Jordania pierde la paciencia

Pasadas las cinco de la mañana, hora en la que la capital jordana comienza a desperezarse, las fuerzas de seguridad tenían orden de que “no quedara nadie”: ninguno de los manifestantes que desde la noche del martes tomaron las calles de Ammán en protesta por la subida deprecios de los carburantes y el gas. Apenas quedaban 300 manifestantes – de los miles que habían participado  -, quienes debatían en corrillo si permanecer o volver al día siguiente, cuando un camión quitanieve comenzó a arrojar agua y los cientos de militares, desplegados del cuerpo de Gendarmería, cargaron contra la concentración provocando una estampida, los primeros heridos y una carrera de detenciones. La caza de manifestantes, apoyados por los agentes infiltrados de la Mujabarat – policía secreta – iban señalando a los “alborotadores”, quienes arrastrados por el suelo y golpeados eran introducidos a empujones en los camiones blindados. El resto de los observadores, cámaras y periodistas fueron invitados, porra en mano, a abandonar la zona de la concentración.

Jordania ha perdido la paciencia y hoy ha pedido abiertamente la “caída del régimen”, a semejanza de los cánticos escuchados en Egipto y en Túnez. La escena de Ammán era el final de una jornada en la que se han producido encendidas protestas por todo el país. La policía ha dispersado el descontento popular con gases lacrimógenos en Irbid; en la localidad de Diban, al norte de Ammán, han quemado una fotografía del rey Abdulá II; dos coches han ardido en Salt; arrestos, tensión y una llamada a la huelga general para este miércoles a la que ya se han unidos profesores, estudiantes universitarios, taxistas y abogados.

El espíritu de la Primavera Árabe ha estado especialmente presente durante las movilizaciones, en las que los participantes han recordado la violenta represión de las revueltas en Siria. “¿Dónde está el Ejército jordano? En Bahréin y Kuwait”, gritaban en alusión a la violenta respuesta de los gobiernos árabes a las reivindicaciones ciudadanas.

Los jordanos llevan más de un año y medio templando un espíritu revolucionario contenido por las promesas de reformas anunciadas por el monarca. Pero la subida de los precios que ha aprobado el Gobierno este martes, para afrontar los 3 billones de dólares de déficit que tiene el país, ha interrumpido la aparente tranquilidad del pueblo jordano que en los últimos meses ha dado síntomas de impaciencia con masivas manifestaciones. La subida de los precios de los carburantes y del 50 por ciento de la bombona de gas, altamente consumida por las familias jornadas tanto para cocinar como para proveer las calefacciones, ha quebrado la paciencia de una población cada día más empobrecida.

Estas protestas, enmarcadas dentro del aumento del descontento enKuwait y la incesante movilización del pueblo bahrení que, pese a la violenta represión del Estado, no ha dejado de salir a la calle, pone sobre la mesa la estabilidad de las monarquías árabes que hasta ahora se habían mantenido inmunes a la ola de protestas. Si en Jordania era impensable una caída del régimen – apoyado como está por Estados Unidos y Occidente por ser una apacible isla de posición desde la que trabajar en los conflictos de la zona – la torpe medida gubernamental de este 13 de noviembre ha puesto al rey contra las cuerdas de su población.

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