Día Mundial de la Fotografía 2019 coincide con sus 180 años de vida

Continúa la polémica sobre el carácter artístico de la fotografía

El 19 de agosto de 1839 Louis Daguerre presentaba en la Academia de las Ciencias de Francia un invento cuyos orígenes, según muchos historiadores, correspondía más a Nicephore Niepce, aunque el mérito de su invención se le atribuya desde entonces a Daguerre.

Louis-Jacques-Mande-Daguerre,-1787-1851
Louis-Jacques-Mande-Daguerre,-1787-1851

A instancias del político François Aragó, miembro destacado de la oposición en la monarquía de Luis Felipe, la Academia decidió comprar a Daguerre los derechos de su invento, que desde entonces pasó a llamarse daguerrotipo.

En el año 2009 el fotógrafo australiano Korske Ara lideró una iniciativa para que se reconociese aquella fecha del siglo XIX como Día Mundial de la Fotografía, de la que este año  se conmemora el 180 aniversario.

Los contextos en los que nace un nuevo invento

Fue en París, la ciudad en la que en aquellos años las artes, las letras y las ciencias tenían su mejor asiento, donde nació la fotografía (pocos años después nacería también aquí el cine de la mano de los hermanos Lumière).

Los historiadores de la fotografía establecen conexiones entre esta y el contexto social, cultural y político en los que aparece. Gracias a la expansión de la burguesía y a pesar de la crítica de algunos destacados personajes de la época, como los escritores Dostoievski, Balzac y Baudelaire, la fotografía se extendió con rapidez desde el mismo momento de su aparición.

La burguesía, clase social en alza, había encontrado en el nuevo invento el mejor medio de autorrepresentación, en conformidad con sus condiciones económicas e ideológicas. El hecho de que las fotografías estuvieran hechas por una máquina las convertía en algo distinto al resto de las formas de representación existentes hasta entonces, sobre todo al del aristocrático retrato pictórico, y las dotaba de un cierto respeto porque la ciencia comenzaba a instalarse en la sociedad como autoridad indiscutible.

A la burguesía le vino bien un arte que contribuía a la ritualidad social y a la vanidad autocomplaciente de la clase dirigente. La fotografía constituyó la gran oportunidad para conservar el imaginario colectivo de toda una sociedad, como atestigua que uno de los géneros más frecuentes fuera el retrato, constituido en referente de la nueva clase social en alza. El realismo impecable de la fotografía fascinaba a los observadores y a los clientes. Y además vino a satisfacer también la necesidad de perpetuar los acontecimientos sociales y políticos que ya se venían representando en grabados y pinturas.

Desde la aparición de las Bellas Artes la fotografía es el primer medio de reproducción de la realidad verdaderamente revolucionario. Su cualidad de uniformidad y repetibilidad causó una verdadera ruptura entre las culturas de la Edad Media y el Renacimiento con la de la naciente sociedad industrial.

Román Gubern sitúa el nacimiento de la fotografía en la misma época que el socialismo, un sincronismo entre una propuesta ideológica para un proyecto democrático de masas y una tecnología nueva para la democratización de la cultura. Su nacimiento coincide también con el ascenso del utilitarismo y de la filosofía positivista de Comte, quien aspira a un conocimiento científico y exacto del mundo, y a la objetividad, por lo que el periodismo sería muy pronto una de las actividades más beneficiadas por el nuevo invento al aportar la credibilidad como elemento supuestamente neutro a los textos de las informaciones.

En arte triunfaba el expresionismo, y en literatura el naturalismo, que aspiraba a una descripción más real y científica del mundo (Zola, su máximo representante, era un gran aficionado a la fotografía y tenía un laboratorio en cada una de sus residencias de Médan, Verneuil y París).

Es coetánea, también, del ferrocarril, que brinda a los viajeros la percepción del instante a través de las ventanillas de los vagones del tren, congelando ese instante visual. La fotografía vino a cubrir un hueco en el mundo cultural del siglo xix y dio por terminada la oralidad como principal testigo presencial de la realidad al convertir a esta en un objeto material.

Daguerrotipo. Daguerre, Estudio, 1837
Daguerrotipo. Daguerre, Estudio, 1837

Fotografía y arte

Desde el mismo momento de su aparición, la polémica sobre si la fotografía es un arte acompañó al nuevo medio a lo largo de toda su historia, hasta hoy. A la salida de aquella reunión en la que la Academia de las Artes francesa decidió comprar los derechos a Daguerre, el artista  Paul Delaroche declaraba: “desde hoy, la pintura puede considerarse muerta”.

El arte está presente en la fotografía desde sus primeras manifestaciones, pero la reivindicación de que se considerase a la fotografía como una nueva manifestación artística a la altura de la pintura, el grabado o la escultura, llegaría con la aparición de la corriente fotográfica conocida como pictorialismo.

Los fotógrafos querían emular el arte de los pintores pero al mismo tiempo, sin proponérselo, influyeron en ese mismo arte al permitirle liberarse definitivamente de la obsesión realista y arriesgarse a nuevas experiencias estéticas. Esa liberación de las manos del artista de las imposiciones que exigía el proceso de reproducción realista de imágenes permitió a la pintura iniciar nuevos caminos de búsqueda, con hallazgos revolucionarios, del cubismo a la abstracción (más adelante la fotografía también intentaría crear universos paralelos a la pintura con expresiones cubistas y abstractas).

Fotografía y arte mantuvieron una enriquecedora interacción desde los orígenes de la fotografía, ejemplarizada en la obra de Degas, un pintor ya encumbrado, que sucumbió a los encantos de la nueva técnica en algunas de sus obras, como “Place de la Concorde”, influidas por la composición fotográfica.

El pictorialismo promovió el reconocimiento de la fotografía como un arte y reivindicó para ella una consideración similar a la que gozaban la pintura o la escultura. No todos los artistas pensaban lo mismo: en 1862 una veintena de pintores, entre los cuales estaba Ingres, firmaron en París un manifiesto protestando contra la asimilación de la fotografía al arte. Consideraban que, en todo caso, el nuevo invento debía servir para divulgar las obras de los grandes artistas pero negaban a la fotografía las propiedades del arte, una teoría que había sido adelantada en 1859 por Baudelaire según la cual el verdadero deber de la fotografía era el de ser una muy humilde sirvienta de las ciencias y de las artes. En Francia, ya en 1859, el gobierno había autorizado la creación de una sección de fotografía en el Salón de Pintura, Escultura y Grabado de París para exponer fotos como si fueran obras de arte, una iniciativa que había provocado el rechazo de los puristas.

Ciertamente, en las raíces de la fotografía está la influencia de la pintura: fueron los artistas del Renacimiento quienes habían descubierto para el arte la cámara oscura, mientras que la fotografía adoptó la ‘perspectiva artificialis’ de los renacentistas para enfocar sus objetivos. Además, los primeros fotógrafos eran artistas, comenzando por Niépce, en sus orígenes un grabador, y desde el principio, muchos fotógrafos, como André Giroux, Charles Negre, Édouard-Denis Baldus y Henri Le Secq, coloreaban sus fotografías para crear efectos artísticos, subrayando así que la fotografía constituía una extensión de la pintura.

Durieu odalisca
Durieu: modelo para la Odalisca de Delacroix

Otros artistas como William Powell Frith se servían de las fotografías de eventos para pintar sus cuadros, como las carreras de caballos del Derby Day que encargó al fotógrafo Robert Howlett. Eugène Courbet y Delacroix también utilizaron las fotografías para pintar algunas de sus obras, como “Desnudo femenino sentado en un diván” (1854), tomado por el fotógrafo Eugène Durieu para que sirviera de modelo para la famosa “Odalisca” de Delacroix.

El fotógrafo René Grenier retrató modelos de Toulouse-Lautrec, como Carmen Gaudin y Hélène Vary, para que el pintor las trasladase a sus cuadros. Además, con el pictorialismo se trataba de contrarrestar la opinión crítica que ponía su acento en la cualidad mecánica de la fotografía. Para desterrar este concepto los fotógrafos pictorialistas influían conscientemente sobre el resultado de las fotografías.

A quienes perjudicó el nuevo medio fue a los pintores retratistas, sobre todo a los artesanos. Algunos tuvieron que cambiar su profesión o dedicarse a la fotografía cuando se desarrolló el nuevo invento.

Muchos de los grandes fotógrafos procedían del campo de la pintura: David Octavius Hill, Mathew B. Brady, Robert Fenton, Corot, Delacroix, Millet, Ingres, Courbet… El pictorialismo dio también una nueva dimensión a la fotografía paisajística, en la que introducía un tratamiento impresionista que creaba en este género una nueva atmósfera a través de la utilización de dos o más negativos a cuyo resultado se añadían retoques.

Al mismo tiempo, en los primeros años, el tratamiento complejo en el proceso del positivado de cada fotografía la convertía en una obra única y por tanto irreproducible, como exigían los puristas.

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Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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