Palabras que pueden confundir

En una ocasión asistí como periodista a una charla que le fue impartida a un grupo de productores agropecuarios en Guanarito, municipio que se distingue por la feracidad de su suelo y por la calidad del ganado bovino que en él se cría, en Portuguesa, Venezuela. Me llamó la atención algo que dijo el expositor sobre las crisis. Aseguró que estas tienen dos características fundamentales: son pasajeras y dejan una enseñanza.

La que hoy día estamos viviendo, derivada del COVID-19, sin dudas tiene esas características, a las que hay que sumarle el cambio de algunos hábitos, costumbres y el deterioro de algunos servicios básicos. En el caso de Venezuela y otros países de Sudamérica, la electricidad y la Internet, fundamentales para las actividades cotidianas en muchos estratos de la sociedad, están en un punto crítico, con tendencia a empeorar. Por esa razón, muchas actividades se ven afectadas.

En mi caso, que soy periodista al servicio de un ente gubernamental y como autor en este importante medio de comunicación, mi función de publicar en medios digitales y en redes sociales, se ha visto afectada. Por esa razón mi publicación semanal en este medio, en ocasiones se ha transformado en quincenal, pues a veces, pese a que tomo la previsión de seleccionar el tema y redactarlo, no habido energía eléctrica e Internet en el momento de enviarlo; pero aun así, hago el esfuerzos por honrar el compromiso, como hoy, que he escrito contra el reloj, para que mi aporte en periodistas-es.com, como ha ocurrido desde hace más de dos años, sea publicado el día que le corresponde.

Les hablaré una vez más de los monosílabos, no porque no haya encontrado otro tema del que pueda referirme, sino porque es un asunto que, aunque es sencillo, vale la pena recalcar de cuando en cuando, dado que a muchos redactores se les ha vuelto una verdadera calamidad.

De entrada, la regla general para la colocación de la tilde establece que los monosílabos, es decir las palabras de una sola sílaba, no la llevan; pero exceptúa a aquellas que cumplen más de una función dentro de la oración. Son las que se distinguen por el denominado acento diacrítico, que no es otra cosa que la tilde que se le coloca para diferenciarla de otra categoría parecida.

De esa gama son el mi (pronombre posesivo adjetivo) y el (pronombre personal): «Esta es mi casa» y «A mí no me avisaron». El tu (pronombre personal adjetivo) y el (pronombre personal): «Respeto tu decisión» y «Tú eres muy intransigente». El (artículo definido), y él (pronombre personal): «Ese no es el problema» y «En este caso, él responderá por los daños que puedan ocasionarse». El si (conjunción condicional) y el (adverbio de afirmación o pronombre personal reflexivo): «Si estudias podrás aprobar el examen», y «Tardó mucho en darme el sí»; «Luego de que volvió en sí, reconoció que había fallado».

El se (pronombre reflexivo) y (de saber): «No se pudo aguantar las ganas de hablar» y «Yo sé que tú no podrás olvidarme». El te (pronombre reflexivo) y el (de infusión): «No te desesperes» y «El té lo reparten a las diez de la mañana». Mas (cuando equivale a pero) y más (adverbio de cantidad o comparativo): «Todos se acostaron temprano, mas yo estuve leyendo hasta pasada la medianoche» y «Hoy llegó más gasolina que de costumbre»; «El jovencito de la camisa azul es el más alto de la clase». Aun (cuando significa hasta o incluso) y aún (todavía): «Aun los sordos habrán de oírme» y «Aún está convaleciente».

También los pronombres o adverbios interrogativos y exclamativos son diferenciados en su función: cuándo, cómo, cuál, cuánto, dónde, qué y quién. Cuando se los usa como interrogativos directos, deben ir entre lo signos que así lo sugieren: «¿Quién apagó la luz?»; «¿Tú quién eres?». El mismo criterio se aplica para la forma exclamativa: «¡Cuán hermosa te me revelas en sueño!».

Los pronombres o adverbios relativos son las mismas formas; pero sin tilde: cuando, como, cual, cuan, cuanto, donde, que, quien: «Allá donde la verdad coincide con la fantasía, cuanto más sueñas, más vives» (Sandro Cohen, Redacción sin dolor, Grupo Editorial Planeta, Mexico, 1995).

En cuanto a la palabra solo, aunque no es un monosílabo, es prudente acotar que antes se le colocaba la tilde cuando era adverbio y significaba solamente, y se omitía el símbolo gráfico cuando daba a entender sin compañía. Hoy día no se le coloca en ninguno de los casos, salvo en los que pueda haber confusión.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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