Los Reyes Magos tienen que regresar a Persia cuanto antes

Lo que sigue puede ser estimado –hoy, 6 de enero– como una carta a los Reyes Magos. Veamos: los clérigos iraníes han valorado como muy insultante la última serie de dibujos publicados en la revista Charlie Hebdo que caricaturizan al régimen que gobierna en Teherán; pero sobre todo a su líder, Jefe Supremo de Irán, ayatollah Alí Khamenei (Jamenei).

Esas caricaturas son el resultado de un concurso convocado por la redacción del conocido semanario para conmemorar el octavo aniversario de los salvajes asesinatos terroristas que sucedieron el 7 de enero de 2015 en la redacción de Charlie Hebdo y en las inmediaciones de ese periódico satírico.

El lanzamiento de esa convocatoria tuvo lugar en diciembre de 2022 mientras se multiplicaban los actos de protesta y las manifestaciones contra la teocracia chií que gobierna en Irán.

Portada del número especial de Charlie Hebdo que satiriza el poder de los ayatolás de Irán. La fecha de su publicación coincide con el 8º aniversario de la matanza que tuvo lugar en la redacción del semanario satírico.

En alguna ocasión, los ayatolás se permitieron organizar concursos de caricaturas contra Salman Rushdie.

Pero no desean ser caricaturizados ellos mismos y como respuesta a Charlie Hebdo (y a Francia entera, nada menos), las autoridades islámicas han cerrado el Instituto Francés de Investigación en Irán (IFRI), una institución fundada en 1947 y dedicada primordialmente al estudio de la arqueología y a la antigua cultura persa.

El gobierno iraní ha advertido oficialmente al embajador francés, Nicolas Roche, que considera responder con otras medidas de mayor calado, «de manera tajante y efectiva», dicen. Ocho ciudadanos franceses están retenidos en cárceles de Irán acusados de «espionaje». Francia los considera «rehenes».

La piedra lanzada ahora a las aguas de la libertad de prensa también podría ser un cebo político, un señuelo para desviar la atención de la grave crisis interna que atraviesa Irán.

Una represión masiva

Docenas de detenidos pueden ser ejecutados después de ser acusados de participación en protestas públicas o por insultos y delitos contra la religión. Jurídicamente, lo llaman moharebeh (en persa), un supuesto delito que está definido y legislado como «el odio contra Dios». Varios centenares de personas están detenidas, amenazadas, procesadas y acusadas de cometer moharebeh. Las condenas varían entre varios años de cárcel y la pena capital. Hasta el momento se ha ha sabido de un mínimo de dos ahorcamientos en cumplimiento de esas condenas.

Tras casi cuatro meses de protestas, las mujeres y una población urbana y joven siguen manifestándose contra el poder encabezado por dirigentes religiosos. Se trata de personajes que únicamente conciben su gobierno como un sistema teocrático basado en la variante chií (o chiíta) del islam.

Por lo demás, no hay idealización, ni justificación posibles, pues se trata de una teocracia corrupta apenas decorada con instituciones electorales de apariencia pluralista: el maximo dirigente es el multicaricaturizado Alí Jamenei, el Líder Supremo (que es siempre un ayatollah). Bajo él, se sitúa el Presidente elegido, Ebrahim Raisi, quien a su vez sólo pudo ser candidato tras ser admitido como tal por el Consejo de Guardianes de la Revolución, donde predominan los alfaquíes, los juristas religiosos. Raisi pretende ser uno de ellos.

Ese ente guardián suele descartar la mayoría de las candidaturas previas a un proceso electoral presidencial en el que las mujeres pueden votar (y ser parlamentarias), pero no optar a ser candidatas a esa presidencia de poderes limitados.

Corrupción y revolución jomeinista

En 1979, la actual estirpe de dirigentes ocupó el poder mediante la manipulación de una revolución popular con fuerte implicación de las clases más bajas. Entonces, se produjo una singular síntesis de la maquinaria religiosa y de ciertas ideas sociales que una parte de la izquierda asumió como progresistas. Al final de aquellas turbulencias, el poder económico tradicional, los clanes del bazar y las nuevas instituciones militares (Guardia de la Revolución Islámica) terminaron reacomodándose entre sí sobre las ruinas del régimen anterior.

Incluso utilizaron la memoria de la época de la nacionalización del petróleo que llevó a cabo el primer ministro Mohammed Mossadeq, a mediados del siglo XX. Una revolución, la de Mossadeq, que se enfrentó a los intereses de Londres y Washington, que entonces sometían Irán y explotaban su petróleo y sus recursos económicos.

Al llegar al poder, el islamismo jomeinista utilizó hasta cierto punto la figura de Mossadeq. Sin exagerar, desde luego, porque esa figura estaba más próxima a los líderes anticolonialistas laicos del llamado Tercer Mundo, como Nasser o Nehru. Cabe recordar incluso que el poder religioso, los ayatolás de su tiempo, lo dejaron caer para que fuera defenestrado como gobernante, sin expresarle el apoyo que habría necesitado frente a las multinacionales del petróleo y ante el mismo Shahanshah.

En cualquier caso, en 1979 la dinámica islamista impuso su hegemonía política mediante un trabajo de décadas y con la ayuda ambigua, suicida, confusa, según podemos comprobar hoy, de grupos de la izquierda iraní radical de la época.

Cultura persa, prensa rosa y represión

Todos ellos terminaron sufriendo la represión del poder religioso, tras haber luchado contra el régimen prooccidental y brutal del Sha o emperador (Shahansah) Reza Pahlevi, quien triunfara dulcemente durante años en las portadas europeas de la prensa rosa, junto a su tercera esposa, Farah Diba (la Shahbanu).

En los tiempos del Shah de Irán, la prensa rosa europea ofrecía su imagen rutilante, junto a Farah Dibah, mientras también la represión y la desigualdad predominaban en la sociedad iraní.

El 11 de enero de 2023 hará 44 años del final de todo aquel mundo de papel satinado, que escondía enormes desigualdades y una represión atroz: Pahlevi tuvo que exiliarse mientras el clérigo Ruhollah Khomeini (Jomeini) prometía la justicia social  a la muchedumbre reunida en la plaza Azadí (Libertad) de Teherán.

Los seguidores del ayatollah Jomeini, quien había regresado de su exilio en París, se impusieron. No sin ganar antes una enorme influencia social con la que lograron derribar la dictadura precedente, un régimen imperial que tenía fuertes vínculos con Washington.

 De manera inhabitual, pero distinta y precisa, el analista Karim Sadjadpour, (estadounidense, iraní por su origen) lo explicó recientemente en un artículo en The New York Times, donde recordó un elemento histórico que se olvida con frecuencia: la civilización persa es muy anterior a la islamización de lo que hoy es Irán (antes Persia).

Según ese punto de vista, parte de la resistencia actual al régimen religioso se basa en rasgos profundos y aspectos culturales que tienen más que ver con la vieja Persia de lo que se cree. No resulta difícil asumir que puede ser así. ¿Un ejemplo de esto ? La celebración masiva del Noruz (o Nouruz o Norouz, según otros), que marca el principio del año según el calendario y las tradiciones zoroástricas, en principio hoy ya ajenas a los iraníes actuales y, desde luego, al Islam.

Islamizados no arabófonos, ni arabizados

La conquista árabe y la islamización del territorio que hoy es la República Islámica de Irán tienen trece siglos… La cultura persa (nunca desaparecida) se desarrolla desde hace unos dos mil quinientos años. En su amplio espacio geográfico, el idioma mayoritario es el farsi (persa), una lengua de raíces indoeuropeas. En Irán, el árabe es ultraminoritario y se utiliza como el latín antes en los países católicos: en fórmulas y ceremonias rituales. Hay una minoría árabe en la provincia suroccidental de Juzestán (Arabistán, según la denominación vigente en los países vecinos). Pero aquel país tiene una gran diversidad étnica y cultural: azeríes y turcomanos, beluchis, armenios, luros y kurdos. Los árabes apenas representan el uno por ciento de las personas con nacionalidad iraní. Irán no es árabe, excepto en esa zona fronteriza situada entre Irak y el Golfo Pérsico (o Arábigo, según los mismos países vecinos y enemigos).

Además de esos aspectos subyacentes de la sociedad iraní, los dilemas de los dirigentes resultan hoy muy directos y tienen que ver con la distancia hacia ellos de las nuevas generaciones. Según el citado Sadjadpour (Sayadpur), «el líder supremo ayatollah Alí Khamenei (Jamenei), único dirigente máximo que han conocido muchos participantes en las protestas, se enfrenta al clásico dilema de cualquier dictador: si no logra presentar una perspectiva de cambio, las protestas continuarán; pero si lo hace, tendrá que hacer frente al riesgo de parecer débil y alentará las protestas». 

El Líder Supremo de Irán, Alí Khamenei (Jamenei) preside una ceremonia militar en octubre de 2022. La actual revuelta contra el poder de los clérigos iraníes ya se expandía por las calles de todo el país. Foto: AFP.

Como sabemos, esta ola de protestas surgió a mediados de septiembre, tras conocerse las circunstancias de la muerte de Mahsa Amini, arrestada por la llamada policía de la moral. Esa joven kurda de veintidós años falleció cuando estaba detenida por no llevar el velo islámico de manera adecuada.

Por ahora, el movimiento protestario sigue siendo amplio y choca con una represión renovada y creciente. «No queremos salir de Irán, queremos que nos lo devuelvan», gritan los manifestantes. Más de veinte mil personas han sido detenidas, unas quinientas han sido asesinadas o han muerto en la calle, en las cárceles o en las comisarías.

Otros han desaparecido, sobre todo mujeres, y la autoridad teocrática ya ordenó hace semanas reanudar las ejecuciones públicas mediante ahorcamiento. Las cuatro últimas víctimas ejecutadas en público eran jóvenes. Se llamaban Mohsen Shekari, Majid Reza Rahnavard, Seyed Mohammad Hosseini y Mohammad Mehdi Karami. Todos ellos tenían entre veinte y treinta años de edad.

Sin embargo, la amplitud de la contestación es ya de tal magnitud, que la máquina de la represión parece incapaz de contenerla.

Las mujeres en las ciudades principales se quitan el velo y se cortan el pelo en las calles, acuden a los centros comerciales con la cabeza descubierta, bailan y se maquillan para contrariar la normativa beata.

En no pocos centros de enseñanza abuchean y expulsan a los funcionarios que vienen a amenazar o a sermonear a los estudiantes. Muchos jóvenes dan un tortazo para tirar el turbante de cualquier religioso que transita por la calle para difundir después en las redes sociales esa pequeña humillación de los siervos del poder. Grupos de manifestantes prendieron fuego a la casa de Jomeini. Hay cierres y huelgas intermitentes en diversos sectores.

No obstante, hay que recordar que la teocracia iraní ha logrado sobrevivir antes frente a crisis similares, incluso a una muy seria que sirvió de precedente a las revoluciones árabes. ¿Sucederá lo mismo ahora ? Es imposible saberlo. La revuelta es joven y multipolar, pero no tiene dirigentes claros. Los represores cuentan con ello para acabar dispersando y agotando las manifestaciones callejeras.

Las mujeres jóvenes han encabezado las protestas contra la jerarquía política de los clérigos iraníes.

En los momentos más difíciles para ellos, sueltan lastre. Como el anuncio contradictorio que hubo sobre la supresión de la policía de las buenas costumbres. No es probable que eso baste para contener el movimiento liderado por las mujeres a favor de la igualdad y de los derechos individuales.

Sadjadpour dice que en la calle eso se ha percibido como «debilidad» del poder y no como «magnanimidad» de su parte. Además, cita a un miembro del parlamento que ha pronosticado que «los velos islámicos volverán a cubrir la cabeza de las mujeres dentro de pocas semanas». Entre las represalias posibles, el bloqueo de sus cuentas y medios de pago. Junto a la represión medieval, la represión del siglo veintiuno.

Dudas de un régimen en entredicho

Entre las grietas del régimen, hay que citar la salud y la edad del Líder Supremo: 84 años. También  la potencial división entre sus fuerzas armadas clásicas –por ahora distantes de la calle– y los cuerpos armados islámicos (Guardianes de la Revolución Islámica, los Basiji, etcétera). Hay quien no descarta tampoco la idea de un pronunciamiento militar que siga el modelo egipcio para regresar después al punto de partida. Es decir, con otra cabeza visible revestida de cambios simbólicos o insignificantes.

Según Sadjadpour, circula asimismo la idea de entregar el liderazgo del régimen religioso a su hijo, Mojtaba Hosseini Khamenei, «tan impopular como el padre», afirma. El hijo es otro clérigo que dirigió la represión de 2009 contra quienes denunciaron en la calle la torpe manipulación de los resultados electorales.

El miedo no contendrá el volcán social

Esta vez parece que –al menos– el miedo a la represión no parece suficiente, aunque ésta se manifieste con la misma o mayor brutalidad que la que hubo en la época de Reza Pahlevi. Gente común, así como parte de las clases medias, artistas, intelectuales de diversos sectores del mundo de la cultura, deportistas y el exilio organizado en muchos países, empujan en contra de la continuidad.

La presión internacional ha logrado la liberación de la actriz Taraneh Alidoosti, quien pudo salir de la cárcel el 4 de enero tras más de tres semanas de encarcelamiento por haber hecho un vídeo de rechazo a la represión, junto a otros actores y actrices. 

Quien va a una manifestación en Teherán ya sabe que puede terminar detenido, torturado, desaparecido o asesinado. Pero las mujeres siguen gritando su lema inicial: «Mujer, vida, libertad». «Queremos una vida normal, no el paraíso a la fuerza que prometen los religiosos», repiten.

Karim Sadjadpour es escéptico sobre los análisis de inteligencia israelíes y norteamericanos que afirman que el régimen se impondrá sin remedio. Recuerda que afirmaron lo mismo pocos meses antes de que Reza Pahlevi tuviera que huir en un avión.

También en Argelia, cuando quien esto escribe estaba en aquel país, en plena insurgencia islámica (finales del siglo veinte), los analistas de la Rand Corporation apenas concedían unos pocos meses de vida al régimen argelino. Sigue en pie, de modo que está bien tener en cuenta ese tipo de análisis, pero es erróneo considerarlos como una verdad revelada.

En Irán, lo que ya ha puesto de manifesto la calle es que décadas de imposición del islamismo político chií no han bastado para suprimir «dos milenios de cultura política persa», afirma el historiador Abbas Amanat. En su propia variante, el islam forma parte del país; pero no sirve para explicar sin más su evolución completa.

En los viejos grabados, en la vida social, en la música, en la literatura, en muchas formas de la intimidad familiar, del idioma y los hábitos de los iraníes, sigue percibiéndose que no es un país que se pueda asimilar a algo parecido al tipo de reaccionarismo religioso saudí. Por supuesto, ni siquiera sus religiosos se reconocen en el wahabismo de Riad.

Y cuando uno viaja a la India, por ejemplo, encuentra todo tipo de formas de representación islámica con aspectos de apertura cultural que se fusionaron en el pasado con la vieja cultura persa. Eso nunca existió en la península Arábiga.

La memoria histórica de la vieja Persia está en la base mental colectiva de los iraníes y explica gran parte de sus diferencias con las formas de religiosidad procedentes de Arabia.

«El idioma persa, los mitos y los ritmos de la memoria histórica perduraron en el tiempo. Los iraníes están convencidos de que sus invasores terminaron apreciando (fundiéndose) con la alta cultura de la poesía, la comida, la pintura, el vino, la música, la etiqueta y las festividades persas», afirma Hamanat. En Persia no se produjo la arabización que sí se popularizó –de manera más o menos incompleta– en los países del norte de África. La cultura propia anterior resistió, como los griegos y su idioma durante varios siglos de dominación turca.

Sin embargo, más que el islam en sí mismo, que no está en cuestión, sí hay ya una buena parte de la población –y las mujeres son el mejor ejemplo– que rechaza en bloque un tipo de rigorismo religioso que consideran ajeno a su identidad profunda. De manera que entre las manifestantes y sus compañeros de revuelta hay coraje y valor; también un cierto sentido de identidad cultural patriótica.

La vieja civilización persa resiste como corriente de fondo y como una amenaza de peso contra el sistema, contra la corrupción del aparato teocrático. Como ariete contra los dirigentes islámicos de Irán.

Puede que sea difícil calibrarlo, pero si es así se trata de una amenaza mayúscula contra los dirigentes del país.

Respecto al principio de este texto y a los Reyes Magos, hay que decir que no son ajenos al asunto tratado. No pocos historiadores y especialistas creen que eran muy probablemente sabios, teólogos o miembros de una casta sacerdotal, que venían de Persia. Adoradores de Aura Mazda y practicantes del viejo zoroastrismo, es decir, mazdeístas. En persa antiguo, magush, ¿magos?

Voltaire, filósofo de la vieja cultura francesa, destripó la realidad actual en el Irán de hoy, cuando escribió: «¿Qué podemos responder a un hombre que nos dice que prefiere obedecer a Dios antes que a los hombres y que añade que al degollarnos está seguro de ganar el cielo?»

Quizá la única respuesta posible es la que las mujeres y los ciudadanos de Irán están llevando a cabo con mucho valor y sacrificio. El espíritu de Voltaire debería poder escribir hoy su propia carta a los Reyes Magos para pedirles que vuelvan a Persia para terminar sin más con la represión de un país y una vieja cultura que se han ganado sobradamente el derecho a ser libres.

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Periodista. Fue colaborador del diario Hoy (Extremadura, España) en 1975/76. Trabajó en el Departamento Extranjero del Banco Hispano Americano (1972-1980). Hasta 1984, colaboró en varias publicaciones de información general. En Televisión Española (1984-2008), siete años como corresponsal de TVE en Francia. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2022). Doce años corresponsal del diario francófono belga "La Libre Belgique".

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