Ignacio Fontes analiza las mentiras del franquismo sobre el bombardeo de Guernica

Un libro de Ignacio Fontes sobre el bombardeo de Guernica aporta una nueva mirada histórica sobre uno de los acontecimientos más manipulados de la guerra civil española

Xulio Formoso: Gernika

Mucho se ha escrito sobre el bombardeo que destruyó Guernica durante la guerra civil española, y aún así no se conocen en profundidad todas las circunstancias de aquel crimen colectivo que amenazó la vida de más de 6000 ciudadanos indefensos que vieron cómo sobre sus cabezas se desataba una tormenta de cientos de bombas que destruían la ciudad en la que habían vivido toda su vida.

Poco a poco fueron saliendo a la luz las circunstancias de aquella masacre, las consecuencias y las responsabilidades, y echando por tierra las infames versiones de los vencedores sobre la autoría de aquella aberración.

5505 Guernica (original).inddUno de los últimos libros, que aporta una nueva mirada sobre el bombardeo, es el del periodista y escritor Ignacio Fontes, con un título de connotaciones machadianas: “1937: el crimen fue en Guernica” (Ed. Foca).

La prensa informa sobre el bombardeo

Ignacio Fontes comienza su trabajo contextualizando el episodio en las circunstancias de la situación de la prensa en España y en el tratamiento informativo que sobre el bombardeo dieron sobre todo los periódicos franquistas. Fontes conoce y domina el campo de la información no sólo por su dedicación profesional sino por otras investigaciones que ha llevado a cabo en el campo del periodismo. Por eso resultan muy ilustrativas sus apreciaciones acerca del control que sobre la información ejercían los responsables de las relaciones con la prensa internacional durante aquellos años.

Dos figuras sobre todo eran los encargados, desde el bando franquista, de suministrar a los periodistas la información sobre la marcha de la guerra. Uno de ellos era Gonzalo de Aguilera, un terrateniente de la aristocracia salmantina nombrado responsable de relaciones con la prensa extranjera por el general Mola. Este personaje, en declaraciones al periodista John Thompson Whitaker, del “New York Herald Tribune”, afirmaba que en las ciudades españolas había nacido el proletariado gracias al desarrollo de la higiene y a la construcción de alcantarillas: “De no haber alcantarillas en Madrid, Barcelona y Bilbao, todos estos jefes rojos habrían muerto en su infancia en lugar de incitar a la chusma y hacer que se vierta la buena sangre española… Son como animales… Al fin y al cabo ratas y piojos son los portadores de la peste… Nuestro programa consiste en exterminar un tercio de la población masculina de España. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado. Además también es conveniente desde el punto de vista económico. No volverá a haber desempleo en España”.

El otro responsable de las relaciones con la prensa extranjera del bando rebelde, nombrado por Millán Astray, se llamaba Luis Bolín. Recibía a los periodistas vestido con el uniforme de la legión, incluida la pistola al cinto, y les obligaba a alinearse y cuadrarse militarmente a golpes de silbato antes de proporcionarles los comunicados. Con estos personajes como responsables de informar a la prensa de la marcha de la guerra es fácil concluir el tipo de información que se publicaba entonces en los medios nacionales controlados por los franquistas y en algunos periódicos extranjeros. En las salas de prensa del bando nacional había carteles en los que se prohibía a los periodistas referirse a los franquistas como “rebeldes” o “insurgentes”, y a los republicanos como “leales” o “gubernamentales”: los primeros eran “ los nacionales” y los segundos “los rojos”.

El bombardeo y la manipulación de la historia

Guernica fue bombardeada el 26 de abril de 1937 por aviones alemanes e italianos apoyados por la fuerza aérea franquista, utilizando bombas convencionales y artefactos incendiarios. Este es ya un hecho incontrovertible sobre el que desde hace años se ha investigado con rigor desde todos los frentes. La propaganda franquista difundió la información de que la destrucción de la villa había sido obra de dinamiteros republicanos que, en su retirada, la habrían incendiado para evitar que los rebeldes se apropiaran de las infraestructuras de la ciudad, considerada como un punto estratégico para la victoria final. Esta fue la versión oficial que durante muchos años (hasta finales de los sesenta del pasado siglo) se difundió en la España de Franco. La realidad fue que desde las bases de la Legión Cóndor y de la Aviazione Legionaria, asentadas en Soria, Vitoria y Burgos, tres escuadrones formados por unos 40 bombarderos escoltados por una decena de cazas, algunos de la aviación franquista (una participación negada hasta hace unos años) dejaron caer sobre Guernica durante tres horas entre 30 y 50 toneladas de bombas y más de 5000 artefactos incendiarios, que arruinaron el 99 por ciento de los edificios, causando un número de víctimas aún no determinado, de las cuales más de 150 fueron mortales.

La primera versión que dio Bolín a la prensa extranjera fue que Guernica no había sido bombardeada, y mucho menos por la aviación alemana o cualquiera otra extranjera que, según él, no existía en la España nacional. En cuanto a la aviación española, según esta misma versión, no había ni despegado de sus bases, debido al mal tiempo. Diarios como “Il Corriere della Sera” afirmaron entonces que el bombardeo de Guernica había existido sólo en la fantasía de vascos, franceses e ingleses. A las pocas horas, ante las presiones de algunos países europeos, esta versión fue sustituida por la del incendio de los dinamiteros gudaris, de cuya orden se acusaba al lehendakari Aguirre, a quien se calificaba de “delincuente común”. El periódico “The Times” y la agencia Havas dieron por buena esta nueva versión de los nacionales, según algunas investigaciones, para favorecer la política de contemporización que Francia y Gran Bretaña mantenían entonces con la Alemania de Hitler.

No se quería admitir la participación de la Legión Cóndor por temor a que Hitler la retirara de España, a la que se consideraba un bastión de la lucha contra el comunismo. Cuando no hubo más remedio que asumir esta participación se achacó entonces a una decisión autónoma e indisciplinada de los mandos alemanes, cuando la realidad fue que el ataque se hizo a petición española.

Investigaciones posteriores llegaron a demostrar que tanto Franco como el general Kindelán, jefe de las fuerzas aéreas, conocían y aprobaron el ataque contra Guernica. El historiador franquista Ricardo de la Cierva (quien publicó hasta nueve versiones) ha llegado a afirmar que la destrucción de Guernica se debió a la Legión Cóndor, pero no a la controlada por Franco sino a la que vino expresamente desde Alemania en vuelo directo, para volver a sus bases una vez conseguido el objetivo: es decir, que atravesaron más de 2000 kilómetros sin repostar atravesando Francia, gobernada entonces por el Frente Popular.

Todo parece indicar que esta acción de la Legión Cóndor fue como un experimento, en una guerra real, una especie de maniobra de cara a los conflictos bélicos que ya planeaba entonces el Tercer Reich.

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Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

1 Comentario

  1. Como más de alguna vez he leído, la guerra civil de España fue la primera batalla de la Segunda Guerra Mundial. Y, además, en todo conflicto bélico, la primera que muere es la verdad noticiosa desde las partes.

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