¿Qué fue de la revolución?

En el cincuentenario de mayo del 68 varios libros y una exposición reflexionan sobre los procesos revolucionarios contemporáneos

A lo largo de la Historia se han producido numerosas revoluciones sin que pueda decirse que todas hayan triunfado. Incluso cuando las revoluciones se imponen su final nunca se corresponde con los objetivos iniciales y algunas veces terminan perpetuando sistemas muy similares a los que habían derribado, ya que al tiempo que eliminan privilegios crean otros nuevos.

Revolucionarios por Xulio Formoso
Revolucionarios por Xulio Formoso
Puedes encargar un póster de este dibujo de Xulio Formoso a [email protected]

Las revoluciones han terminado casi siempre con una decepción, con la imposición de la realidad sobre los sueños y las utopías, y en todas ha predominado siempre un fuerte componente emocional. Por eso suelen dejar un sentimiento de melancolía entre quienes esperaban tanto de ellas.

La revolución permanente

Revoluciones, Gero Von Randow, portada TurnerSobre estas constantes se desarrolla el ensayo “Revoluciones. Cuando el pueblo se levanta” (Turner) de Gero von Randow, periodista, escritor, testigo y a veces protagonista, desde su militancia en la izquierda radical, de algunas revoluciones del siglo XX.

El paradigma de la tesis que sostiene von Radow en este libro es la revolución soviética de 1917, un acontecimiento que alimentó las esperanzas de millones de personas para más tarde frustrar sus expectativas con el terror, la guerra, las hambrunas, los crímenes del estalinismo, el gulag y la descomposición final. Pero, según von Radow, es esta una constante histórica que está ya presente desde la rebelión de los esclavos de Espartaco en la antigua Roma y en los tumultos europeos del siglo XVII, que se manifiesta con toda su fuerza en la revolución francesa de 1789 con Marat y Robespierre, se perpetúa en las de México, Cuba, Argelia, Nicaragua o Ucrania y llega hasta las recientes de la primavera árabe. En todas ellas, además, la revolución terminó devorando a sus propios hijos, ya sea con los espectaculares procesos del Thermidor parisino como con la liquidación de muchos de quienes habían participado en revoluciones como la bolchevique y la cubana, al lado de Lenin y Fidel Castro, acusados de repente de espías y calificados de contrarrevolucionarios.

Sin embargo siempre hay en toda revolución algo que justifica su estallido y en ocasiones se han conseguido logros que, pese a todas las contradicciones, han supuesto avances que de otro modo probablemente nunca se hubieran dado. Algunos de los grandes cambios sociales de la Historia se han llevado a cabo gracias a la intervención de las masas revolucionarias durante procesos muchas veces violentos, aunque luego hayan resultado decepcionantes.

Las revoluciones son acontecimientos apasionantes que movilizan a las masas y derriban modelos corruptos o trasnochados entre movilizaciones tumultuarias. En ellas se mezclan inevitablemente la ira, la violencia y el horror con la belleza y los ideales, porque cuando la multitud está excitada el heroísmo y la bajeza suelen ir de la mano y porque la indignación, un sentimiento noble, a veces llega a embrutecer. Por eso las revoluciones son al mismo tiempo hermosas y terribles. Y no son del todo inútiles porque envían un mensaje al futuro.

La revolución pendular

Joaquin Estefania Revoluciones portadaEn los últimos cincuenta años, desde el 68, tenemos la sensación de que los movimientos revolucionarios parecen obedecer a la trayectoria de un péndulo que, una vez alcanzado el extremo de su recorrido, iniciase otro de sentido contrario, reafirmando la teoría del profesor Albert Hirschman, de la London School of Economics, según la cual a cada acción progresista sucede otra reactiva-reaccionaria. Estas oscilaciones han sido estudiadas por el periodista Joaquín Estefanía en el ensayo “Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018)”, editado por Galaxia Gutenberg, en el que muestra cómo a las revoluciones del Mayo del 68, a la de los movimientos antiglobalización y a la de los indignados, han sucedido las conservadoras de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, la de los neoliberales y neoconservadores y la actual de los populismos.

Del 68 al reagan-thatcherismo

Hace 50 años, en Mayo del 68, una generación de jóvenes tomaba el relevo de la clase obrera en la contestación al sistema. Coincidiendo con otros movimientos en diferentes partes del mundo (Estados Unidos, Alemania, México, Checoslovaquia…), los manifestantes del 68 rechazaban la moral de sus padres, cuestionaban la sociedad de consumo y reivindicaban nuevos valores como el ecologismo, el feminismo, el pacifismo, la libertad sexual y el antirracismo. A pesar de la presencia del marxismo (en todas sus expresiones: leninista, maoísta, trotskista, guevarista…), ésta era minoritaria entre los sesentayochistas  porque los manifestantes no buscaban el poder sino a que éste les concediese lo que pedían. No se organizaron políticamente para tomarlo a través de instituciones y partidos así que el sistema terminó con los sueños de su utopismo, aunque no con sus valores, que fueron adoptados por las generaciones siguientes.

El 68 fue la frontera entre los años de bonanza que sucedieron a la posguerra y la primera gran crisis del petróleo de los años setenta, a partir de la cual el modelo económico basado en el keynesianismo fue sustituido por la filosofía de la no intervención del Estado en los mercados, promovida por la Escuela de Chicago de Milton Friedman cuyas doctrinas económicas fueron abrazadas por Margaret Thatcher en Inglaterra y por Ronald Reagan en Norteamérica, que iniciaron la primera gran revolución conservadora del siglo XX.

Margaret Thatcher llegó al poder aprovechando la irritación provocada por las huelgas que dieron lugar al llamado “invierno del descontento”. Su política se centró en destruir la tutela del Estado sobre las empresas del sector público, incluyendo los servicios sociales que habían caracterizado el estado del bienestar desde el fin de la guerra. Lo hizo a través de privatizaciones, desregulaciones y recortes. Una política que favorecía los intereses de las empresas privadas y provocaba la desprotección de los más vulnerables mientras el sindicalismo se debilitaba con sucesivas reformas laborales. El lema de la revolución neoconservadora se resumía en una de las afirmaciones de la dama de hierro: “Sólo son pobres los que quieren serlo”.

Al otro lado del Atlántico Ronald Reagan pronunciaba una sentencia similar: “Muchos de los vagabundos lo son por su propia elección”. Así que, al ser adoptada por los Estados Unidos, la revolución conservadora se extendió por Occidente e Iberoamérica. Arropada por una pléyade de economistas e intelectuales reaccionarios la reaganomics impuso también la reducción del Estado en la actividad económica y en los mercados, un tratamiento fiscal favorable al capital, recortes del gasto público dedicado a la protección social y un crecimiento gigantesco de la industria armamentística. Los resultados fueron devastadores: en Inglaterra se superaron los tres millones de parados, se alcanzó una inflación del 22 por ciento y se destruyó gran parte del tejido social construido desde la posguerra. En los Estados Unidos la reaganomics provocó un fuerte endeudamiento, un déficit público descontrolado y un mercado comercial deficitario.

Los efectos de la globalización

La interdependencia económica entre el conjunto de los países de mundo que se produjo en los años de tránsito entre los siglos XX y XXI dio lugar a la globalización, un proceso que alejaba las grandes decisiones tanto de los ciudadanos como de los gobiernos nacionales y que tomó un nuevo impulso gracias al desarrollo de las tecnologías digitales. Como reacción a sus efectos surgieron en todo el mundo movimientos antiglobalización transversales que protestaban contra el marcado signo neoliberal de las propuestas globales.

Seattle 1999 y las manifestaciones contra la guerra de Irak fueron los hitos más destacados de los movimientos antiglobalización. A partir de ahí nació una nueva contrarrevolución conservadora iniciada en los Estados Unidos y liderada por ideólogos como Newt Gingricht y Francis Fukuyama, que desembocó en lo que se conoce como “pensamiento único”, una ideología en la que confluían el conservadurismo político y moral con el liberalismo económico. La llegada al poder de George Bush II coincidiendo con los sucesos del 11-S y las guerras de Irak y Afganistán reforzó la influencia de los neocons americanos en la política económica mundial y facilitó la liquidación del estado de bienestar.

Esta política iba a desembocar en una de las crisis  más dramáticas para la economía internacional, iniciada con el escándalo de Enron y las empresas punto com, que llevaron a la ruina a cientos de miles de pequeños ahorradores, y se prolongaron durante la gran recesión iniciada en 2008 con otro escándalo financiero, el estallido de las hipotecas subprime, cuyos efectos aún sufre el mundo. Se produjo entonces la gran paradoja del neoliberalismo, la que proclama la libertad del mercado cuando la economía enriquece a las grandes empresas y a los bancos, pero que cuando éstas están en peligro reacciona, para salvarlas, precisamente con la intervención del Estado.

La crisis del 2008 provocó la aparición de una nueva revolución progresista encarnada ahora por los movimientos internacionales de indignados bajo lemas como “No nos representan” y “Democracia real ya!” cuyas expresiones más destacadas fueron el 15-M en España y Occupy Wall Street en Nueva York, ahora impulsados por nuevos factores como las redes sociales, que influyeron también en movimientos como la primavera árabe. La protesta era una mezcla de reivindicaciones económicas y políticas protagonizadas sobre todo por jóvenes, el sector social más castigado por la crisis. La diferencia con movimientos anteriores (mayo del 68 y antiglobalización), de los que los indignados son herederos, es que ahora hay una propuesta para tomar el poder político y no diluirse para desaparecer con la misma impetuosidad súbita con la que habían irrumpido. El paradigma en España fue la aparición de Podemos como fuerza política capaz de enfrentarse a los partidos tradicionales con la finalidad de transformar la indignación en cambio político.

Para confirmar la teoría del profesor Hirschman que citábamos al principio, las fuerzas de la reacción han iniciado ya la tercera fase de la revolución conservadora con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca con un discurso que, para justificar una nueva ofensiva contra el estado de bienestar, los servicios sociales y la inmigración, coincidía con los indignados en la crítica al stablisment. Los ideólogos políticos llaman a este movimiento la alt-right (derecha alternativa), un conglomerado de supremacistas blancos, nacionalistas americanos, antifeministas, islamófobos, antisemitas… que culpan a los colectivos contra los que se manifiestan de los principales males que afectan a los americanos. Otros lo llaman populismo.

Bellas Artes el gran rio

Una exposición revolucionaria

Al concepto de revolución, una exposición en el Círculo de Bella Artes de Madrid (“El gran río”, hasta el 26 de agosto) añade los de Rebelión, Resistencia y Rebeldía, todos ellos con un denominador común, según los organizadores de la muestra: el de conflicto. La historia, la política, la poesía, el arte y la cultura están presentes en este proyecto en el que junto a imágenes muy reconocibles figuran otras absolutamente inéditas.

Hay aquí una amplia iconografía que recoge desde la revolución soviética de 1917 y el mayo del 68 hasta las últimas manifestaciones revolucionarias del siglo XXI, enmarcadas en citas filosóficas y recortes de periódicos en los que se leen las noticias sobre los acontecimientos reseñados.

La muestra está organizada alrededor de imágenes de video con fragmentos de películas y documentales que se pueden ver independientemente o en su totalidad en la proyección que se realiza en un anexo de la misma exposición. Se trata de 22 episodios  que recogen aspectos diversos  de los procesos revolucionarios de la historia contemporánea  arropados por citas de filósofos, artistas y escritores que los contextualizan.

Únase a más de 1100 personas que apoyan nuestro periódico

Podrás comentar, enviar sugerencias y además podrás acceder de forma gratuita a eBooks, póster y contenidos exclusivos de nuestros colaboradores.

Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.