En el Día Internacional de la Mujer: FEMINISMO/S

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Las manifestaciones del Día Internacional de la Mujer del 2018 marcaron un antes y un después en las luchas feministas y por la igualdad de los derechos de la mujer.

Gracias a estas movilizaciones algo está cambiando en relación con la consideración de la mujer en las sociedades occidentales y todo parece indicar que este 2019 va a marcar otro nuevo hito en la conquista de sus reivindicaciones.

El mundo editorial viene haciéndose eco de estos acontecimientos con una serie de publicaciones que tratan de recoger las inquietudes en torno a la nueva situación.

El cuerpo como intercambio capitalista

capitalismo y cuerpo cubiertaLas relaciones entre los hombres y las mujeres han estado históricamente condicionadas por los sistemas políticos y económicos por los que se rigen las sociedades. De esta forma el sometimiento de la mujer a la autoridad del hombre se reforzó con la aparición del sistema económico capitalista en los siglos XVI y XVII y su dependencia se ha ido incrementando desde entonces a medida que el capitalismo se iba implantando como modelo.

Esta es una de las teorías que desarrolla la profesora Mercedes Fernández-Martorell en “Capitalismo y cuerpo. Crítica de la razón masculina” (Ed. Cátedra), un ensayo en el que se analiza desde una perspectiva feminista el desarrollo de las relaciones entre las personas que viven en cuerpo de hombre y las que lo hacen en cuerpo de mujer (según la terminología utilizada por la autora para referirse a hombres y mujeres). La profesora Fernández-Martorell imparte “Antropología y Feminismo” y “Antropología urbana” en la Universitat de Barcelona, y por eso imprime a sus obras los puntos de vista desde estas materias.

Las relaciones de dependencia se han manifestado ya desde la antigüedad a través de las descripciones anatómicas de los cuerpos de la mujer y del hombre. Aristóteles y Vesalio consideraban las partes del cuerpo de la mujer como una especie de envés del cuerpo del hombre. Galeno escribía: “en las mujeres son inversas, tienen las mismas partes en su interior que los hombres tienen en el exterior”. Además, se consideraba que el mérito de la procreación era exclusivamente del hombre; la mujer era únicamente un receptáculo, una máquina, lo que favorecía la posibilidad de acusarla de brujería, torturarla y hasta matarla. Precisamente la caza de brujas, junto con la prostitución, son dos de los aspectos que estudia Fernández-Martorell y que sirvieron históricamente para justificar el sometimiento de la mujer.

Brujería y prostitución

Durante los siglos XVI y XVII se calcula que fueron quemadas en Europa más de 50 000 mujeres acusadas de brujería. La explicación a la incriminación de las mujeres de forma tan masiva obedecía a la consideración social y religiosa de la mujer como un ser inferior al hombre y como un cuerpo que encarnaba la maldad. Este concepto de inferioridad era la causa que justificaba la persecución, ya que está absolutamente fuera de todo razonamiento que las mujeres comiesen niños, sirviesen al demonio, desenterrasen muertos, provocasen huracanes para arrasar las cosechas, organizasen orgías sexuales con el diablo…

El otro fenómeno estudiado por la autora en relación con la dependencia de la mujer al hombre es el de la evolución de las relaciones sexuales en la prostitución. A raíz de la atribución de una mujer a cada hombre, se consideró que las relaciones sexuales fuera del matrimonio ya no eran una necesidad y se decretó el cese de las mancebías y burdeles, que habían sido legales y que a veces la propia Iglesia, como la Compañía de Jesús, consideraba como un mal menor en aras del bien común.

En el nuevo sistema, “la mujer debe entender que le beneficia sobrevivir como cuerpo donado a un hombre; de lo contrario, pertenecerá al régimen de vida que se impone a la mujer que practica la prostitución”, dice la autora (p. 79). A las prostitutas se las asediaba cada vez más y se les imponían fuertes cargas impositivas para obligarlas a vivir adscritas a un hombre, pertenecerle, porque  era lo que interesaba al orden económico y social.

De este modo fue como los poderes públicos utilizaron el fenómeno de  la prostitución para reforzar el modelo capitalista de sumisión de la mujer al hombre. Con la aparición del capitalismo, cuando la procreación pasó a ser fundamental para aportar fuerza de trabajo productivo, se subestimó aún más el valor de la mujer. Su cuerpo, una máquina, pasó a ser una posesión del hombre, ratificada por la Iglesia a través del sacramento del matrimonio indisoluble a partir del Concilio de Trento.

La mujer y la ilustración

En el siglo XVIII comienzan los ataques a la religión y se imponen las nuevas ideas sobre secularización, laicidad, tolerancia y búsqueda de la felicidad, principios emanados de la Ilustración y la Revolución francesa, aunque la situación de la mujer en relación con la subordinación al hombre no mejoró en absoluto. No se admitió la capacidad de la mujer para gobernar los asuntos de importancia, y los avances de la medicina incluso perjudicaron su papel en la sociedad al dictaminar que debe ser la madre quien ha de ocuparse de los hijos.

Con la llegada de la Revolución industrial la mujer se incorporó al mundo del trabajo como fuerza explotada y sometida al hombre al que estaba asignada, que a su vez dependía del patrón y, mientras los sindicatos apoyaban al hombre, no se ocupaban de los derechos de la mujer porque “el trabajo pervertía sus órganos reproductores y afectaba a la capacidad  para procrear y criar hijos saludables (mientras) el empleo la distraía de sus quehaceres domésticos…” (p.107). El legislador Jules Simón llegó a afirmar que una mujer que se convierte en trabajadora ya no es una mujer.

Según la autora de este ensayo, “todos los poderes, instituciones y propietarios utilizaron el cuerpo de mujer para reinstaurar la alianza masculina cuando esta se descalabró. Se reforzó la dependencia de ella al hombre, su sumisión, su participación gratuita y desacreditada en el sistema productivo” (p.166).

La situación no cambió hasta bien entrada la década de los años sesenta del siglo XX. 1968 marcó un momento de inflexión en Europa y América. Es la época en la que aparecen los movimientos feministas como reacción al sistema capitalista, que reaccionó convirtiendo en negocio el trabajo de la mujer en el hogar a través de los electrodomésticos. La mutación del sistema capitalista al actual sistema financiero continúa considerando el trabajo de la mujer inferior al del hombre, como prueba la brecha salarial.

La autora estudia los movimientos feministas que impulsaron Margaret Mead, Simone de Beauvoir, Betty Friedan, Kate Miller y Shulamith Firestone, así como el feminismo de la mujer negra defendido por Gloria Jean Watkins. A través de las teorías de Fraser critica el feminismo neoliberal y el feminismo corporativo que llama a las mujeres a escalar posiciones en las empresas renunciando a la igualdad de género y a la igualdad social. Mercedes Fernández-Martorell mantiene que el feminismo debe ser una estrategia de resistencia al poder para contribuir a la libertad de cada uno a habitar un cuerpo y propone la creación del género neutro como una nueva categoría.

Una historia de sumisión

Mujeres la guerra mas larga cubiertaMucho antes del siglo XVI, hace 4000 años, sitúan las autoras del ensayo “La guerra más larga de la Historia” (Espasa) el comienzo de la violencia contra las mujeres. En efecto, desde el principio de los tiempos, las mujeres han tenido que soportar la imposición de  valores masculinos que a lo largo de la historia han dado origen a crímenes de honor, matrimonios infantiles, prostitución, pornografía, aberraciones físicas como ablaciones y planchado de pechos hasta toda una serie de sumisiones que hasta hace muy poco tiempo no habían comenzado a ser denunciadas y que en algunas sociedades aún se mantienen con violencia física y cultural.

Una violencia que se ha manifestado unas veces desde la sociedad a través de violaciones, asesinatos machistas o castigos físicos y otras desde el poder, con leyes represivas hacia la libertad de las mujeres.

A esta situación han contribuido desde los valores transmitidos a través de la tradición y los diferentes sistemas educativos hasta las religiones (aquí se incide en los contenidos  de la Biblia y el Corán), la publicidad, las legislaciones laborales, el arte y la literatura, los modelos culturales… hasta los videojuegos, todo ello estructurado para que la sociedad aceptase una situación de injusticia social y de desvalorización simbólica de la mujer.

Las tres autoras de este libro, Lola Venegas, Isabel Martínez Reverte y Margó Venegas, denuncian esta situación que se ha perpetuado a lo largo de la historia y muestran cómo las luchas desde el feminismo y los derechos de la mujer han ido conquistando avances en muchos casos revolucionarios. En estas páginas se valoran conquistas en torno a temas como el divorcio, el aborto y las denuncias a acosadores y violadores surgidas a raíz de movimientos como Me Too, Ni una menos, No es no, Time’s Up o las movilizaciones en torno al juicio a la Manada.

Las autoras de este libro sitúan el origen de las desigualdades en el nacimiento de un sistema patriarcal que relegó a las mujeres a un plano secundario y de sumisión a los hombres.  Desde Aristóteles y Cervantes a Hegel y Schopenhauer, filósofos y escritores han legitimado esta situación de dominio del hombre sobre la mujer en textos que en muchos casos han sido adoptados como modelos de comportamiento social.

En la sociedad contemporánea la publicidad y el consumo han promocionado una imagen de mujer occidental que en muchos casos obliga a violentar el tratamiento del cuerpo femenino para alcanzar ese canon de belleza que abre puertas a muchos trabajos y ayuda a  escalar posiciones en el mundo laboral, sometimiento de cuerpos que a veces recuerdan a los estiramientos del cuello de las mujeres jirafa de Tailandia o a las vendas y ataduras de los pies de loto de las mujeres chinas para disminuir su tamaño.

La visión de las autoras se completa con datos extraídos de fuentes oficiales de solvencia sobre cada uno de los temas que se tratan a lo largo del libro.

Para leer en femenino

  • “Feminismo para principiantes”. Nuria Varela (Ediciones B)
  • “Ni tontas ni locas”. Javier Sanz y Rafael Ballesteros (Anaya)
  • “Cartas de amor y revolución”. Rosa Luxemburg (El Viejo topo)
  • “Viaje al manicomio”. Kate Millet (Seix Barral)
  • “Feminismos”. Beatriz Ranea Triviño (Libros de la Catarata)
  • “Todas somos desplazadas”. Malala Yousafzai (Alianza Editorial)
  • “Teoría King Kong”. Virginie Despentes (Random House)
  • “Las cartas de Elena Francis. Una educación sentimental bajo el franquismo”. Armand Balsebre y Rosario Fontova (Cátedra)
  • “Morder la manzana”. Paula Bonet y Leticia Dolera (Planeta)
  • “La civilización en la mirada”. Mary Beard (Crítica)
  • “Empujando al patriarcado”. Cynthia Enloe (Cátedra)
  • “Mujeres que pisan fuerte”. Karin Sagner (Maeva)
  • “Clara Campoamor. El primer voto de la mujer”. Raquel Díaz Reguera. (Nubeocho)
  • “Mala feminista”. Roxane Gay (Capitán Swing)
  • “Brujas”. Mona Chollet (Ediciones B)
  • “Breve historia de la misogimia”. Anna Caballé (Ariel)
  • “¿Qué haría De Beauvoir?. Cómo las grandes feministas resolverían tus problemas cotidianos”. Tabi Jackson Gee y Freya Rose (Larousse)
  • “Las chicas son rockeras. El poder femenino en la música”. Miguel Ángel Bargueño. Libros Cúpula
  • “El país de las mujeres”. Charlotte Perkins Gilman (Guillermo Escolar Editor)

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Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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