Félix Rodríguez (CIA): las últimas horas del Che a 48 años de su muerte

Ernesto Guevara, médico, ideólogo, guerrillero de la Revolución Cubana, el “Che” participó en la organización del nuevo gobierno de Cuba, en varias misiones diplomáticas, e impulsó focos guerrilleros en África y en América Latina. El 8 de octubre de 1967, en la Quebrada de Yuro, Bolivia, librando un combate fue herido y capturado, trasladándolo al pueblo de La Higuera.

El Che nació el 14 de junio de 1928, en Rosario, Argentina y murió el 9 de octubre de 1967 en La Higuera. Bolivia. Estos últimos momentos de la vida del Che son contados, en una entrevista exclusiva, por Félix Rodríguez, exagente de la CIA, enviado por el gobierno de Estados Unidos.

Felix-Rodriguez-CIAFélix Rodríguez, muy joven se unió a los movimientos anticastristas y fue un infiltrado cuando la invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Ingresó como agente de la CIA y fue enviado a Bolivia para ayudar a la captura del Che. En su carrera militar tuvo importantes misiones, entre ellas, Vietnam y Centroamérica. Actualmente es presidente de la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos, con sede en Miami. Escribió el libro “Guerrero de las sombras”, relatando su vida.

Rodríguez fue la última persona que interrogó al Che y estuvo junto a él en el momento de su muerte. Aunque relató a varios medios los hechos, es la primera vez que conversa sobre el tema con una perspectiva histórica. Este es su testimonio exclusivo.

Félix Rodríguez: En el año 67 vino un oficial de la Agencia de Miami, para escoger a dos cubanos para ir a Bolivia, lo que resultó ser la operación de captura del Che Guevara.

En aquella oportunidad, la razón por la cual nos utilizaron a nosotros era porque había una prohibición del embajador de Estados Unidos en Bolivia para que un ciudadano americano estuviera en zonas de peligro o zona de combate, ya Vietnam había empezado y no querían algo similar en América. Entonces, nosotros, en aquel momento, éramos residentes en Estados Unidos y no violábamos esa disposición.

Fuimos a Bolivia otra persona y yo. En La Paz, había varios cubanos trabajando, asesorando al Ministro del Interior en Inteligencia. Fuimos a Santa Cruz de la Sierra y de allí nos trasladamos a La Esperanza, una central azucarera abandonada donde se estaba entrenando el segundo batallón de Rangers boliviano por tropas especiales de Estados Unidos. Allí, comenzamos a trabajar con las fuerzas armadas bolivianas, mi compañero se quedo ahí, entrenando un grupo de Inteligencia del batallón, (muchachos jóvenes que hablaban el quechua y el aimara) para que una vez que el batallón se desplegara, fueran al frente con ropa de civil buscando inteligencia con el campesinado. Yo me quedé en Santa Cruz asesorando al jefe de la división, al coronel Joaquín Centeno Anaya, y al entonces jefe de Inteligencia, Arnaldo Saucedo.

Durante ese período, cuando se capturaban prisioneros, íbamos a recoger y procesar la documentación obtenida. En una oportunidad, hubo un prisionero a quien yo le salvé la vida, José Castillo Chávez, quien fue instrumental en darnos la información básica de cómo se movía el Che Guevara.

Adriana Bianco: ¿Cuál era la información?

FR: Nos informó que el Che se movía en tres grupos: Vanguardia, Centro y Retaguardia. La Vanguardia eran alrededor de 8 a 10 hombres, dependiendo de las circunstancias, iban un kilómetro adelante del grupo principal, donde el Che se encontraba y la Retaguardia, con similar cantidad, en la parte de atrás, un kilómetro, para estar el Che protegido, en caso que tuviera una emboscada. Así, el Che, podía maniobrar, desde el centro.

A finales de septiembre hubo un encuentro donde participó el ejército regular de Bolivia, que resultó ser la vanguardia del Che. En este encuentro murieron tres guerrilleros.

Con la información que teníamos, sabíamos que ésta era la vanguardia del Che. Fue verificado cuando el teniente Galindo me contó (en el momento que llegaba con su tropa trayendo los tres cadáveres) de que él había visto la guerrilla a la distancia. Fui a ver al coronel Centeno Anaya, para pedirle que movilizara la ayuda, lo antes posible, porque obviamente el Che Guevara estaba en esa área. Entonces el coronel se movilizó hacia el último día del mes de septiembre, al área de Valle Grande; desde ahí se desplazaron, en los primeros días de octubre, tres compañías a la zona de operaciones. Una compañía comandada por el Capitán López Leyton, que se puso a lo largo del Río Grande, para evitar el paso de los guerrilleros a la otra zona, porque del otro lado del río la responsabilidad era de la Cuarta División del ejército. Nosotros estábamos con la Octava División, del lado de acá, con el coronel Centeno Anaya.

Otra compañía se puso en acción para apoyar la compañía de búsqueda.

AB: ¿Cuántos días toma la captura del Che y cómo sucedió?

FR: Primero no sabían exactamente donde estaba el Che, empezaron a hacer un rastreo. Comienzan el día 7 de octubre y regresan a reportar al capitán Gary Prado, que escucharon voces en un lugar llamado la Quebrada del Yuro, una aguadita que pasaba por ahí, donde supuestamente no había nadie. Entonces, obviamente, la inteligencia deduce que la guerrilla estaba metida en ese lugar. El 7 por la noche, el capitán Gary Prado, con una compañía de doscientos hombres rodea el área de la Quebrada del Yuro y el 8 por la mañana, que era un fin de semana, creo que era un domingo, empieza el combate. El Che Guevara estaba en el medio con toda su guerrilla. A media mañana, a eso de las once, el Che es herido, aparentemente, en la pierna derecha. Un boliviano llamado Willy, nombre de guerra (verdadero nombre era Simón Cubas Sarabia) lo estaba ayudando a escapar del cerco cuando, de pronto, se encuentra con nuestra unidad de inteligencia, a muy corta distancia. Lo que nos cuentan ellos es que en ese momento el Che grita: “No tiren. Yo soy el Che Guevara, valgo más vivo que muerto.”

AB: ¿En ese momento lo capturan al Che?

FR: Efectivamente, allí lo agarran. Lo llevan al Che con Willy, a donde estaba el capitán Gary Prado, la mayor parte de los otros guerrilleros habían muerto. Al Che lo trasladan a la localidad de La Higuera, y ahí, lo colocan en una antigua escuelita.

Nos llega a Valle Grande la comunicación: “Papa cansado”, en el código que teníamos era: “el líder de la guerrilla está preso, herido pero vivo”.

Y no decía nada más. Yo acaba de instalar ese fin de semana, tres radios, PRC10 uno, a cada uno de los aviones AT6 de la Fuerza Aérea Boliviana, que no tenían frecuencias compatibles con tierra. Entonces volé en uno de los aviones y el Mayor Jefe de Operaciones atrás, en otro de los aviones. Volamos sobre el área con el radio que yo le había acondicionado que tenía frecuencia compatible con la tropa y nos verificaron que, efectivamente, “Papa cansado” era el extranjero. O sea era el Che Guevara.

AB: ¿Usted llega a entrevistarse con el Che, ese mismo día?

FR: No, regresamos a Valle Grande en los aviones AT6, le informamos al coronel Centeno Anaya y este inmediatamente despachó al teniente coronel Andrés Zelich para que se trasladara en un helicóptero pequeño, que pertenecía, creo, al Presidente de Bolivia y que se lo habían dado para este uso, para que fuera a La Higuera, y tratara, sobretodo, de recuperar toda la documentación del Che y tratar de interrogarlo. El helicóptero lo dejo allí y regresó nuevamente a Valle Grande.

Esa noche, nos reunimos en un hotelito con todo el Estado Mayor de la 8ª.División, que en ese momento se había trasladado a Valle Grande.

Yo le pedí al coronel Centeno de acompañarlo al día siguiente cuando él fuera a reunirse con el Che. Obviamente todos los oficiales bolivianos querían lo mismo. El Coronel hizo un brindis, porque consideraba que se terminaba la guerrilla en Bolivia y entonces habló con sus oficiales y dijo que sabía la forma en que habíamos trabajado, la ayuda que yo les había dado y lo que representaba para mí, por el daño que este señor le había hecho a mi patria, y que si ellos no se oponían, me llevaría con él, ya que el avión era pequeño, solo podían ir el piloto y dos personas más. Todos estuvieron de acuerdo.

Al día siguiente, alrededor de las 7 de la mañana, despegamos en ese helicóptero comandado por el piloto Jaime Niño de Guzmán y aterrizamos en La Higuera, alrededor de las 7,30 de la mañana.

Entramos a la habitación de la escuelita, el Che estaba amarrado de pies y manos, tirado en el suelo, pegado a la entrada, abajo de una ventanita, y enfrente a él, le habían puesto los cadáveres de dos cubanos.

Centeno trato de hablar con el Che pero no tuvo mucho éxito. El Che lo miraba pero no le contestaba nada, Centeno inclusive le dijo: “Usted es un extranjero que ha invadido mi país, lo menos que puede hacer es contestarme”. Pero el Che Guevara no le contestó nada.

Salimos de la habitación. Yo le pedí al Coronel que me entregara la documentación para fotografiarla para el gobierno de los Estados Unidos. Entonces le dio órdenes al teniente Coronel Celis que me entregara la documentación del Che.

El Che tenía una cartera grande como de mujer, pero gruesa, que se abría por arriba y hacia una curva abajo y era bien ancha. Adentro tenía un diario comprado en Alemania, escrito en español, tenía también fotografías de familia, tenía unos libros pequeños de clave que eran numéricos, chiquitos de una pulgada y media con goma alrededor, se llaman de una sola vía y se usan para clave, se van utilizando y después se van quemando las hojas y hay una copia en Cuba, ese tipo de codificación es muy difícil o casi imposible de romper. Tenía varios libritos de esos, en rojo y en negro, uno para recibir y el otro para trasmitir y además tenía algunos equipos para el asma y una libreta pequeñita escrita a máquina con muchos hoyitos en la parte izquierda y en esa había varios mensajes que había recibido de Cuba, firmados por un tal Ariel. Nosotros pensamos que Ariel era Fidel, sin embargo, posteriormente en una reunión que tuve en Paris, con el que había desertado del gobierno de Cuba, el coronel Darío Alarcón Ramírez, (uno de los tres sobrevivientes de la guerrilla del Che), me dijo que no, que ese era Juan Carretero, un oficial de la Inteligencia cubana que atendía las comunicaciones de Bolivia en La Habana.

Con toda esa documentación, yo me puse a fotografiarla. Más tarde, entre nuevamente a la habitación, el Che seguía amarrado, tirado en el suelo y le dije:

–  “Che Guevara vengo a hablar contigo”. l Che me miró desde el suelo y me dijo en una forma arrogante: “A mí no se me interroga”. Entonces yo le dije:

– “Comandante, yo no he venido a interrogarlo, yo he venido a hablar con usted. Yo a usted lo admiro. Sus ideas son diferentes a las mías, yo creo que están equivocadas, pero yo lo admiro.” Entonces él me miró, a ver si yo me reía, cuando me vio que yo estaba serio, me dijo:

– “Me puede sentar. Me puede quitar las amarras.” Entonces llamé a un soldado que le quitó las amarras, lo sentamos en un banquito que había y comenzamos a conversar. Cuando yo le preguntaba cosas de interés táctico, el se sonreía y me decía: “Usted sabe que eso no se lo puedo contestar “. Cuando le hablé de África, el Che no quería tampoco decir mucho. Cuando le dije: “Bueno, Usted no quiere hablar de África pero sus compañeros han comentado que usted tenía como 10.000 guerrilleros allí y que el soldado africano era muy malo”.  Entonces me dijo:

– “Bueno, si hubiera tenido 10.000 guerrilleros hubiera sido muy diferente. Pero usted tiene razón, los soldados africanos eran muy malos. “ Y seguimos conversando hasta que yo salí para hacer una comunicación por telegrafía de radio a mi gobierno (Estados Unidos). En Washington, yo había recibido instrucciones muy precisas, si por casualidad, el Che caía preso vivo, debía tratar por todos los medios de salvarle la vida para llevarlo a interrogatorio, porque ellos sabían que normalmente el gobierno boliviano no tomaba muchos prisioneros.

AB: ¿Y usted trato de salvarle la vida?

FR: Esas instrucciones las trasmití al coronel Centeno Anaya. Lo que pasó es que fue una decisión del Presidente de la República de Bolivia. La decisión de eliminarlo, vino, mayormente, por los problemas que el gobierno estaba teniendo con el juicio contra Regis Debray y Ciro Bustos. Debray era un intelectual francés que había sido capturado con la guerrilla y Bustos era un periodista argentino, había mucha injerencia de la Embajada Argentina y Francesa, había estudiantes de izquierda que estaban haciendo manifestaciones y yo creo que en ese momento el Presidente, como Comandante de las Fuerzas Armadas, se debe haber dicho: “Si tenemos este problema con personas no muy conocidas, ¿Qué será un juicio al Che Guevara?” Entonces vino la decisión del presidente de Bolivia, creo que era René Barrientos.

Félix Ismael Rodríguez, Ernesto «Che» Guevara y otros soldados bolivianos

AB: ¿Pero qué pasó después de su conversación, esperaba poder salvarlo?

FR: Yo esperé a ver qué pasaba, todavía se oían los disparos en la lejanía. A la mañana siguiente, 9 de octubre, viene un soldado y me dice que había una llamada para el oficial de más alto rango, yo tenía rango de Capitán y solo había en La Higuera dos tenientes más. La llamada era en la casa del telegrafista, donde había el único teléfono del pueblo, con una línea directa a Valle Grande, entonces tome la llamada.

El código que habíamos diseñado era sencillo: Quinientos = Che Guevara, seiscientos=muerto, setecientos=vivo.

Me mandaron la orden definitiva. Pedí que me la repitieran, que me la reconfirmaran. Orden del Alto Mando: Quinientos Seiscientos.

Cuando vino el Coronel Centeno, yo lo llame a parte y le dije: “Mi coronel, han llegado instrucciones de su gobierno, de eliminar al prisionero. Y las instrucciones de mi gobierno es tratar de mantenerlo vivo a toda costa, tenemos helicópteros y aviones para llevarlo a Panamá para interrogatorio.”

Entonces, el coronel me dijo: “Félix, hemos trabajado empíricamente, te agradecemos mucho tu ayuda, pero son ordenes del señor Presidente y el señor Comandante de la Fuerzas Armadas”. Miro el reloj y me dijo: “Puedes ajusticiarlo en la forma que tú quieras porque sabemos el daño que le ha hecho a tu patria, yo quiero tu palabra de caballero, que a las 2 de la tarde, tú me entregas, el cadáver del Che.”

Yo le dije: “Mi Coronel, trate de hacerles cambiar de idea, pero si no hay una contraorden, yo le doy mi palabra de hombre, que yo le llevo el cadáver del Che.” Nos dimos un abrazo. Él se retiro en el helicóptero con el que había llegado, también me dijo que el helicóptero iba a venir varias veces a traer comida y municiones y llevarse a nuestros heridos y a nuestros muertos.

En uno de esos viajes que vino el helicóptero, se tiro la fotografía en donde yo estoy con el Che Guevara. El piloto Niño de Guzmán trajo la cámara, que era del mayor Saucedo, entró a la habitación donde yo estaba hablando con el Che y me dijo: “Mi Capitán, el Mayor Saucedo quiere una foto con el prisionero”. Entonces yo me dirijo al Che. “Comandante, ¿A Usted le importa?”. Contestó: “A mí no.”

Entonces lo ayudamos a salir afuera de la habitación. Cuando yo agarre la cámara del Mayor, como no sabía lo que iba a pasar, le cerré el lente y le puse el máximo de velocidad y por eso la foto nunca salió y nunca me lo ha perdonado el Mayor. Entonces, yo le di la cámara mía, que estaba bien preparada, y esa es la foto que salió. Cuando yo entrego los rollos en La Paz, el 13 de octubre, les digo a la gente de la Agencia que recibió toda la documentación: “Hay una foto del Che riéndose conmigo.” Porque en el momento en que yo le pongo la mano alrededor, le digo: “Comandante, mire al pajarito.” El Che se rió, por un instante, pero cuando tiraron la foto cambio de expresión, y la cara es la que se ve en la fotografía.

Nos tiramos la foto y empecé a esperar a ver qué pasaba. Alrededor del mediodía, vino una señora con un radiecito portátil y me dice:

-“Mi Capitán, ¿Cuando lo van a matar?” -“Señora, ¿Por qué usted dice eso?” -“Porque nosotros lo vimos que se fotografió con el Che, ahí afuera. Pero la radio está dando la información que el Che murió de heridas en combate.” Entonces, al oír esto, me di cuenta que no había más nada que hacer. Entre a la escuelita, me le paré enfrente y le dije: “Comandante, lo siento, yo he tratado. Son órdenes superiores.” El Che entendió lo que estaba diciendo, se puso blanco como un papel, sin embargo me dijo: “Es mejor así. Yo nunca debí haber caído preso, vivo.”

En ese momento saco la pipa, y me dijo: “Quiero entregar la pipa, a un soldado que se portó bien conmigo, que me trató con dignidad.” En ese momento el Sargento Terán, que era el que estaba eliminando a los prisioneros, entro en la habitación y dijo: “Yo quiero la pipa”. “Yo la quiero”. El Che que tenía la pipa, la retiro hacia el cuerpo, y le dijo: “No, a tí no te la doy.” Tuve que decirle dos veces, al Sargento, que se retirara y entonces, salió de la habitación. El Che tenía la pipa pegada al pecho. Y yo le dije: “Comandante, ¿Me la da a mi?”, Se quedó pensando por un momento y me dijo: “Si, a ti sí te la doy.”

Me dio la pipa, me la guardé y le dije: “Si puedo hacer llegar un mensaje, ¿Quiere algo para su familia? En una forma sarcástica, me dijo: “Dile a Fidel que pronto verá una revolución triunfante en América.” Después cambio la expresión: “Si puedes, dile a mi señora que se case otra vez y que trate de ser feliz.” Fueron las últimas palabras. Vino donde estaba yo me dio la mano, nos dimos un abrazo. Se paro en atención, pensando que era yo el que le iba a tirar.

Salí de la habitación, estaba lleno de soldados afuera, el sargento Terán al lado del teniente Pérez. Me dirigí al teniente: “Es orden de su gobierno de eliminar al prisionero, pero no le tire de aquí para arriba, tírele para abajo porque se supone que muere de heridas en combate.” El teniente aprobó.

Me retiré al cuarto del telegrafista que era donde estaba el teléfono, eran alrededor de la una cuando salí del lugar. Aparentemente, pidieron prestado una carabina M-2 automática de ráfaga y entre la una y diez y la una y veinte, es cuando se escucho la ráfaga.

AB: ¿Entonces usted no lo mató y fue una sola persona que hizo los disparos?

FR: Si, una sola persona y fue el Sargento Terán. Al poco rato de estar yo allí, aproximadamente a la una y media, vino el capitán Gary Prado acompañado del capitán Celso Torrelio. Celso Torrelio llegó a ser, posteriormente, presidente de Bolivia. Entonces entramos a la habitación, Celso tenía una varita, me recuerdo que le cruzó el rostro al Che y le dijo: “¡HP! Me mataste tantos soldados.”

Ahí, nos abrazamos sobre el cadáver y Gary Prado dijo: “Mi Capitán hemos acabado con las guerrillas en América Latina.”

AB: ¿Fue entonces que le sacaron esa foto donde parece un Cristo, con la barba y los ojos abiertos?

FR: No, todavía no. Eso fue cuando lo trasladaron. Eran ya cerca de las 2 de la tarde y el helicóptero estaba llegando. Yo vi que la cara del Che estaba llena de fango al caer en el piso, que era un piso húmedo, de tierra. Pedí un balde de agua. Me agaché y le lave la cara, le quite todo el fango de la cara, trate de cerrarle la quijada con mi pañuelo que después voló con el helicóptero y traté de cerrarle los ojos pero se abrieron con el aire y el movimiento del helicóptero.

Lo cargamos y lo llevamos hasta el pontón derecho del helicóptero. En ese momento un soldadito vino a donde estaba el piloto y le dijo: “Mayor, un cura quiere verlo.” Nos quedamos con el motor andando hasta que apareció un sacerdote católico arriba de una mula y se bajó en el costado derecho del helicóptero y bendijo el cadáver del Che. Yo me quedé pensando, esta persona que era atea, recibió la bendición de la iglesia católica.

Le tire varias fotografías con una cámara Minox que me quedaba. Había usado todos los rollos de 35 milímetros para fotografiar el Diario del Che y la otra documentación, entonces solo me quedaba un rollo en una camarita alemana y con esa le tiré fotografías cuando el cura le estaba dando la bendición al Che.

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