Bobby Fischer el campeón de ajedrez nunca derrotado

Pocas figuras han dejado tanta huella en la historia del ajedrez del siglo XX como Robert James Fischer, conocido mundialmente como Bobby Fischer (1943-2008). Miles de páginas, reseñas periodísticas, artículos, libros y opiniones de todo tipo se han efectuado sobre su figura aunque la más divulgada es reconocer que fue uno de los mejores ajedrecistas de todos los tiempos, lo que no hace olvidar sus arrebatos, manías, carácter paranoico, excentricidades, y sus declaraciones antisemitas –aunque por parte de madre tenía origen judío- negando el Holocausto y admirando a Hitler o en las que manifestó su apoyo a los atentados del 11-S en Nueva York, ciudad en que vivió y vio muchos de sus triunfos.

Hace ya 25 años de su aparición pública ante Boris Spassky. Fue en plena guerra de los Balcanes, primero en el pueblo costero de Sveti Stefan (localidad hoy de Montenegro) y luego en Belgrado, la entonces capital yugoslava, hoy de Serbia. El resultado fue el mismo que veinte años atrás, en el campeonato del mundo de 1972 en Reikiavik, el denominado pomposamente ‘match del siglo’: victoria del estadounidense. De 30 partidas ganó diez, perdió cinco y hubo 15 tablas. No hubo ninguna revancha.

Previamente en un mediático gesto escupió sobre la carta del Gobierno estadounidense que le conminaba a desistir de jugar por romper el embargo contra el país balcánico. Las autoridades de Estados Unidos dictaron orden de búsqueda y captura contra Fischer, lo cual podía llegar a costarle hasta diez años de cárcel mientras él jugaba bajo esa bandera.

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Xulio Formoso: Bobby Fischer[1]
A Fischer le gustaba jugar con las piezas Dubrovnik, «el mejor juego con el que he jugado nunca, es maravilloso», con ellas jugó la Olimpiada de 1950 en la citada ciudad entonces yugoslava, hoy croata, y la revancha del llamado match del siglo en 1992.  Estas piezas se diferencian de las habituales Staunton en que el rey no tiene cruz, la reina, tiene 5 cortes y no 11, y los alfiles, están coronados por una bolita. En el caso de estos últimos trebejos, la bolita con el color opuesto. Los caballos poseen  cortes seguidos y barrocos en las crines.

Tras ser detenido años después en el aeropuerto de Japón acabó su vida en Islandia, donde siempre fue muy querido, le otorgaron su nacionalidad mientras renegaba de las autoridades y Gobierno de su país de nacimiento. Así, Fischer nacido estadounidense murió islandés, nacionalidad adquirida tres años antes de fallecer en 2008. Está enterrado en Selfoss, pequeña localidad costera del sur de Islandia.

Por su parte, Spassky, nacido soviético y tras caer en desgracia en su patria natal, se convirtió en francés en 1978, bajo cuya bandera disputó la revancha, aunque reside desde 2012 en Rusia tras sufrir un derrame cerebral.

La biografía del estadounidense recoge que no fue como otros destacados ajedrecistas un niño prodigio –empezó a destacar a partir de los 13 años-. Tras obtener el título de gran maestro a los 15 años ya desde los 17 años no hizo otra cosa en su vida que jugar al ajedrez.

Ganó ocho veces el campeonato de Estados Unidos y acudió a cuatro Olimpiadas representando a su país de origen. Ganó todos los torneos en que participó de 1962 a 1972 salvo dos, uno de ellos en La Habana donde jugó por teletipo tras los problemas políticos, incluido un intercambio epistolar con el propio Fidel Castro, por su posible presencia en la isla. No obstante, al año siguiente ambos se conocieron en La Habana. Por cierto, el estadounidense se defendía en español.

Sus victorias en el torneo de candidatos de 1971 fueron impresionantes derrotando al danés Bent Larsen (1935-2010) y a Mark Taimanov (1926-2016) por ambos 6-0. El soviético fue represaliado en la entonces URSS tras esta humillante derrota. Fue el cénit de su carrera culminada finalmente un año después en el campeonato mundial disputado en Islandia.

Spassky y Fischer en el mundial de 1972

El match del siglo

El encuentro que la prensa americana propagó como ‘match del siglo’ implicaba algo más que una partida de ajedrez, se convirtió en el enfrentamiento simbólico entre Estados Unidos y la Unión Soviética en un tablero de ajedrez, la ‘Guerra Fría’ trasladada a los 64 escaques, en la capital islandesa, Reikiavik, una fría ciudad que acogió este importante reto -ningún campeonato se había disputado fuera de Moscú desde 1951-.

Los soviéticos que dominaban este deporte desde la Segunda Guerra Mundial confiaban en Spassky, quien nunca había perdido previamente con Fischer –tres victorias y dos tablas-. Todo el ‘aparato’ soviético y detrás de él, un total de 35 grandes maestros estaba con su campeón, en un país que contaba por millones los seguidores del juego, tenía miles de clubs y era considerado casi como una religión, al contrario de lo que sucedía en Estados Unidos. Era el orgullo nacional lo que estaba en juego. Cuando tomaron el poder los bolcheviques, hace un siglo, una de sus medidas fue popularizarlo, acuñándose el lema, ‘Llevemos el ajedrez a los trabajadores’.

De la importancia que se daba al encuentro en Estados Unidos baste recordar el papel del entonces secretario de estado, Henry Kissinger –“el mayor criminal de guerra que anda suelto por el mundo”, acertada definición de su compatriota, el fallecido escritor y periodista Gore Vidal (1925-2012)-. Según asegura Kissinger –aunque hay dudas al respecto- llamó a Fischer para que “moviera el culo y se fuese a Islandia” recordándole su “deber patriótico”.

Tras la inicial reticencia del campeón americano que exigía más dinero –un magnate británico dobló la cuantía de los premios llegando a los 250.000 dólares- y modificar ciertos detalles respecto al encuentro, algo típico de sus muchas excentricidades que conservó toda su vida, acudió a jugar el campeonato del mundo.

El duelo acabó después de más de dos meses con un total de siete partidas ganadas por Fischer, tres por Spassky y once tablas, técnicamente 12,5-8,5 a favor del estadounidense.

Hay que destacar que el inicio no fue bueno para Fischer que, como queda dicho, se había retrasado al incorporarse a la capital islandesa (llegó el 11 de julio y la apertura del torneo fue el día 1). Así, perdió el primer encuentro y no se presentó al segundo por una de sus manías, retirar las cámaras de televisión y poner el reloj a cero. Se le dio por pérdida, luego ya ganó la siguiente partida y tras unas tablas se impuso hasta conseguir la séptima victoria. Memorable fue la tercera victoria –sexta partida disputada- de Fischer, con el público y el propio Spassky aplaudiéndole de pie en el escenario.

Fue el único estadounidense en conquistar el título aunque tuvo el precedente de Paul Morphy (1837-1884) al que algunos consideran el mejor jugador de su época cuando aún no había campeonato del Mundo oficial ni existía federación internacional alguna.

Lo sucedido después es historia del ajedrez, Fischer tras recibir honores en su país y a pesar de estar en el cénit de su carrera con tan solo 29 años desapareció del mapa, fue desposeído del título en 1975 por la federación internacional (FIDE) por sus exigencias al poner su título en juego ante un joven Anatoli Karpov. Así, dejó de ser campeón sin ser derrotado en el tablero. Nunca más se volvió a saber de él –excepto en 1981 cuando fue detenido con aspecto de vagabundo en Pasadena donde entonces residía- hasta que jugó en 1992 en la extinta Yugoslavia contra Spassky con una bolsa de cinco millones de dólares de por medio.

El legado de Fischer

Su victoria motivó que millones de estadounidenses se interesaran por el ajedrez, de hecho fue la televisión pública, la PBS, quien transmitió las partidas desde Reikiavik, logrando la mayor audiencia de su historia, y provocó, a posteriori, la creación del Día Nacional del Ajedrez en Estados Unidos. Se designó como el primero, el 9 de octubre de 1976, “para dar un reconocimiento especial a un juego que genera desafío, estimulación intelectual, y disfrute de los ciudadanos de todas las edades”.

Desde 1976 se fue celebrando todos los años, pero poco a poco perdió importancia y ya no se celebraba con carácter oficial. Pero en los últimos años se retomó y así, cada segundo sábado de octubre se celebra el Día Nacional de Ajedrez, este año, el 9 de octubre (fecha histórica al coincidir con el medio siglo de la muerte del Ché Guevara, también gran aficionado al ajedrez).

Por su parte, el Congreso de Estados Unidos declaró a San Luis, en el estado de Missouri, en 2013 como la capital del ajedrez de la nación, donde existe un Museo del Ajedrez desde 2011.

El legado de Fischer pasó al millonario Rex Sinquefield, quien compró su biblioteca privada aunque no su juego Dubrovnik que tuvo que vender previamente. “Fischer tuvo una gran influencia, un impacto en todo el mundo, estábamos fascinados por el juego” recuerda, para explicar su pasión ajedrecística y apoyo económico al juego en su ciudad, San Luis, que es la nueva meca del ajedrez en Estados Unidos. Este mecenas tiene como objetivo, y a la vez como obsesión, lograr que un estadounidense –y no hace falta que haya nacido en dicho país- sea campeón del mundo de nuevo, en concreto, augura que en 2020.

Aún hoy sigue generando bibliografía y recuerdos, el ejemplo más reciente es la película ‘El sacrificio del peón’ (Pawn sacrifice) también titulada ‘El caso Fischer’ estrenada en 2015 y que ya pasó por las pantallas españolas. Está dirigida por Edward Zwick y se centra en la preparación de Fischer antes del campeonato del mundo en 1972 en Reikiavik.

Hay otra película alusiva al ajedrecista estadounidense, ‘Buscando a Bobby Fischer’ (Searching for Bobby Fischer) de 1993, dirigida por Steven Zaillian y basada en la vida del protagonista, el niño prodigio del ajedrez, Joshua Waitzkin.

“Todo lo que quiero en la vida es jugar al ajedrez” es una de las frases más lapidarias de Fischer y el destino de su existencia, concluida a los 64 años, los mismos que los escaques que forman el tablero.

  1. Puedes encargar un póster de este dibujo de Xulio Formoso a [email protected]
Jesús Cabaleiro Larrán
Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona, rama Periodismo con cursos de doctorado, estudios sobre Marruecos contemporáneo y el Sáhara Occidental. Más de 35 años de periodismo, la mayoría en prensa escrita, ha trabajado a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar, casi 13 años en el extinto diario El Faro Información, en Algeciras, donde empezó de redactor y del que fue su último director y en Tánger dos años en un diario digital. Además ha participado en la mayoría de los Congresos de Periodistas del Estrecho desde el inicial en 1993 hasta 2019. Titulado en ajedrez por la UAH y UNED. Amante de Portugal. Ha publicado un libro, ‘Artículos periodísticos. Apuntes para la historia de la prensa de Algeciras’.

1 COMENTARIO

  1. […] En el torneo un asiduo es el maestro internacional iraní Kamran Shirazi, que vive en Francia tras competir en Estados Unidos, como anécdota, aparece en la película ‘Buscando a Bobby Fischer’ (1993). Se da la circunstancia que algunos apuntan que precisamente Bobby Fischer (1943-2008) padecía el síndrome de Asperger. […]

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