¡El punto y coma y los dos puntos!

Siempre es y será agradable saber que, a pesar de la amplia gama de impropiedades en el lenguaje escrito y oral, en las que incurren muchos profesionales de la comunicación social y educadores, hay una considerable cantidad de estos que se preocupan por escribir bien y por hablar de la mejor manera.

De forma regular, lo he dicho muchas veces, recibo comunicaciones remitidas por personas que se autocalifican como «asiduos» lectores de estos contenidos. Las misivas muestran comentarios elogiosos e inquietudes sobre situaciones viciadas, que vale la pena analizar para poder aclarar las dudas que siempre afloran, en virtud de retribuir ese gesto bondadoso, que sin dudas me honra y me compromete en dar lo mejor de mí para ofrecer algo de beneficio colectivo.

Esa deferencia es doblemente aprovechada, pues por un lado me hace saber que el trabajo no ha sido en vano; y por el otro, me facilita la selección del tema por publicar. Muchos de los artículos mostrados a lo largo de los más de veinte años en estas lides, han surgido de esas inquietudes. ¡Gracias por leerme!

Mi estimado amigo, el profesor José Vásquez Manzano, es una de esas personas con las que de manera regular comparto impresiones acerca de los vicios que se han arraigado en el común de los hablantes, como consecuencia del inmenso poder inductivo que ejercen los medios de comunicación social, lo cual implica que todo lo que en ellos se escriba o se exprese de forma oral, mal o bien, tiende a arraigarse en el vocabulario. Es por eso que esa bondad (el inmenso poder inductivo) no deberá usarse de forma muy libérrima, pues pudiera resultar igualmente provechosa que dañina. ¡Usted escoge!

Hace algunos días, Vásquez Manzano me hizo una consulta sobre el porqué del poco uso del punto y coma. Brevemente le di mi parecer, y hoy lo haré público y con más detalles, en función de contribuir a despejar cualquier duda.

El motivo fundamental por el que muchos redactores no usan el referido signo de puntuación, es porque simple y llanamente lo desconocen. A ello se aúna el hecho de que, como existe la coma, algunos pudieran pensar que, al existir esta, ¿para qué usar el punto y coma? Entre ambos signos hay diferencias que conviene conocer, en aras de usarlos medianamente aceptable.

Según el Diccionario Panhispánico de Dudas, «el punto y coma es un signo de puntuación que indica una pausa mayor que la marcada por la coma y menor que la señalada por el punto».

Es importante destacar que la primera palabra que lo sigue, debe escribirse con minúscula. Sin embargo, muchos redactores, por desconocimiento u otras razones, la escriben con mayúscula.

Esa falta se repite con mucha frecuencia en algunos textos bíblicos de versiones electrónicas. Supongo que ello se debe a que los transcriptores y revisores ignoran la regla o se dejan llevar por el enunciado del punto y seguido y del punto y aparte. También es frecuente el uso de inicial mayúscula después de coma, lo cual hace pensar que esos contenidos, generalmente concebidos para ser usados en teléfonos, no reciben la debida revisión.

Los ejemplos son muchos, y a quienes deseen comprobarlo, les aseguro que les bastará con abrir cualquier libro de las Sagradas Escrituras. En el capítulo uno del libro de Lucas, versículos 47, 48, 49, 76 y 79 hay una pequeña muestra. Imagino que en otros libros habrá más casos. Sin dudas, son varios botones para más muestras.

El punto y coma se utiliza básicamente, de acuerdo con lo que registra el Diccionario Panhispánico de Dudas, para separar los elementos de una enumeración cuando se trata de expresiones complejas que incluyen comas: «Cada grupo irá por un lado diferente: el primero, por la izquierda; el segundo, por la derecha; el tercero, de frente». «Se dieron cita el presidente ejecutivo, Francisco Ruíz; el consejero delegado, Pedro García; el vocal, Antonio Sánchez; y el secretario general, Juan González».

Estos dos ejemplos corresponden al primer caso de usos. En la venidera entrega mostraré el resto, con sus respectivos ejemplos, tomados del texto académico mencionado en los párrafos anteriores. Cerraré esta serie de dos artículos con los dos puntos (:), que es otro de los signos de puntuación que muy poca gente usa por no saber usarlo.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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