—¡Cachón, magano! —o De la colocación a la calcomanía (y 3)

Cochon, marrano! —insulta, desde su garita en el castillo de la Magdalena, el cabo de guardia francés al pescador santanderino que desembarca en la playa su captura de calamar y sepia, un género que a la sazón repugna en casi toda Francia—… Sales espagnols —se dice, sacudiendo la cabeza—. Quels sauvages! Nous ne les civiliserons jamais.

Cachón, magano
Cochon, magano.

Corre el año 1810, tercero de la Francesada. El pescador santanderino, con la sorna propia de la Tierruca, decide que los epítetos que le ha dirigido el gabacho de guardia, lejos de insultarle a él, dan nombre, en los más selectos mercados de París y Marsella, a los manjares que porta en su carreta. Luego en llegando al de Santander empieza a vocear su mercancía de esta guisa:

—¡Cachones, maganos! ¡Que me los quitan de las manos!

Nacen así dos calcos que, aunque no cuajaran fuera de Santander —de ahí tal vez que el DRAE no los recoja—, a día de hoy mantienen plena vigencia y uso extendido en esta ciudad española y alrededores, donde —y esto no admite discusión— se sirven las mejores rabas del mundo. Tanto de cachón (jibia) como de magano (chipirón).

Hablando de pesca, veíamos la semana pasada, a propósito de lenguados y deslenguamientos, cómo hay calcos creativos que establecen una relación arbitraria entre significante y significado. Arbitrariedad del signo que, recuerda Saussure, resiste incluso la prueba de la onomatopeya; pues ya se sabe que en Inglaterra los perros ladran wof wof en vez de guau guau; y que los gallos franceses cacarean nada menos que cocoguicó en lugar de nuestro castizo y viril quiquiriquí —y los ingleses, cock-a-doodle-doo, que ya hace falta ser pomposo…

(La excepción es, por supuesto, el gato… Con el gato no hay arbitrariedad del signo que valga. El gato maúlla igual en todos los idiomas. O en cualquiera.)

A diferencia de estas colocaciones, la proliferación del calco nos asedia, nos cerca, se nos pega a la piel como una calcomanía. Pero ésta no se lava con agua y jabón, sino que permanece cual tatuaje. Ni tiene nada de espontáneo, sino que nos viene dictada. Ni, como tal dictadura, es fecunda, sino estéril; no libera sino somete; no coloca sino calca. Tampoco ensancha nuestro horizonte verbal, sino que lo angosta; no se incorpora a él sino que lo desintegra, no articula sino desarticula, no enriquece sino empobrece. En definitiva, no encaja en los cauces de la lengua —que no son nada estrechos—, sino que los rompe para remoldearla en los de otra.

Además, tampoco se percibe, sino que pasa inadvertido. Antes que a nadie, a más de un absorto en la vigilancia de las hormigas anglicistas mientras se le escapan en estampida los unicornios de la calcomanía.

Comparativamente, sin embargo, aun los más escandalosos calcos del espanglish —como ‘vacunar la carpeta’ por vacuum the carpet: pasar el aspirador por la alfombra— resultan incluso creativos y entrañan menos peligro que otros más perniciosos que nos tragamos sin rechistar.

Cuando yo empezaba a estudiar traducción e interpretación, hace ya más de treinta años, este último calco, atribuido a los hispanohablantes de Puerto Rico, me resultaba inverosímil de puro chusco… hasta que mi profesor de Trad. literaria, don Jorge Mustieles, me puso en mi sitio haciéndome ver que el ejercicio que le había entregado la víspera incurría en uno no mucho mejor; v. gr., ‘bastante aparentemente’ por quite apparently.

Entonces yo ignoraba algo que, como he podido comprobar muchas veces corrigiendo trads. EN>ES, siguen ignorando muchos traductores y revisores cuya cualificación pocos pondrían en duda; a saber, el adverbio inglés quite no siempre significa ‘bastante’: muchas veces quiere decir ‘completamente’. Así, p. ej., en la expresión quite sure, que, aunque rara vez se traduzca con este sentido, de hecho denota una seguridad absoluta. Del mismo modo, apparent no siempre quiere decir ‘aparente’, sino que a veces significa ‘obvio, palmario’, resultando que, en la inmensa mayoría de sus contextos, quite apparent se traduce por ‘del todo evidente’ …aunque luego vaya el revisor y lo corrija sustituyendo la trad. correcta por el calco al uso.

Como empezamos a analizar en la primera entrega de esta serie dedicada a la calcomanía, el criterio de frecuencia aplicado por los motores de trad. automática dominantes, como Google Translate (GT), ejerce una influencia decisiva en la lexicalización de estos calcos perniciosos, unidireccionales, serviles, arrasadores de todo matiz. El ejemplo que nos ocupa no es ninguna excepción:

Para apreciar en su justa medida la unidireccionalidad EN>ES del calco servil, con los efectos deletéreos que acarrea, véase este otro ejemplo de trad. gugueliana «verificada»:

Hace treinta años a cualquier traductor medianamente instruido (aunque fuera novato) este burdo calco le habría rechinado como tal, remitiéndolo al término fijado por un siglo largo de historiografía en lengua castellana: ‘guerra de Secesión estadounidense’. Pero hoy este nombre está en franco retroceso, registrando dieciséis veces menos coincidencias (33 800) en el buscador de Google que el recién citado calco, cuyo triunfo ha venido a sustituirlo. Con tal eficacia, por cierto, que las pocas veces que uno se encuentra bien colocado este término, puede apostar a que el traductor tiene más de cincuenta años.

Sin salir del ámbito académico, a nadie por debajo de esa edad se le pasa ya por la cabeza traducir literature por ‘bibliografía’, aun cuando el contexto no apunte en otro sentido. El calco ‘literatura’ por ‘bibliografía’, que ni siquiera se percibe como tal calco, se ha impuesto hasta el punto de desterrar por completo la equivalencia propia de nuestra lengua. Ítem, la palabra ‘manuscrito’ dejó hace tiempo de significar lo que revela su etimología (‘escrito a mano’) para calcar, por asimilación de manuscript, el sentido que esta voz tiene en inglés: ‘original de un escrito’ …aunque esté mecanografiado, como casi siempre es el caso en este siglo.

Tampoco a nadie menor de cincuenta años se le ocurre ya traducir, p. ej., el inglés sober [=no borracho] por ‘sereno’, como siempre se dijo en buen castellano, sino única y exclusivamente por ‘sobrio’, que en español era sinónimo de ‘austero’ antes de que el significante calcado ‘sobrio’ sustituyese a plomada el significado de esta voz española por el del adjetivo inglés sober. Ello surte un doble efecto empobrecedor de nuestra lengua: por un lado, apisona la riqueza de matices que atesoraba el español ‘sobrio’, asimilándolo sin más al inglés sober; por otro, descoloca la acepción antes fijada del adjetivo ‘sereno’, condenándole al desuso.

Ítem, el verbo ‘urgir’, que hasta hace bien poco era intransitivo y significaba ‘ser urgente’, ha adquirido —por calco del inglés to urge, que es transitivo y significa ‘instar’— la transitividad y el significado de su falso equivalente inglés: «Pedir o exigir algo con urgencia o apremio», surtiendo asimismo el doble efecto de descolocar ‘urgir’ y condenar al desuso a un ‘instar’ recolocado en redundancia.

Ítem, pocos hispanohablantes quedarán que recuerden el significado original de voces como sofisticar o bizarro, igualmente asimilado por calco al de unos falsos equivalentes ingleses que de hecho son falsos amigos. Así, tanto la edición de 1852 del Velázquez (A Pronouncing Dictionary of the Spanish and English Languages) como la de 2020 del DRAE se atienen, en la definición de aquel verbo, a la raíz griega σόφισμα, sofisma, que significa «Razón o argumento falso con apariencia de verdad»:

Ahora bien, la definición por el DRAE del participio correspondiente, ‘sofisticado‘ —vía de penetración del calco—, no puede por menos de recoger, en tercera acepción, su único significado vigente para los hispanohablantes del siglo XXI: «Técnicamente complejo o avanzado»; es decir, el que tiene en inglés, calcado al español.

Más elocuente aún es el contraste entre nuestro ‘bizarro’ —que proviene del italiano bizzarro, ‘iracundo’, y es sinónimo de ‘valiente’ o ‘generoso’— y el inglés —de hecho, francés— bizarre, sinónimo de ‘raro’, único significado que le atribuyen hoy la práctica totalidad de los hispanohablantes, aunque a fecha de 2020 el DRAE aún no recoja esta acepción.

Ítem, el DRAE tampoco recoge, entre las acepciones de ‘retribución’, el sentido que en inglés tiene su falso equivalente retribution —sinónimo de ‘represalia’—; y ello parece obedecer más a lo reciente de este calco de nuevo cuño que a una falta de fuentes documentales que lo avalen. En verdad, hasta un calco tan descabellado como ‘cabra de escape’ por scapegoat [=chivo expiatorio], cuya búsqueda en Google arroja 27 mil coincidencias, puede documentar cierta frecuencia de uso…

Con todo, conviene no olvidar que el mayor daño a nuestra capacidad de articular pensamientos verbales en lengua materna se inflige por la sintaxis. Recuerdo la impresión que me causó en 1990, recién aterrizado en Estados Unidos, el rótulo «Pida por formas», sólo inteligible por cotejo con el inglés que calcaba —Ask for forms— y por lo tanto inoperante, que es justo de lo que se trata: de reducir la L2 a un remedo sin alma ni autonomía de la L1, una mera emanación subsidiaria del marco conceptual dominante, al que se adapta servilmente en forma y contenido como una fotocopia desleída. Así invalidada como una mala copia de la L1, la L2 queda despojada de toda propiedad y, en consecuencia, de verdadera utilidad, con lo que su sustitución completa y efectiva por la L1 sólo es cuestión de tiempo.

El primer paso de este proceso es la desnaturalización de la L2, de suerte que la insistencia en su uso coloque al hablante en desventaja objetiva. Objetivamente, quien se ha acostumbrado a decir «Pida por formas» por «Solicite un formulario» no tardará en descubrir que pasarse a la L1, por muy ajena que le resulte, acabará compensándole mucho más que hacer un mal uso de la propia.

Así, p. ej., el uso impropio de las preposiciones, que en todo idioma reflejan con cierta fidelidad determinada articulación del pensamiento, es indicio inequívoco de embarque en dicho proceso. Concretamente, si a uno le suena mejor «El niño con el pijama de rayas» (como si lo llevara al tinte) que «El niño del pijama a rayas», puede que ya esté en una fase avanzada del mismo…

Como ocurre en el nivel léxico, los motores de trad. automática al uso inciden en la proliferación de calcos sintácticos de forma determinante aunque no siempre advertida. Veamos, sin ir más lejos, un ejemplo que nos ofrece este mismo portal, «Periodistas en Español», cuya interfaz nos devuelve el siguiente mensaje al efectuar una busca fallida:

Lo primero que llama la atención es la impropiedad de la preposición ‘por’ en la frase «Buscó por el término…», que evidentemente calca la construcción de la L1 to search for sin atender a su pertinencia en la L2 y con desprecio de ésta. En segundo lugar, la frase «Si no estás feliz con los resultados…» delata asimismo la servil literalidad característica de los motores de trad. autómatica, por calco de la construcción inglesa to be happy with, que se correspondería más idiomáticamente, p. ej., con el español. «Si estos resultados no le satisfacen…» —la tercera incongruencia en una traducción tan breve es alternar, sin ton ni son, el trato de usted con el tuteo.

Una vez sentada como premisa la subordinación de la L2 a la L1, se sigue que el calco, siempre unidireccional, hará caso omiso de cualesquiera peculiaridades distintivas de la L2, asimilándolas por simplificación reduccionista a la L1 adoptada como modelo. En el caso L2=español, la mayor complejidad de su sistema verbal, como todo aquello que no encuentre su correlato en la L1(=inglés), sencillamente se omitirá. Específicamente, en la trad. inversa L2>L1 Google Translate asimila por sistema el pretérito imperfecto esp. al indefinido; y el modo subjuntivo, al indicativo. El siguiente ejemplo, original de Góngora pero integrado en el registro coloquial de la L2, ilustra esta segunda asimilación:

…que, retraducido de la L1 a la L2, arroja el resultado: «Estoy caliente / y la gente se ríe», el cual, aparte del obvio contrasentido, ejemplifica este reduccionismo de la L2 siempre a semejanza de la L1 y subordinado a ella. Puede que al lector, como hispanohablante, no le parezca tan grave que le roben un modo verbal; y sin embargo, este crimen de leso subjuntivo, por sus implicaciones en los enunciados lógicos, bien merece una entrada aparte.

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