la Torre viene escribiendo novelas históricas. En su caso con un profundo conocimiento de las épocas y los personajes reales que aparecen en sus obras, ya que es, al mismo tiempo que un prolífico narrador, un profesor de Historia y un investigador riguroso. El mundo de las cruzadas (“El lazo púrpura de Jerusalén”), la peste negra (“La profecía del Corán”) o los orígenes de Cádiz (“Tartessos”) se han recreado en sus novelas a través de personajes fascinantes que viven sus aventuras y sus desventuras en medio de los conflictos históricos de las épocas en las que Jesús Maeso los sitúa en su obra. Maeso domina con precisión el vocabulario y los lenguajes de las diferentes épocas, describe con un realismo barroco y magistral los ambientes, los escenarios y los paisajes en los que se desarrollan las acciones de sus novelas, y maneja con pericia los elementos literarios para dar credibilidad a sus tramas.

Maeso-caja-china-portadaAhora el novelista ha dado una vuelta de tuerca más a su imaginación y en su última obra “La caja china” (Ediciones B) echa mano de un ferviente cosmopolitismo y sitúa a los protagonistas en el lejano oriente. El episodio no carece de raíces históricas auténticas. En el siglo XVI, algunos mandatarios de la España de Felipe II concibieron un plan para ampliar las fronteras del imperio hacia las costas de Asia continental, una vez asentadas las bases en Filipinas y en Macao tras la unión de las coronas española y portuguesa. El objetivo era beneficiarse de las enormes riquezas de países que, como China, parecían ofrecerse como víctimas propiciatorias debido a una supuesta debilidad militar. En esta peripecia histórica sitúa Jesús Maeso a los personajes de su novela, que deben averiguar la viabilidad de una incursión militar en el territorio chino o advertir de los peligros ante un imperio en realidad poderoso e inconquistable.

Una trama con emoción y suspense

Decía el director de cine John Huston que una película debía empezar con la fuerza de un terremoto y desde ahí continuar ascendiendo hasta el final. “La caja china” comienza con una violenta ejecución pública en la horca y en adelante mantiene, en efecto, un ritmo ascendente de acción, emoción y aventura hasta sus últimas páginas. A lo largo de la novela los protagonistas están sometidos a peligros que han de superar con astucia y pericia, impetuosas tormentas y naufragios dramáticos que ponen en riesgo sus vidas, plagas que amenazan su supervivencia. Y deben eludir conspiraciones tramadas por intereses espurios.

Se trata sin duda de una novela histórica, pero “La caja china” es al mismo tiempo una novela de aventuras en la que un héroe, Rodrigo Silva de la Gasca, cumple una tarea secreta para cuya ejecución ha de superar graves peligros. No faltan los personajes que acompañan a los héroes tradicionales: joven asistente y amante fiel. Es también un juego policíaco en el que a través de la investigación se trata de localizar a Lucas Olid, un timonel traidor que mancilló la memoria de un honrado marino de su majestad, padre de Rodrigo. Contiene asimismo los elementos de una novela de formación, en la que el protagonista se somete al aprendizaje de los valores por los que la vida le va llevando (“Me fui con un arsenal de orgullo, sed de venganza y ganas de engullirme el mundo, y regreso con una gran compasión por el dolor humano, pues lo he padecido y he visto sufrirlo”. p.552).

Y es al mismo tiempo una historia de amor romántico y sensual que une a dos amantes de diferentes tierras, culturas y creencias religiosas. Y tampoco está ausente la crítica histórica a unos ideales trasnochados incluso en el momento en el que formaban parte de la cultura de la época: “un mundo donde las mujeres sólo son vistas como vientres procreadores, carecen de derechos y son propiedad del varón” (p.364).

También la crítica a los Habsburgo que “han dilapidado la riqueza de América para mantener su prestigio en Europa a costa del sudor y de los caudales de Castilla” (p.70) y a los valores impuestos por el poder: “comenzaba a despreciar los inconmovibles principios aprendidos en su infancia: la religión, el rey, la Inquisición y los absurdos preceptos morales que la Iglesia predicaba en los púlpitos para preservar los derechos de los poderosos y adormecer al temeroso, paciente e ignorante pueblo” (p.453). “La caja china” es, pues, un ejemplo paradigmático de novela histórica contemporánea porque en ella están todos los elementos que definen el género.

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Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

3 Comentarios

  1. Jesús Maeso no ha sido nunca profesor de Historia y que yo sepa tampoco realizó tesis doctoral alguna. En mi opinión como lector, posee cualidades muy desiguales en sus novelas y precisamente aquéllas como “Tartessos” no son ningún ejemplo de las mejores de esas cualidades. Además, entre otras cosas, el origen de Cádiz como ciudad tiene muy poco que ver con esa mítica y legendaria civilización.

    • Maeso sí fue profesor en el pasado, en concreto profesor adjunto de la UNED, Respecto a Tartessos todo es opinable, el territorio abarcaba la actual provincia y zona de la Bahía de Cádiz.

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